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Múltiplo de 24

por Denís Iglesias 5 mayo, 2017
Iriome González

En el Anxo Carro somos protestantes. O quizás musulmanes. Lo de los ídolos no son lo nuestro. Por el verde de las orillas del Miño han pasado demasiados jugadores como para tener fijación por alguno. Nuestros mitos más recientes son Manu y Carlos Pita, aclamados por su continuidad. Por estar tantos años en un frente que a pocos le apetece defender más de una temporada. Ellos son los resistentes de un ideal que pervive por la jornada gloriosa del Carranza. Un día donde la historia del club cambió para siempre.

Esta es la primera fila del escaparate. Prendas de verano-invierno hasta temporada, en la que han encontrado un relevo. Bien forzado o natural (Leuko o Kravets en el caso de Manu; Sergio Gil o Damià en el de Pita). En la segunda fila, las ropas de entretiempo, que llevan casi tanto tiempo en el almacén. A las que uno recurre cuando no sabe qué ponerse. Es el caso de Iriome, un muchacho de Icod de los Vinos que llegó a Lugo en 2014 y que se ha convertido en un jugador centenario con la camiseta rojiblanca.

El extremo se ha asentado en Lugo en lo personal. Su hijo protagoniza una de las instantáneas más auténticas que ha sacado Lugoslavia. Un querubín convertido en patrón que reclama una decisión del árbitro. O reclama a Papá un mal centro. Pero sin duda, es parte del núcleo joven del estadio lucense. Iriome también se ha convertido en un lucense a todos los efectos. No es extraño verle conversar con los aficionados. Tampoco es difícil que esté dando un paseo por la ciudad. Eso sí, sin perder el atlántico acento que caracteriza a todos los canarios. Perdón, tinerfeños, en su caso.

Iriome Jr. | Foto: CD Lugo.

En el campo, su rendimiento en las dos primeras temporadas fue impecable. Decisivo, si uno es estricto. Superó la treintena de partidos y anotó tres y cinco goles (respectivamente en la 2014/2015 y en la 2015/2016). Esta temporada se convirtió en centenario con la camiseta rojiblanca. Para celebrarlo sorteó varias prendas del CD Lugo, para hacer partícipe a la afición del suceso. “El día que me vaya de aquí tendré que agradecerles a todos el trato que me han dado”, es una de las frases que más repite en su entorno “Iiiii-riiii-ooo-meeee”, como entona la megafonía del Anxo Carro en un silabeo estimulante.

Su envergadura le convierte en un extremo atípico. No es el típico ratonero que se cuela entre las piernas del rival. De hecho, su complexión invita a pensar en un jugador diferente. Más como un delantero buque o como un jugador que sirva a las tareas del cuerpo a cuerpo. Con todo, su entereza en los apoyos defensivos y una digna contribución ofensiva le permitió superar en temporadas anteriores a otros contendientes en la banda. Esto le valió en noviembre de 2015 firmar una renovación por tres temporadas, una de las más longevas que se recuerdan.

Izquieda, derecha, izquierda…

Este año, la regla del dorsal 24 ha cambiado. Luis César ha optado por esquemas llenos de cambios. Como si de Kasparov se tratase, ha ido moviendo sus piezas a tumbos y a tientas. El propio Iriome se ha visto afectado por este rodillo. Inició la temporada como suplente, por detrás de un Igor Martínez que al fin se ha liberado del exorcismo de su pie derecho. Todavía hoy, nadie alcanza a saber a ciencia cierta qué pasó con el jugador alavés. Esta baja no supuso la consolidación del tinerfeño. Luis César ha probado este año con Campillo en banda derecha. Incluso ha probado trueques de banda. Frente al Córdoba, Mirandés y Real Oviedo, el de Icod de los Vinos jugó a banda cambiada, por el flanco zurdo. Curiosamente, estos tres partidos se saldaron con victoria lucense.

Iriome ha sacrificado parte de sus virtudes en los esquemas de Luis César

Sin embargo, esta alternancia ha derramado la regularidad que caracterizó a Iriome en años anteriores. La volatilidad del esquema de Luis César ha sembrado las dudas en jugadores como él, que en ocasiones no saben si centrar, prolongar o internarse. La preeminencia de una figura como Campillo en la mediapunta o el juego de arietes entre Caballero y Joselu le ha sacado aún más de sus casillas habituales. Una de las principales virtudes del extremo canario es su capacidad para romper en diagonales, virtud que amplifica con su apoyo continúo al lateral con el que hace pareja. A estos picos en el diafragma se les une la menor punta de velocidad.

Sin embargo, en su menú del día sigue un trabajo exhaustivo, hasta el límite de sus posibilidades, y una buena salida en el juego aéreo. Dulce perspectiva frente a los avinagrados unos contra uno con los que se está encontrando esta temporada. “Me falta coger confianza, tengo ganas de marcar”, dijo en la rueda de prensa previa al reencuentro con el equipo que le forjó como jugador, el Tenerife. Diagnóstico escueto pero acertado. Iriome no ha anotado un sólo gol esta temporada. Frente al Girona dispuso de una de las oportunidades más claras. Tiene el aliento de la inoperancia en la nuca, del que sólo podrá liberarse metiendo la patita de modo preciso.

Para Iriome, jugar en Tenerife es como jugar en casa. Jugadores como Sergio Gil ofrecieron en la tierra en la que no fueron profeta su mejor versión y ello propició su remontada. “Queda mucho todavía, no es el momento de bajar los brazos”, concluía Iriome en su comparecencia. Siempre tranquila, honesta, con un tono calmado. Pero tras la que se esconde un mar de ansiedad. El triunfo del Lugo es múltiplo ‘del 24’. La operación permanencia, promoción o lo que sea, necesitan contener ese factor tinerfeño.

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