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Don Juan Tenorio y un manual del texto didáctico. Crónica escolar del CD Lugo-Rayo Vallecano

por José Ricardo Carrete Montaña 5 noviembre, 2019

Disculpará el lector si este cronista se toma la osadía de hablar de sí mismo y utilizar una crónica futbolística como material para la docencia que lleva a la práctica en la Educación Secundaria, pero al mismo tiempo es una tipología textual que servirá bien para mi propósito de contar lo sucedido en este partido con un punto de vista personal.

Dice el eterno libro de texto que los mensajes didácticos se caracterizan por tener la intención de transmitir reflexiones y pensamientos del emisor al receptor. Sirva como mi alegato inicial el siguiente: ver este partido fue como leer Don Juan Tenorio pues sólo los hados del destino saben cómo el planteamiento rácano de Eloy Jiménez llegó a buen puerto al igual que Don Juan pudo salvarse después de una vida llena de tropelías y excesos. Don Juan y Eloy son personajes marcados por un destino peculiar y será mi misión desentrañarlos un poco más en estas líneas.

Dice también el manual que en un texto didáctico debe haber una presencia del emisor a través de la primera persona. Así lo hace siempre Eloy y cada tweet en la cuenta oficial del CD Lugo es el inicio de una serie de especulaciones de gran profundidad para saber con qué formación sale el técnico de Hellín. En la nota de oficial de prensa formaba con un 4231 que nadie se creyó y todos apostamos por un 433 y un 4141 sin el más mínimo acierto. Recuerda esto a los pasajes en que Don Juan Tenorio habla y no tiene reparo de contar quién será la próxima mujer seducida o el siguiente noble engañado. Estamos ante maestros en el arte de hacerse notar con sus hechos y palabras, y no hay receptor que les siga el juego con facilidad. Por su parte, el Rayo Vallecano formó con un 4141.

El partido empezó tranquilo con tímidos acercamientos en sendas áreas, un córner en el 4’ para los visitantes y dos disparos lejanos en el bando local. Los de Vallecas pronto vieron las urgencias que había en el Anxo Carro y se hicieron con el dominio del choque, que fue un monólogo de acercamientos visitantes. En un texto didáctico debemos establecer una argumentación y la nuestra será decir que el Lugo se echó miserablemente atrás esperando un milagro y el Rayo Vallecano movió con mucha facilidad el balón cual Don Juan Tenorio soltando versos ardientes para conquistar los corazones de las damas. El partido tenía toda la pinta de una goleada cómoda para los de Paco Jémez….

Pero recordemos que Eloy es como Don Juan y sobrevive, aunque parezca muerto. En los minutos finales de la primera parte Campabadal se lanza en plancha dentro de su área y derriba a Álvaro obligando al árbitro a pitar lo que en vivo ya se vio como un penalti de libro a favor del Rayo. Sin embargo, Cantero sacó con el pie el lanzamiento por el centro de Embarba. Nos íbamos todos al descanso dando gracias a los hados de que el partido estaba empatado y que no se perdía por goleada en medio del abrumador dominio visitante. No hemos rescatado ninguna ocasión porque, sinceramente, no las hubo. El Lugo defendió como pudo y los de Vallecas no tenían el día de marcar. Tostón infumable en medio de la lluvia y el frío que reinaron en el cielo lucense.

La segunda parte se inició con la misma argumentación didáctica por parte de ambos entrenadores, Paco Jémez dispuesto a atacar a toda costa y Eloy Jiménez soñando con hacer bueno el punto. Este cronista que les escribe también tenía su punto de vista, que levemente iba pasando de la observación activa al sueño. Me despertó el cartel del cambio para anunciar la entrada al campo de uno de mis jugadores fetiche, Gerard Valentín, al que quien me conoce sabe que aborrezco por su escasa durabilidad en el campo. No podía ser de otra forma y el lateral saldría en el minuto 67 tras haber aguantado solo 22 minutos de una pieza. Se preguntarán ustedes a qué viene este inciso: simplemente es lo único que pude anotar reseñable entre la vuelta del descanso y el minuto 69.

El inicio del gol local me pilló dormitando por el terrible juego visto. El balón llegó a Yanis tras un robo defensivo de Djaló y con un gran pase en profundidad superó a una defensa que estaba tan dormida como yo y que solo pudo ver cómo Cristian Herrera superaba magistralmente a Dimitrievski con una vaselina floja de potencia pero bien colocada. El Lugo iba ganando sin que nadie se pudiese explicar cómo ni por qué. Un penalti fallado por el rival, ahora el gol totalmente en contra del flujo del partido, en ese momento comprendí la moraleja del partido, el Lugo tenía la suerte de cara y daba igual lo que el Rayo intentase para empatar, pues sería inútil. La gente sufrió agónicamente en la grada, pero yo estaba imbuido por el espíritu del Tenorio: todo iba a salir bien y no me inmuté ni con el tiro al palo en el descuento ni con una buena parada a bocajarro por parte del portero visitante tras remate de cabeza de Barreiro, que había entrado por Tete.

Un texto didáctico debe terminar con una moraleja o con una conclusión que el autor obtiene de su exposición. Eloy Jiménez dijo en rueda de prensa que había sido una victoria conseguida sabiendo sufrir y esperando la oportunidad, Paco Jémez dijo literalmente que el fútbol había sido un hijo de puta con su equipo, este cronista twiteó que el Lugo había ganado activando el modo Dios y una barrera mágica en su portería que nadie podría superar. ¿Don Juan Tenorio? Creo que habría sido el más inteligente de los cuatro y no hubiese aguantado en el estadio durante los 90 minutos, encontrando muchas cosas mejores que hacer en lugar de tragarse este tostón infumable. Pero bueno, un texto didáctico no es más que la transmisión de una reflexión personal y quizás el Tenorio hubiese tenido una forma más efectiva de sacar los tres puntos tirando de su célebre ingenio…

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