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César Augusto

por Denís Iglesias 12 diciembre, 2016

Luis César Sampedro tiene uno de los rostros más pétreos del fútbol español. Apenas acompasa sus palabras con gestos que las maticen. Comparece no pocas veces con una postura agarrotada, casi de defensa ante cualquier pregunta incómoda, si es que la hubiera. Su forma de hablar refleja esa misma tensión, no con palabras molestas o un tono alterado, pero sí con la necesidad de elaborar siempre un discurso sincero y directo.

Se nota a leguas cuando habla de fallos y cuando se refiere a aciertos. Los últimos los comenta con la fluidez de Demóstenes, los primeros se atragantan con miradas al vacío y pequeñas interrupciones. Este domingo, con un par de minutos, había despachado su análisis posterior a la victoria contra el Numancia. Todo lo imaginado había funcionado. “Fuimos un buen equipo a balón parado y bueno contragolpeando. La victoria fue justa”, resumió Luis César, que dio una lección táctica a Jagoba Arrasate.

La segunda mitad del CD Lugo fue para enmarcar, para guardar y reproducir en los malos momentos. Un derroche de verticalidad y efectividad que fue posible gracias al cambio de esquema y de jugadores que asumió el entrenador de Vilagarcía. Atrás, Leuko demostró su polivalencia para actuar, esta vez, por la banda izquierda. Una demarcación que parecía patronato exclusivo de Manu, capitán sumido cada vez más en la irregularidad.

¿Fede Vico puede ser el recambio de Pedraza?

El lateral camerunés ya había ejercido en el flanco derecho la jornada anterior, ante el UCAM Murcia. Acumula minutos de prestigio y aporta al equipo tanto en la parcela ofensiva como la defensiva cosas nuevas. Durante la pretemporada había formado una esperanzadora pareja con Iriome, que no pasa su mejor momento. Demostró conjuntarse a la perfección con Pedraza. No fue el mejor partido del cordobés, pero es que lleva rayando a un nivel altísimo en lo que va de curso. Este buen hacer ha suscitado el interés del Villarreal por repescarlo para, quizás, cederlo a otro equipo (de la Premier), según informa Marca. La incorporación de Fede Vico podría ser un airbag ante una hipotética eyección. Enguene y Yelko Pino también parecen estar en la rampa de salida. Otros veteranos como Dealbert, quizás busquen cobijo en otros lares. Queda mucho por cerrar.

Luis César también supo dar un giro de timón en el eje de la zaga, la zona más sensible del CD Lugo. Cuando todos los focos apuntaban a un errático Djaló, destartalado en la primera parte en la salida de balón, el técnico tocó la tecla contraria. Retiró a Ignasi Miquel, el mejor central del equipo hasta el momento, que vivió uno de sus días grises como jugador rojiblanco. La tarjeta amarilla que había visto en la primera parte fue un riesgo que el entrenador del club lucense no quiso dilatar. Djaló se convenció de que algo tenía que cambiar y nada más reanudarse la segunda parte desatascó el partido con un cabezazo certero. En lugar de Miquel entró Carlos Hernández, su hipotética pareja de baile, que no ha conseguido alcanzar la regularidad esperada y que necesita minutos para no desengancharse.

Y al fin llegó el 4-4-2

Pero el destape total de Luis César vino dado por el cambio de esquema. Paralizó su culto al 4-2-3-1 e introdujo a Caballero en punta de ataque, con una incómoda comadreja por detrás. Joselu hizo las veces de Campillo y éste se escurrió hacia la banda. El mediapunta madrileño tardó un tiempo en adaptarse a la nueva situación. Demostró que con el balón en los pies es, de modo irrefutable, el jugador con la técnica más depurada del equipo. Con un poco más de esfuerzo defensivo y movilidad arriba, será imparable. Mientras Campillo se aclimataba, Jordi Calavera elaboró su propio método para enfrentarse al mundo. Se mostró camaleónico y obró como lateral, extremo, zapador, brigadier, delegado… Hubiera asumido cualquier función con naturalidad.

Caballero volvió a ilusionar y a ilusionarse tras en una temporada que hasta este domingo había sido un auténtico sinsabor. No anotó. Ni falta que hizo. Desmembró a la pareja de centrales con sus movimientos. Corrió más que nadie para abrir espacios posibles a un Joselu que las mete de todos los colores. El flaco tampoco escatimó esfuerzos atrás, convirtiéndose en una torre de vigilancia. El juego aéreo sólo tuvo un color y fue gracias a su sucesión de brincos y embates. La pubalgia es ya un episodio pasado y el Coco Perea parece relegado al ostracismo, definitivamente. Por cierto, Mario Barco volvió a mojar en el Pontevedra y ya van 10. Aviso a navegantes y a futuras salidas.

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