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Luis Muñoz, ‘el nieto de Mari’, un central extraordinariamente atípico

por Denís Iglesias 13 diciembre, 2017

Cae agosto en el sur. Una maleta se cierra con fuerza en el barrio de Nueva Málaga. La cremallera muerde la tela mientras se abre en el horizonte el destino de un joven jugador, Luis Muñoz (23/02/1997). Botas limpias, camisetas dobladas de modo impecable y respeto. Respeto envuelto en miedo y muchísima ambición, que ocupa más que cualquier neceser. El GPS marca casi diez horas y más de 1.000 kilómetros. Es la distancia que separa Málaga de Lugo. Su ciudad natal, en la que se ha criado como jugador y la que le servirá de oportunidad en Segunda División. Será su primera aventura fuera de casa con 20 años.

Desde entonces han pasado 18 jornadas en las que una de las perlas de la cantera malaguista ha tenido que trabajar desde la segunda fila. Llegó con el cierre del mercado encima y eso le ha impedido tener un papel protagonista en un CD Lugo que se ha mantenido fiel a la dupla formada por Ignasi Miquel y Bernardo. La salida del primero hacia, precisamente, su equipo de procedencia, ha roto una concordancia de la que puede sacar provecho. El orden natural indica que Josete, zurdo, sería el recambio de Ignasi en el eje de la zaga, a falta de que llegue un nuevo refuerzo. Pero todo es posible mientras el mercado no se cierre y más tras el perfecto baile de salón que se marcaron Josete y Luis Muñoz ante la Cultural. Una combinación inédita que dejó seca a la avanzadilla del conjunto leonés, su mejor valor en su temporada de regreso al fútbol profesional.

Mari, la abuela de Luis, siente más el CD Lugo que muchos de los lucenses

Este partido se vivió con especial atención en la casa de los Muñoz. Un hogar trabajador que se ha vestido la camiseta rojiblanca desde que se enteró que su pequeño saliría rumbo a Lugo. El mejor ejemplo es su abuela Mari, conocida en Twitter como @la_abuela_luis, más apasionada por este club que la mayoría de los lucenses. Un ejemplo de ternura con el que uno se siente identificado. Y es que si el amor por hijo es grande, el que profesa una generación previa es prácticamente indestructible. Mari visitó hace unas semanas a su nieto para presenciar el partido de Osasuna y pasar un fin de semana en tierras gallegas que reconfortó a las dos partes. Ella, como toda la saga del jugador del malacitano, ha sabido entregarse al Lugo desde el principio a pesar de que el ojito derecho de la familia acumule apenas 300 minutos.

Plantilla del Málaga juvenil que consiguió la Copa de Campeones en 2016. Luis Muñoz, en primer término.

A pesar de la falta de regularidad, Francisco ha conseguido con él, y con el resto de jugadores menos habituales, que estén prestos para actuar cuando sea preciso. No de cualquier manera, sino prácticamente con la misma intensidad que los habituales. “Él tuvo otros clubes detrás en verano. Ha sido internacional en las categorías inferiores de la selección y el año pasado debutó con el Málaga en Primera”, cuenta a Lugoslavia Alber Fenoll, quien trabaja haciendo scouting para diferentes agencias. Fue uno de los que avanzó la cesión del jugador por el CD Lugo y en su perfil de Youtube pueden verse vídeos que ayudan a entender qué tipo de central es Luis Muñoz y qué puede aportarle al equipo. De un vistazo a cualquiera le queda claro que es un jugador que va contra la variedad del central poco reflexivo. Mima el balón y trata al delantero de tú a tú incluso a la hora de sacar el balón, renegando del despeje fácil. Se asocia a la perfección con los medios para avanzar y va a cada uno de los rechaces que se puedan generar.

Del Camp Nou a los dolorosos ‘playoffs’ de Segunda B

Muñoz tuvo un debut precipitado nada más llegar. En la tercera jornada ejerció de lateral derecho en el Anxo Carro frente al Cádiz ante las ausencias de Campabadal y Serge Leuko. No fue un partido fácil para él ni para el conjunto local, que cuajó, posiblemente, su peor actuación como local de la temporada. Aún así se pudieron ver detalles de un defensa “atípico”, que Fenoll define así: “Es un central que no se suele ver. Con buena salida de balón. Tiene un buen uno contra uno y no le tiembla el pulso a la hora de desplazar el cuero”. Sería un perfil idóneo para aquel Lugo que entrenaba Quique Setién, donde su estilo innegociable obligaba a los jugadores de atrás a mimar el esférico como si fuera su hijo.

Como ha dicho el cántabro en alguna ocasión, los niños empiezan a jugar al fútbol queriendo la pelota en todo momento y cuando se hacen profesionales se les obliga a olvidarse de ella. Luis Muñoz no se ha divorciado de esas primeras intenciones, aunque ello le haya causado más de un disgusto. La pasada campaña fue una auténtica montaña rusa para él. De debutar en Primera a no conseguir el ascenso con el Atlético Malagueño a Segunda División B. Se estrenó en la máxima categoría en el peor de los escenarios: contra el Barça, en el Camp Nou y con la misión de cubrir a Neymar. Casi media hora endemoniada en la que no rehusó salir al encuentro del astro brasileño, que como cuando a un mayor le quitabas la posesión, se volvía hacia a ti de modo inquisitorial para preguntarse: “¿De dónde coño ha salido este mendrugo?”.

Fenoll recuerda sus otros cuatro partidos (dos victorias y dos derrotas), estos ya como titular, gracias a la confianza de Míchel y las bajas de Rosales y Miguel Torres: “Frente a la Real Sociedad sentó a William José (0-2). No se fue de él una sóla vez en todo el partido. Tampoco le tembló el pulso en el Bernabéu (2-1). Cierto es que cometió errores ante el Sevilla (4-2) que le pasó factura, pero si hasta Messi falla, ¿cómo no lo va a hacer él?”. A estos encuentros habría que sumarle otro contra el Granada (0-2). Esta serie le permitió aprender de centrales experimentados como Demichelis o Weligton, a los que se pegó como una lapa. Luis Muñoz no tuvo tiempo para asimilar su debut en Primera. Ni para valorarlo más de la cuenta porque en unas semanas se vio envuelto en unos playoffs de ascenso, uno de los eventos que más desgaste emocional y físico provocan.

El Atlético Malagueño perdió el ascenso en el último instante ante el Adarve

Será una eliminatoria difícil de olvidar para el Atlético Malagueño y para Luis Muñoz. El filial boquerón se paseó el año pasado en su grupo de Tercera. En el duelo de campeones con la Segoviana cayó con estrépito en La Albuera (4-0) y desperdició el 1-0 que cosechó en la ida. De repente, tocó resetear tras una temporada en la que se sumaba de tres en tres con toda la naturalidad. ¿Qué mete equilibrada aguanta semejante patada? En el segundo round, el Malagueño se jugó regresar a la categoría de bronce ante el Unión Adarve madrileño. Esta vez, la historia discurrió con un guión inverso. El filial perdió 2-0 en el Barrio del Pilar y se vio obligado a remontar. Lo hizo hasta el minuto 94, al que llegó con 4-1 (con un gol del propio Luis Muñoz). Entonces la máquina del karma se cayó por un terraplén.

En la última jugada, el central del Lugo dio un despeje a las antípodas y el balón se coló en casa. Todo se derrumbó. Muñoz cayó al suelo como si le hubiera disparado un francotirador. Un error de precisión destrozó el sueño de los malacitanos y se coronó como un injusto colofón a una temporada de mucho sudor y, finalmente, demasiadaslágrimas. Sus compañeros, en vez de hacer una última intentona para lograr un gol a la desesperada contra el cronómetro, fueron a socorrerlo. Consiguieron levantar a un muerto en vida que aún así fue capaz de hacer una última carrera para intentar sacar el balón de centro y enmendar esa terrorífica pesadilla. Fue como un paso perdido de Semana Santa que arrolló al que menos se lo merecía, al que había sabido dar el salto a Primera sin morir en el intento y reencarnarse en el fútbol más fangoso en el final de un año larguísimo.

Francisco, catalizador de su cesión

¿Y qué hizo entonces Luis Muñoz? “El club le dijo: ‘Tómate unas semanas de descanso’. Nada, se quedó en Málaga en vacaciones y apenas unos días después de los playoffs ya estaba entrenando con el primer equipo para intentar ganarse un puesto”, relata Fenoll. El verano vino cargado de rumores y aires con diferentes corrientes. Su debut en Primera división no pasó desapercibido. El dueño del Málaga, Al-Thani, no estaba muy por la labor de dejarle salir. Su rol iba a ser en principio el de cuarto central. Lo fácil hubiera sido esperar. Alternar Tercera con el primer equipo y quedarse tal que perla en conserva. Como tantos. Pero Luis Muñoz quería probarse a sí mismo fuera de su entorno e intentar acumular minutos en una categoría tan competitiva como es Segunda.

Optó por Lugo por el firme convencimiento que mostró Francisco en su fichaje, a pesar de que el equipo gallego ya contaba por entonces con tres centrales: Ignasi Miquel, Bernardo y Josete (lesionado a principio de temporada) y un canterano en la reserva, Pedro López. A esta aventura pudo sumarse otra de las promesas de la base malagueña, Deco, por el que el Lugo presentó una oferta. Al-Thani no fue tan laxo con el medio cacereño y prefirió conservarlo para conseguir, este año sí, el ascenso del filial a Segunda División B. El dueño del Málaga despidió a Muñoz con un “buena suerte, mi hijo. Nos vemos pronto” a través de Twitter.

“A pesar del sur es muy tímido. Es un jugador al que le gusta estar con su familia. Nunca lo verás fardando por ahí de que es futbolista”.

El central malagueño se ha mostrado hasta el momento como un profesional comedido. La descripción del carácter que da de él Fenoll se sostiene: “A pesar de ser muy del sur, es tímido. Es un jugador al que le gusta estar con su familia. Nunca lo verás por ahí fardando de que es futbolista. Se cuida, hasta el punto de que vuelve loca a su madre con el tema de la comida, con los niveles de grasa”. Todo esto no quita que cuando regrese a casa no complazca a los suyos probando del puchero que le daba vigor para sus primeros golpeos en el CD 26 de Febrero, equipo de uno de los barrios más humildes de Málaga. Pronto le echaron el lazo y entró a formar parte de la cantera malaguista. Formó parte de la generación que conquistó la Copa de Campeones de juveniles en 2016, junto a jugadores como Ontiveros o En-Nesyri.

Luis Muñoz espera ganar protagonismo con la nueva tesitura de la defensa rojiblanca. El esquema de Francisco y los giros que pueda tener se los sabe. Tanto en el Malagueño de Ruano como en el Málaga de Míchel jugó integrado en un 4-2-3-1 que se tornaba a veces en un 4-1-4-1, dinámica idéntica a la que emplea el actual técnico del CD Lugo. “En el campo es todo carácter. Lo opuesto a cómo es fuera. Eso sí, prepárense porque en más de una ocasión os podrá un nudo en la garganta con sus recortes, que parecen de un extremo”, advierte Fenoll que complementa el perfil destacando la buena llegada desde atrás de Muñoz y su capacidad para ver puerta, contribución que al conjunto lucense le viene de perlas en una temporada efectiva pero carente de grandes números anotadores. En el filial del Málaga también actuó como pivote defensivo y era frecuente verle alternando su posición de central con el mediocentro para pasar a manejar el juego.

Más allá de Luis Muñoz está Joselillo, apodo que utiliza su entorno más cercano, pero que él no ha querido usar en su carrera futbolística. Ha preferido la formalidad que le entronca con el nombre de su padre, también jugador, aunque en tesituras más modestas. Eso sí, fue el primero que agarró el coche para llevar a su hijo a Lugo. Sin importar las horas y las distancias. Fenoll sabe que en Málaga uno aprende antes a darle un golpe al balón que la tabla del cinco. Y que mucho talento se ha ido por el sumidero, por la falta de cabeza de los protagonistas o por el escaso ojo de los que tienen que mirar. El nieto de Mari quiere ser diferente. No ha dejado que los cantos de sirena le embelesen.

Ahora se peina para atrás y se ha dejado una barba perfilada. Lugo le está haciendo crecer. En lo personal y en lo futbolístico, en un grupo cada vez más unido que a pesar de su humildad es capaz de mirar por unas semanas al resto de equipos desde arriba. Y para ello, muchos más guerreros con sentido de gregario como Luis Muñoz son precisos, el mejor tesoro de Mari y sobre el que cada vez están depositadas más miradas, las que apuntan a un jugador de nivel superior. 

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