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Visite CD Lugo: La trituradora

por Borja García Varela 30 junio, 2020

En una trituradora que procesa todo lo que le tiren se ha convertido nuestro CD Lugo. Un Lugo que no necesita carta, que engulle sin remordimiento cargos de cualquier variedad sin importar rango, sueldo, antigüedad y simpatía (o animadversión, esto ya es subjetivo). Los devora cada vez con más ansia, en apenas dos bocados, con los carrillos a rebosar y con esa repugnante gotilla de grasa sobresaliendo por la comisura de los labios que avanza lenta e irremediablemente hacia su metamorfosis: convertirse en un lamparón brillante y amarillento en una camisa blanca planchada cada vez con menos cariño. Tritura sin pensar, con afán desmedido, con más inmediatez y más prisas.

Menús largos con muchos platos cortos. Gustan que abunden los entrenadores, con algún director deportivo por el medio -que siempre dan un toque potentorro cuando los muerdes, sabes que hay nivel si aparece alguno-. Además, si van aderezados con jugadores y jefes de prensa por el medio (que efectivamente así van) la velada alcanza niveles de éxtasis gorrino inenarrables. ¡Orgasmos en el paladar que ni en ABaC o en DiverXO! ¡Qué opulencia! ¡Vente Javier, verás qué bueno está esto!

Vuelta y vuelta

“Un entrenador más al punto, por favor, no me lo pase mucho…”, diría la trituradora CD Lugo, “…que me he quedado sin él y necesito otro más”. Sí, otro más que se unirá a la lista de los atragantados. De esos que se bajan con pan para que no hagan bola y se tratan de digerir con un trozo de tarta helada, un par de chupitos de licor de hierbas y cuatro o cinco gintonics -porque nos han colado que todo ese ritual hace que la carne sin hacer y engullida, siente como un puré de calabacín-. Eso sí, pasadas tres horas con el hartazgo todavía en el esófago y después de un paseo de veinte minutos para engañarse, nuestra trituradora se tomará un buen lingotazo de sal de frutas, dirá que sabe muy bien y echará un eructo nauseabundo que retumbará en toda la casa. Se acabó el malestar, se acabó el remordimiento.

Asquerosa realidad

Llegará otro entrenador más (el que sea, qué más da) y entrará en el Mesón CD Lugo -por la puerta de cocinas- y jugará una final contra un Numancia tan necesitado como nosotros. Sin saber cómo se llaman los jugadores -más allá de Pita y Seoane, claro-, sin saber cómo ni a qué jugar; ni con quién. A lo mejor sí que sabe contra quién.

Pero no es su culpa. El míster llegará con la intención de hacerlo lo mejor posible, con un contrato hasta final de temporada y con opción a otra si la cosa sale bien y, en unos meses, servilleta, pan, tarta helada, licor de hierbas, gintonic, paseíto de veinte minutos, sal de frutas, eructo y a por el siguiente.

Bon apetit, trituradora, quién pudiera comer tranquilo.

Foto: Google.

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