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Los orígenes del Naftismo: de la tutela de Setién a la Copa África «de papá»

por Denís Iglesias 24 octubre, 2020
Nafti pasando revista a las tropas

El editor de esta web recomienda que no utilicemos de nuevo la palabra «Nafti» como frase clave objetivo. Cosas del SEO. No de Fernando, sino del Search Engine Optimization. El posicionamiento. Lo de ser visibles en Internet, que te encuentren rápido para tener más visitas. Todo esto lo explicaría mucho mejor Sergio Castelo. Por eso hemos decidido apostar por Naftismo como término clave de este artículo. Por lo que en las siguientes líneas leerás varias veces esta palabra, por ahora inventada. Pero cuando el rendimiento del entrenador francotunecino se convierta en ideología, Lugoslavia tendrá el primer resultado en Google sobre la misma.

La ilustración que encabeza este artículo es de Pablo del Valle (@pablo_dvp), autor de #JuanfranBarberShop y #NaftiBarberShop. Sólo permitida su reproducción bajo cita del autor y del medio.

¿Qué es el Naftismo? Pues a día de hoy un plan de aspiraciones construido sobre la esperanza de los primeros partidos de Mehdi Nafti en el CD Lugo. Un lavado de cara que invita al optimismo en una ciudad amurallada tendiente a a la depresión. ¿Existía ya el Naftismo? Por supuesto. Sólo hace falta repasar la carrera como jugador del técnico albivermello para saber que detrás de su figura hay un modo de ser y jugar preparado para el -ismo. Pero no es una afirmación maniquea sobre lo bueno o malo, sino sobre su personal forma de ser.

Para entender el Naftismo hay que viajar hasta Tolouse, la capital de Occitania, región con una personalidad marcada que se ubica en el sur de Francia. Una ciudad acogedora para muchos y en diferentes épocas. Hace 80 años más de 20.000 españoles tuvieron que exiliarse allí huyendo de la Guerra Civil. Después fue el hogar desde el que se construyeron muchos sueños migrantes. Como los del propio Mehdi Nafti, hijo de un tunecino y una marroquí. Él, técnico del ayuntamiento de Tolouse. Ella, secretaria hasta que la explosión de la petroquímica AZF en 2001, cerca de la casa de los Nafti, le obligó a dejar su actividad laboral, según contaba en El País Lino Javier en un artículo de 2004.

Nafti jugó al fútbol desde que tuvo uso de razón pero no siempre lo hizo de mediocentro. Empezó en el local AST Lardenne de portero. Después, en otro equipo de Tolouse, el Fontaines, jugó de delantero. Hasta que en la cantera del Tolouse FC descubrieron su verdadera vocación en el centro del campo. Guy Lacombe le hizo debutar en la primera francesa el 22 de agosto de 1998. En casa, ante el Mónaco de Barthez, Henry o David Trezeguet. Menos de un mes antes se habían proclamado campeones del Mundo tras tumbar 3-0 a Brasil. Poca cosa. A Nafti le dio bastante igual. Salió en lugar de Preget en el minuto 71. Lo hizo con un inusitado ímpetu. Característica que no perdería en su carrera futbolística.

Recuerdo pixelado de Nafti (centro), al poco de debutar con el Tolouse.

En una entrevista con Ayer te vi que subías recordaba como al poco de salir le dio una patada a Henry fuera de todo contexto. Lejos de alterarse, el delantero le puso la excusa en la boca. «No pasa nada, ya irás aprendiendo». Lección de veterano a pupilo entre dos jugadores que tenían prácticamente la misma edad. Tardó en aprender. Dos partidos después fue expulsado en el Tolouse 2 – 3 Nantes tras estar apenas ocho minutos en el campo. La bronca de Lacombe debió escucharse en toda la ciudad. Aquella temporada fue nefasta para el Téfécé, que descendió a Ligue 2 tras quedar último. Nafti no tuvo la continuidad que esperaba y en agosto de 2000 decidió dar un golpe de efecto a su carrera.

«Chico, ¿tú sabes jugar de central?»

El Racing de Santander le echó el guante. Lo que después sería una próspera aventura en el filial se inició con otro estreno de época. Andoni Goikoetxea, entrenador racinguista, le preguntó si había jugado alguna vez como central. La respuesta de Nafti fue el silencio. Comprimido con un aliento de miedo. Nada más llegar y ya estaban depositando sobre él una responsabilidad inédita. «Pues vas a tener que aprender. Prepárate». El vasco no iba a aceptar un ‘no’ por respuesta. Las bajas obligaban a improvisar una solución. «¿Cóntra quién jugamos?», preguntó con ingenuidad el hoy entrenador albivermello. «Jugamos en Barcelona», le respondió un compañero, intentando jugar al despiste con el recién llegado.

Todavía resuenan los ronquidos del ruso Beschastnykh en la noche previa al debut de Nafti frente al FC Barcelona

Nafti durmió muy poco esa semana. De ahí que ya tenía la costumbre recuperada en la semana en la que fichó por el CD Lugo. En la que confesó haber dormido sólo 18 horas. En total. Una cantidad semejante al descanso que acumuló en los días previos a su debut en el Camp Nou frente al FC Barcelona de Van Gaal. Tampoco contribuyó al descanso su compañero de habitación, el ruso Beschastnykh, un portavoz de ronquidos profundos. Nafti jugó todo el partido con el sueco Olof Mellberg como pareja en la zaga. El partido terminó 3-1 pero no resultó un estropicio. Tal es así que el mediocentro centralizado repitió en las dos siguientes jornadas, en el Sardinero ante el Real Madrid (al que le metió en 2003 uno de sus pocos goles tras un rechace de Rubén) y en Son Moix frente al RCD Mallorca de Eto’o.

Tras esta experiencia en Primera, Nafti se integró en la dinámica del filial racinguista, que por aquel entonces militaba en Segunda B, categoría hoy del primer equipo cántabro. Demasiados cambios para un jugador que ya había vivido los vaivenes del fútbol profesional en el Tolouse. Nafti sintió vértigo. No quería estancarse en el limbo que muchas veces supone un conjunto canterano. Su padre le dijo: «Aguanta, ten paciencia». Cazó al vuelo el mensaje y lo hizo palabra de ley. Cerró los puños. Tiró hacia delante en el Racing B, entrenado primeramente por Pachín y después por el fallecido Manolo Preciado, al que Nafti siempre consideró un padre. Mismo estatus que le otorga a Nando Yosu, eterno salvador racinguista. Fue un annus horribilis para la entidad. Descendieron tanto el primer equipo como el filial. «Sé que suena duro decirlo, pero eso me benefició».

Setién dándole una instrucción a Nafti durante su etapa en el Racing de Santander.

En Segunda División, Nafti se convirtió en un fijo del Racing que consiguió regresar a la máxima categoría en sólo una temporada. Y lo hizo gracias a Quique Setién, reemplazo en el cargo del paraguayo Benítez, quien duró en el cargo apenas siete jornadas. Aunque la memoria de algunos no funciona hasta que los hechos le tocan de cerca, el técnico cántabro, antes de Lugo, tenía un ascenso en su haber. Retorno trabajado en su primera experiencia en los banquillos. De aquella temporada 2001/2002, Nafti guarda muy buenos recuerdos. «Setién me enseñó el oficio de mediocentro», ha dicho en más de una ocasión, por lo que el Naftismo tiene origen en el Setienismo.

Aquel primitivo Quique era diferente al actual. Con muchas aristas que fue puliendo con la experiencia. Pero tenía igual gusto por el balón. La idea fundacional de su estilo. Junto a la idea de inculcar a sus jugadores que son mucho mejores de lo que creen. Que tienen virtudes escondidas por ejercicios encorsetados o autolimitaciones. Aquel Racing de Santander terminó en segunda posición, con 71 puntos, sólo superado por el Atlético de Madrid, obligadísimo a abandonar en el infierno en el año 2000.

Nafti estuvo en el Racing de Piterman, del que siempre habló bien como persona a pesar de sus excentricidades

Con este ascenso, la entidad racinguista inauguró su última etapa en Primera División, la categoría en la que ha pasado más temporadas en sus 107 años de historia. De 2002 a 2004 Nafti fue un fijo en los esquemas de los diferentes entrenadores que ocuparon el banquillo del Sardinero. Véase el ya citado Manolo Preciado, Chuchi Cos, Nando Yosu y Lucas Alcaraz. En medio de estas dos temporadas se hizo con la propiedad de la SAD el ínclito Dmitri Piterman. Nafti hablaba bien de él como persona. Siempre dijo que era un buen tipo a pesar de sus excentricidades. El punto justo del Naftismo. Quizás ahora seas capaz de asociar el nombre de Chuchi Cos con el de este polémico dirigente. Era el testaferro del ruso en el campo y en todos sus proyectos (Palamós, Alavés…). Para hablar del truculento devenir racinguista hay más y mejores voces.

Sin embargo, en las filas de Lugoslavia, milita un portavoz del recuerdo racinguista. No es otro que Pablo del Valle, ilustrador de este medio y confeso seguidor del conjunto cántabro, tal y como atestiguan los pósters de su habitación que figuran en este artículo. Pablo tiene un fluido recuerdo de Nafti como un jugador que no hacía mucho ruído, que tampoco fue ídolo que cuya ausencia sí se notaba cuando faltaba. Un mediocentro hacía el trabajo sucio en un Racing muy racializado. Con Bodipo; el clan de los israelís: Benayoun, Afek, Bakhar y después Aouate; o Regragui, un marroquí que no llegó a cuajar que pero que fue avalado por Nafti tras jugar contra el la final de la Copa África de 2004, el culmen de su carrera y base importante del Naftismo.

Pósters inspiradores que algún día ilustrará Pablo del Valle.

«Ojalá juegues la final de la Copa África», clave del Naftismo

Pocos relatos deportivos con tantos alicientes. Cosas del Naftismo. Hijo de un tunecino y una marroquí. Dos selecciones que se enfrentaron en la final de un torneo que organizó la propia Túnez. El recuerdo de aquella epopeya contada por el hoy entrenador del CD Lugo no puede ser más ilustrativa. El fútbol en África se vive en unos niveles difíciles de describir en Europa. La selección dirigida por el francés Roger Lemerre tuvo que aislarse en su propio país. Algún jugador hizo fortuna ganándole dinero a sus compañeros con la PlayStation, el único ocio consentido durante aquellas fechas.

Nafti sufrió la peor de las desgracias de un futbolista: se lesionó en la final. Sólo disputó una parte, pero suficiente para cumplir con el deseo de su padre. «Ojalá algún día juegues tú la final», le inquirió como responsabilidad en 1996 desde el sofá mientras veían juntos el Sudáfrica 2 – 0 Túnez que también se llevó el anfitrión de aquella edición. Por eso cuando llegó a su casa de Las Pradettes, lo primero que dijo fue: «Papá, toma la Copa». Fue de lo poco que él y sus compañeros pudieron salvar tras el asalto que se produjo después del pitido final. Una turba de aficionados consiguió acceder a los vestuarios. Se llevaron desde las medallas de algunos jugadores hasta sus calzoncillos. «Tras ganar nos robaron y mis compañeros no paraban de llorar en medio del entusiasmo».

El buen hacer del francotunecino atrajo miradas del exterior. En el verano de 2004, el Bolton quiso llevárselo pagándole ocho veces lo que ganaba en Santander. Alcaraz bloqueó su fichaje asegurándole que si hacía una buena temporada 2004/2005, él mismo se encargaría de facilitarle la salida. El ‘6’ del Racing no fue él mismo en el nuevo curso. Eso también es Naftismo. Su cabeza estaba en otro sitio, con la oferta desperdiciada vapuleando su conciencia. La situación no era beneficiosa ni para el equipo ni para él. Así que a mitad de temporada salió cedido al Birmingham con opción de compra. Otro club de Premier, aunque por debajo de aquel Bolton de Iván Campo.

Las pasó canutas en su adaptación al nuevo escenario. Llegó con el curso empezado, falto de ritmo y ante el reto de hacerse con el tempo de aquel frenético fútbol inglés. Aún así consiguió demostrar lo necesario para que los Blues ejecutasen la opción de fichaje. Todo parecía orientado. En una edad propicia como los 26 años, tenía ante sí el mayor reto de su trayectoria. Pero el destino barajó las cartas y salió una lesión durísima que le dejó K.O. en agosto de 2005. Se rompió el ligamento cruzado en un amistoso contra el Deportivo cuando brillaba en pretemporada. Una lesión que le obligaría a perderse toda la temporada. Y en menudo momento, un año de Mundial, el de 2006 que acogió Alemania.

Lemerre decidió convocar a Nafti con Túnez para jugar el Mundial 2006 a pesar de que se pasó todo el año lesionado

Roger Lemerre repitió como seleccionador en aquella cita. Puede que tuviera una espina clavada por la final de la Copa África 2004 y por los servicios prestados… Así, a pesar de disputar un único encuentro en toda la campaña 2005/2006, decidió convocar a Nafti, que cumplió el sueño de estar en una cita mundialista. Refuerzo del Naftismo. El mediocentro francotunecino participó en los tres partidos de la fase de grupos contra Arabia Saudí (2-2), España (1-3) y Ucrania (0-1). Algo que suscitó críticas por parte de los aficionados tunecinos, que pusieron el dedo en su inactividad durante el curso. Túnez quedó eliminada a las primeras de cambio tras sumar un único punto.

De vuelta a Inglaterra, consiguió, como ocurrió con el Racing, subir con el Birmingham a Premier. La alegría duró poco y al año siguiente el equipo de los Midlands volvió a perder la categoría. Nafti nunca logró encontrar del todo su sitio. Tras una breve experiencia en el Aris de Salónica griego, con el que jugó en competiciones europeas, decidió regresar en 2011 a España para fichar por el Real Valladolid, equipo en aquellas fechas de Segunda División. Defendió dos cursos la elástica pucelana. En 2012 se fue al sur para incorporarse a la disciplina del Real Murcia. Como jugador pimentonero se enfrentó al CD Lugo de Quique Setién con resultado de doble derrota.

Mehdi Nafti, en su etapa de jugador como el Birmingham.

Bordalás: «Moro de mierda»

Nafti siempre había sido un «jugador perro», como él se ha definido en más de una vez. Contundente, poco tendiente a las contemplaciones y protestón. Atributos que fue puliendo con el paso de los años y los palos. Sin embargo, hay cosas que no cambian. Ni en el 2000 ni en el 2020 ni en el 2012, cuando su nombre apareció en el Informe Raxen, elaborado por el Movimiento contra la Intolerancia, que recoge expresiones de racismo y xenofobia. En concreto, en un epígrafe denominado «Intolerancia en el fútbol» que reproducimos de modo íntegro por su claridad. Versa sobre lo acontecido en un Alcorcón – Murcia de la jornada 12 de la 2012/2013, otro capítulo a tener en cuenta en el Naftismo.

"El entrenador argentino del Real Murcia, Gustavo Siviero, declaró,
tras la derrota frente al Alcorcón, que el club murciano tenía 'pensado denunciar' al técnico alcorconero José Bordalás por 'insultos racistas' hacía su jugador Mehdi Nafti, de origen franco-tunecino. 'El club tiene
pensado denunciar a Bordalás porque en el túnel de vestuarios insultó de manera desafortunada a Nafti sobre su país de origen y condición de extranjero', al llamarle 'moro de mierda'. Posteriormente, la situación entre Bordalás y Nafti dio un giro total. Bordalás dijo que él no se había dirigido al franco-tunecino en esos términos, pero los hechos le quitaban la razón y confirmaban que no dijo la verdad: 'Anoche me llamó Bordalás para pedirme disculpas por lo sucedido. Después de la conversación he decidido no ir más lejos y no denunciarle'. Nafti había comunicado al club su deseo de poner una denuncia contra el técnico por racismo: 'Antes que entrenador hay que ser educador. Me molestó mucho lo que me dijo. En Inglaterra vas a la cárcel por eso”.

La tutela de Setién y el antagonismo con Bordalás le habrían hecho suficiente merecedor de un puesto en el CD Lugo. Y más de aquel Bordalás que, ya reconvertido en estrella gafapástica, tenía un equipo de autor de jugadores con aspiraciones penales (en el campo). Pero sería un jugador con el que coincidió en la temporada siguiente (la de su retirada: 2013/2014) en el Cádiz el que actuó como prescriptor en su fichaje por la entidad albivermella. No es otro que Josete Malagón, central del equipo lucense durante tres temporadas y con el que coincidió en el vestuario amarillo. Como el Naftismo, otro jugador digno de corriente propia.

Esta es, a grosso modo, a pesar del torrente de caracteres, la biografía del Nafti jugador. Una carrera forjada a base de trabajo logístico, como stopper concienzudo para que el resto de compañeros pudiera dedicarse a labores más vistosas. Antirracista, defensor de sus raíces, respetuoso con los padres que abrieron su camino en Europa. Orgulloso, replicante y con un semblante que no ha cambiando ni un ápice. Un repertorio gestual que va desde la seriedad absoluta hasta la sonrisa tímida de una persona que se define como muy sentimental. Algo que se puede corroborar: sólo alguien como él se toma con tanta seriedad las victorias como las derrotas y sus consecuencias.

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