Etiqueta: Opinión Lugoslavia

  • Nosotros, el Lugo

    Nosotros, el Lugo

    “We, the people…”, o lo que es lo mismo, “Nosotros, el pueblo…”. Así comienza la Constitución de los Estados Unidos de América. Más allá de lo que contiene dicho texto, tengo que reconocer que ese comienzo es de los más bellos que se pueden leer en la Carta Fundacional de cualquier Estado del mundo. Nosotros, el pueblo, como afirmación de comunidad, de grupo de personas que se unen en busca de un beneficio común. Una comunidad en la que, como en todas, habrá diferentes puntos de vista, antagónicos incluso, pero que aparcan a cambio de una unidad en cuanto a los objetivos comunes que beneficien a todos.

    Naturalmente, no voy a hablar de política aquí. Sí lo voy a hacer, como siempre, de fútbol. Del CD Lugo. Concretamente, del sentimiento de pertenencia que, ante partidos como el de hoy, es necesario, diría que fundamental, alentar de cara a buscar el mejor resultado posible, que no puede ser otro que la victoria, en este caso frente al Real Oviedo.

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    Viene el partido envuelto el polémica. El reparto de entradas ha capitalizado cualquier otro debate deportivo al respecto. La pasada de frenada desde la capital del Principado, pidiendo primero nada menos que 3.000 entradas, o mejor dicho, exigiéndolas, y las posteriores reacciones, desde aficionados de a pie del club azul hasta directivos, a los que se supone cierto sentidiño, pasando incluso por jugadores, han ido enrareciendo el ambiente y, lo que es peor, atizando a un caldo de cultivo que no debería tener sitio en el fútbol, pero que existe: el de la provocación, el ninguneo y el desprecio, cuando no el insulto. Así están las cosas.

    Mirad, en Oviedo el Lugo no cae bien. Ya tiene bemoles que un equipo tan humilde como el nuestro se haga enemigos por el mundo, pero en Oviedo no somos bien vistos. Sin remontarme a su visita en Segunda B, cuando algunos aficionados suyos, no todos, no voy a generalizar, tuvieron comportamientos deplorables en nuestro estadio, las cosas ya venían torcidas, pero el simple hecho de que un empate, un mísero empate en Girona, acabó de ponernos en su lista de clubes no afines. Cualquiera que viese aquel partido sabe que el Lugo salió fatal, que en la primera parte los catalanes pudieron hacernos cuatro y que solo sus propios nervios y sus desaciertos nos permitieron meter el gol en el último momento. A causa de eso, el Sporting ascendió a Primera y eso, en Oviedo, son palabras mayores. A partir de ahí, que si somos la putita del Sporting (sic), que si íbamos primados y blablabla. Naturalmente, el embrollo de las entradas (que si 900, que si 3000) ha acabado de encender el ambiente y nos tienen ganas.

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    Uno, que acostumbra a navegar por las redes sociales, se ha hartado de leer desprecios hacia el Lugo. Ya sabéis, que si futbolín, que si aldea, que si somos cuatro amigos…y que queréis que os diga, al menos a mí ya me ha bastado. No somos el Real Madrid ni el Barcelona, cierto, ni tenemos un estadio como el Bernabéu o el Camp Nou, ni siquiera un Carlos Tartiere, pero sí tenemos dignidad. Y a esa dignidad apelo en esta previa de partido.

    El sábado, más que nunca, debemos ser nosotros, el Lugo. Debemos ser una sola voz que se quede afónica animando a los nuestros desde el minuto 1 al 90. No debemos ser un campo fúnebre, ni dejar a los Siareiros todo el trabajo de animar a los nuestros. No. Debemos ser nosotros, el Lugo, el que empuje a nuestros jugadores cuando más lo necesiten. Debemos ser nosotros, el Lugo, el que lleve a gol ese balón que va pegado al palo. Debemos ser nosotros, el Lugo, los que despejemos ese córner peligroso. Debemos ser nosotros, el Lugo, los que ganemos el partido.

    Todos nosotros debemos ser José Juan. Todos nosotros debemos ser Pereira. Y Hernández, y Dealbert, e Iriome, y Ferreiro, y todos los que jueguen. Todos nosotros, el Lugo, debemos ser Milla, y Miñambres, y Gandía. Todos nosotros, el Lugo, debemos ser el Anxo Carro. Y tenemos que ganar, porque somos humildes, pero dignos; futbolín, sí, pero inexpugnable; pocos, puede ser, pero incontables. Y demostrar que no nos gusta que nos minusvaloren, porque todo lo que tenemos nos ha costado muchísimo, y porque ese escudo de cinco barras rojas nos representa a todos.

    El tópico dice que la unión hace la fuerza, y yo me lo creo. Me creo que, ante los grandes, este club sabe dar lo mejor de sí, y que, cuando peor vayan las cosas, y creedme que en este partido lo vamos a pasar mal, la grada va a saber reaccionar en apoyo de los suyos, de los nuestros. Porque este viejo y feo Anxo Carro, cuando quiere, también gana partidos, aunque cueste tanto llenarlo de ilusión. Y sí, creo que vamos a ganar. Y gananremos. Nosotros, el Lugo.

    Fotos: Xabi Piñeiro (Lugoslavia y Boamaneira)

  • Opiniones de pizarra

    Opiniones de pizarra

    Hablemos de fútbol, cojones ya, que es lo que nos gusta. Llevo un tiempo dándole vueltas a la cabeza acerca del sistema que utiliza Milla con el Lugo y, a fuerza de oírle decir ya varias veces que «tiene la sensación de que como mejor juega el equipo es con tres jugadores por dentro», me he acabado por decidir y escribir sobre ello. Todo lo que viene a partir de aquí es opinión personal, total y absoluta. Huelga decir que yo no tengo ni la centésima parte de conocimientos futbolísticos que el bueno de Luis, que entre otros jugó en el Barça, el Madrid y el Valencia, casi nada, mientras que este humilde escribiente no pasó de La Caridad CF en Asturias y del Hostelería Veteranos en Lugo y no pretendo, por supuesto, enmendarle la plana ni decirle que ponga a este jugador o que siente a este otro, ya que creo que la independencia del entrenador en su toma de decisiones debe ser absoluta y, además, maldito el caso que me iba a hacer, lógicamente. Lo dicho, es solo una opinión. Veamos.

    Lo primero que diré es que no estoy de acuerdo con que el equipo se encuentre más cómodo jugando con tres jugadores por dentro, más los dos extremos y el delantero centro. Creo que lo que realmente ocurre es que es Milla el que se encuentra más arropado con ese sistema, básicamente por dos razones: la primera tiene que ver con la poca fe que hay en los laterales, que exige casi constantemente que uno de los tres jugadores de dentro tenga un ojo en la nuca para hacer coberturas; así, teniendo tres jugadores en mediocampo, se pueden trabajar esas coberturas sin perder superioridad en la medular. La autopista que deja Manu en sus espaldas y la indefinición de los dos laterales derechos obligan a ello.

    Pero hablaba de dos razones. La segunda, que en cierto modo entronca también con lo de los laterales, viene dada por los «extremos» que utiliza Milla en ese 4-3-3 mentiroso con el que plantea sus partidos. En el once tipo del Lugo, el que más se ha repetido hasta ahora siempre que Milla ha contado con todos sus efectivos, los dos jugadores que ocupan los extremos son, precisamente, jugadores que no son extremos, o no lo son al menos en el sentido más purista de la palabra. En ese 4-3-3, los dos «wings» (preciosa palabra con la que se definía antiguamente a los jugadores que se situaban pegados a la cal) son Iriome por la derecha y Pereira por la izquierda. Ninguno de los dos, convendréis conmigo, es un extremo como puede ser, para poner un ejemplo, Jesús Navas, es decir, jugadores que abren campo, que juegan pegados a la línea y buscan línea de fondo. En el caso de Pereira, es un delantero centro desplazado al extremo, por lo que su tendencia natural es, siempre, venirse al centro buscando finalizar jugadas, recibir y disparar. Iriome, por el contrario, es un jugador de banda, pero tampoco un extremo puro. Más bien lo colocaríamos como lo que los antiguos, cuando el fútbol era más simple y más divertido, llamaban volante. Sería, salvando las distancias, un Michel, un Rufete, pero no un extremo puro. Debido a ello, también tiene cierta tendencia a bajar a recibir y a apoyar a los de dentro, creando entre todos un bonito embotellamiento. Milla utiliza tres hombres por dentro para poder abrir el campo con los extremos, pero resulta que los jugadores que más utiliza como extremos, no lo son, si bien en las últimas jornadas la participación de Ferreiro, este si más extremo, equilibran por la izquierda.

    Incluso me atrevería a señalar una tercera razón por la que Milla colapsa la zona ancha del campo. Sí, pesados, ya sé que antes dije dos, pero este es mi artículo y hago lo que me sale de allí. Efectivamente, hay una tercera razón, o al menos así lo intuyo, por la que jugamos con tres por dentro, y creo que está directamente relacionada con el físico de nuestros pivotes. Me explico.

    Todos estaremos de acuerdo en que Seoane es el único medio defensivo que tenemos (sí, ya sé que está por ahí Caballé, pero como no juega…) y también el jugador con más empaque físico de los de dentro. El problema está en los otros, porque ¿os habéis fijado en el estado físico de Pita, que juega en 3 metros cuadrados y en el minuto sesenta ya va justo? De David López, tres cuartos de lo mismo, mucha calidad pero amigo, los años no perdonan, y a Sergio Marcos, que es posiblemente el jugador más diferencial en ese puesto, también se le hace cuesta arriba rendir los 90 minutos, por lo que Milla tira por la calle de en medio y, en previsión de bajones, puebla esa parcela del terreno de juego.

    A pesar de que algunos me han llamado palmero y cosas así, gente que en general no me conoce ni sabe de lo que habla, yo diré que el dibujo del Lugo no me gusta especialmente. Creo que, por jugadores, el Lugo tiene una plantilla perfecta para atreverse con un 4-4-2 de toda la vida. Creo que teniendo a Caballero y a Pereira, lo que toca es juntar a los dos en punta, porque además cuando coinciden ahí se entienden de maravilla, y tirar a Pereira a una banda o sentar a Caballero en el banquillo es un desperdicio de gol y de talento. Que con Seoane y otro acompañando, con dos jugadores por fuera (Iriome y Ferreiro, por ejemplo) el mediocampo del Lugo quedaría de maravilla, y que habría un banquillo realmente bueno para hacer rotaciones o variaciones tácticas.

    Naturalmente, todo esto es una simple opinión, que para lo que me pagan en Lugoslavia bastante hago. En general creo que Milla está haciendo un buen trabajo, los puntos cantan y, como bien me decía Melchor el otro día, es probable que el equipo vaya a más en la segunda vuelta, cuando la cohesión sea mayor. Lo importante, al final y como siempre, es que la pelotita entre, sumar de 3 en 3 y que, al final de la temporada, estemos tranquilitos. Eso lo firmo con 4-3-3, con 4-4-2 o con el autobús delante de José Juan. Así sea.

    PD: Si Luis Milla quiere rebatirme cualquiera de mis humildes opiniones, estoy más que dispuesto a tomarme un café con él. O un caldo. Lo que sea. Pago yo.

  • Toni Otero o la estructura necesaria

    Toni Otero o la estructura necesaria

    Me gusta escuchar a Toni Otero. Sé que hay gente a la que le cae mal, gente que no lo traga porque vino a ocupar el sitio de Carlos Mouriz y lo ven como un usurpador (¿?) e incluso gente a la que no le gusta por su aspecto físico, cercano al de un galán de serie de sobremesa. A mí, personalmente, que venga a sustituir a Mouriz o que se ponga gomina me preocupa lo mismo que la marca de calzoncillos de Milla, es decir, nada y, quizás porque me acerco a él con la mente libre de prejuicios o vendettas, disfruto cuando habla de fútbol, que es de lo que tiene que hablar el máximo responsable del rumbo deportivo de un club de fútbol.

    Ayer compareció ante los periodistas, que equivale a hacerlo ante la afición, para dar cuenta de la actualidad deportiva del Lugo. Habrá a quien esto le parezca un hecho menor pero, habida cuenta de lo poco que el anterior director deportivo lo hacía, para mí resulta una novedad refrescante. No es la primera vez que Toni Otero lo hace, dar una rueda de prensa para analizar el estado del equipo, lo que me hace pensar que es una costumbre que va a mantener, dar explicaciones periódicamente, una especie de comparecencia sobre el estado deportivo del club. Y digo que para mí no es un hecho menor porque habla, y muy bien, de la estructura que se quiere implantar en el Lugo. Un máximo responsable deportivo, que no sea el entrenador, que marque las líneas maestras, elabore la planificación desde la cantera hasta el primer equipo, que tome decisiones y asuma responsabilidades. Lo que viene siendo una estructura de club de fútbol profesional, vamos.

    Y no es cualquier cosa eso de la estructura. Dije muchas veces que el principal reto al que se iba a enfrentar el CD Lugo tras su ascenso iba a ser montar un organigrama, un plan, que nos hiciese a todos transitar desde el amateurismo de la Segunda B a las exigencias de la LFP. Algunas cosas ya las hizo, y muy bien, la anterior directiva, no sin esfuerzo ni penalidades, pero otras se fueron soslayando, seguramente por viejas costumbres, y era necesario completar la transformación. En el área deportiva, sin lugar a dudas, se ha conseguido.

    El repaso de Toni Otero fue, por lo demás, bastante satisfactorio, como lo es el presente del club. Del primer equipo señaló que el objetivo son los 50 puntos (la permanencia) y que únicamente después de lograrlos se pensaría en el siguiente, los 60 (play-off). Me gustó ese «step by step» de ir señalando primero lo necesario y después lo contingente. Primero, salvarnos, luego ya veremos si podemos darnos un gustazo.  De la cantera, se reafirmó en la idea de potenciar un filial de garantías, buscar soluciones para los cedidos que no juegan y ver cual es la mejor solución para Keko Vilariño y Pedrosa, que están entre dos aguas, perteneciendo al primer equipo pero con muy pocas posibilidades de tener minutos.

    Alabó el buen ambiente en la plantilla y aclaró que no habrá más salidas ni, posiblemente, más entradas, aunque a esto último dejo una puerta abierta si aparecía «un mirlo blanco», seguramente en forma de central. Pasó por encima del «caso Jon García», cosa que por un lado me decepcionó un poco pero bueno, entiendo que no se quiera hacer más jaleo del tema, y reivindicó la calidad de la plantilla, cosa que debió escocer a cierto bloguero con ínfulas que les llamó, y cito textualmente, «de medio pelo», en referencia a los fichajes. Cosas que se dicen y que luego alguno por ahí se tiene que tragar. Bien está.

    Toni Otero me convence

    A mí Toni Otero me convence, qué queréis que os diga. Era necesaria su figura y creo que lo está haciendo muy bien. Fallará en fichajes, como todos, y hará cosas mal, como todos, pero no se puede negar ni sus conocimientos ni su profesionalidad, por más que alguno quiera enmerdar pensando que así hace un favor a sabe Dios quien. El equipo funciona, la clasificación así lo indica, y hay una línea de trabajo razonable y clara que va más allá de la planificación de la temporada buscando sentar las bases de un CD Lugo mejor. Toni está cumpliendo, ahora solo hay que pedir que la pelota siga entrando, pero ahí es la única parcela en la que él poco puede hacer. Dejémosle trabajar en el resto, parece que sabe lo que hace.

  • La no-evolución

    La no-evolución

    En Lugo pasa una cosa y es que no queremos lo que tenemos y cuando nos dan algo nuevo (a priori mejor y con las consecuencias que esa cosa nueva implica (adaptación)) tampoco lo queremos pero sin embargo loamos lo anterior como si fuera mejor y como si nunca lo hubiésemos hateado. Sin respetar lo nuevo y, por supuesto, sin darle una oportunidad. Ejemplo: “Vaya mierda el puente viejo que es un embudo, no provoca más que atascos porque apenas pasan dos coches a la vez, no sé cómo dejan pasar a los camiones, un monumento tan valioso y así de castigado blablablá”. Bien. Puente blanco inaugurado, cortan el romano y lo cierran al tráfico para restaurarlo por completo y convertirlo en peatonal y automáticamente se convierte en una puta mierda. “Joder, mira dónde fueron a hacer el puente nuevo, encima cortaron este al tráfico, a ver cómo pasamos ahora, mira qué vueltísima tenemos que dar” y así. Pasan cosas pero como si no pasara nada.

    Cuando alguien quiere tratar de hacer algo no le dejamos, pero al mismo tiempo queremos ser cabezas de lista. Quiero ser moderno echándome gomina pero peinándome igual que cuando no me la echaba. Es como el que tiene tos y rasca el culo, el resultado no hace falta decirlo.

    En Lugo no se arriesga nunca. No se gana, tampoco se pierde, pero en la mayor parte de los casos no es bueno no perder ya que te quedas sin lecciones valiosísimas. No nos inculcaron la cultura de aprender del error, nos inculcaron la de virgencita, virgencita que me dejen como estoy.

    Sí es cierto que a veces se intentan hacer cosas pero psé… Una idea a priori magnífica, con mucho bombo pero al final, gaseosa. Primero porque como ya comenté por ahí arriba no se deja y segundo porque psé… Ya que está pos bueeeeeeeno. Sí, no está mal… pero vamos, que en resumen, puta mierda como el puente blanco. No hay huevos para dar pasos adelante.

    Y no es que no haya gente que los de, que claro que los hay, pero es que la sociedad de Lugo es tan gris que ya veis. ¿Cuántas empresas de Lugo (no multinacionales (JAJAJA, multinacionales)) están a la cabeza de algo? ¿Cuántas destacan por, no sé, trabajar con el horario europeo? ¿O por adaptarse a la jornada de 8 horas (sí, de 8)? ¿O por empezar a usar términos como eficiencia y productividad? ¡Qué sé yo! ¿Cuántas se diferencian de algo? ¿Cuántas lo intentan?

    Los ejemplos están ahí. Bien se ve que tanto vale a nivel personal, como de barrio, como de empresa los hay. ¿Y a nivel futbolístico? Hombreeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee.

    El CD Lugo es otro ejemplo más de esta no-evolución. Aquí no sabemos encajar los cambios, no nos gustan. Físicamente estamos en ahora, pero con los pensamientos en antes. Me revienta ver que hay gente que se dedica (no sé si por hobby o por profesión) a desacreditar una y otra vez el trabajo de estos nuevos, por sistema, porque sí. Y necesitan el más mínimo motivo para alzar la voz y criticar esto y lo otro.

    La imparcialidad no existe. La báscula sólo carga de un lado y venga. Me aburre leer tuits y comentarios por Facebook con el mismo contenido una y otra vez. Mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal. Todo mal. Está mal porque sí y punto.

    ¿Sabéis lo que más me jode de todo esto? Que ni tan siquiera se les da la oportunidad de demostrar si valen o no. Y eso es triste. Tirar piedras porque sí es muy triste. Para el que las recibe, porque ya no le dejan intentarlo, pero especialmente para el que las tira. ¡Cuánto infeliz hay detrás de esas mofas! ¡Cuánta necedad, joder! Y, sobre todo, cuánta vergüenza. Eso sí, para aplaudir a Llorente y a esperar a los del Sevilla cuando salen de vestuarios sí, valientes.

    ¿Tan mal está tener el primer puesto más cerca que el decimonoveno? Dadles la oportunidad. Puede que la caguen, pero soltad correa.

  • Animemos, coño

    Animemos, coño

    Vamos a quitarnos primero de encima lo obvio: el equipo no juega a nada, venimos de una derrota contra el Albacete jugando el peor partido de la temporada y el equipo no acaba de pitar. Eso es lo malo que tiene ahora mismo el Lugo encima, que no es poco, así que queda aquí constancia de ello, en este párrafo inicial, a modo de que este humilde autor no pase por un ciego de aquellos que iban por las plazas de los pueblos de España, con su pliego de cordel, contando historias a cambio de unas monedas. Yo también veo como está el equipo, estimados odiadores, no os pongáis nerviosos que nadie os va a quitar vuestra pírrica razón. Hoy no vengo a hablar de eso.

    Hoy vengo a pedir que animéis. Es triste, pero es lo que os pido a ti, a ti, a ti también, y a todos los que estéis perdiendo vuestro tiempo en leerme y tengáis pensado bajar al Anxo Carro el próximo sábado. Os pido que animéis. Que gritéis. Que cantéis. Que saltéis. Que hagáis ruido, que deis palmas, que os unáis a los cánticos de Siareiros o que cantéis los vuestros propios. Lo que os dé la gana, pero que animéis. Repito, es triste pedir algo que se da por supuesto, pero tal y como están las cosas, por mí no va a quedar. El sábado nos necesitan ahí abajo, en el campo, en Anfield Carro, y tenemos que acudir.

    Puedo entender al que está cabreado con el juego del equipo, al que le fastidia que la imagen esté siendo más bien mala que buena y al que no le guste el entrenador. Comprendo al que esta enfadado porque era setienista, mourizista, bousista o cualquier –ista que se os ocurra. Cuenta con mi comprensión el que quiere que juegue tal jugador o el que piense que tal otro no debería ser titular, pero en los próximos noventa minutos con el Tenerife no se trata de eso. Se trata de poner, cada uno, el grano de arena que pueda para sacar el partido adelante, para ganar, porque al final eso es lo que queremos todos, que gane el Lugo, ¿o no?

    Cada uno es cada quien y cada seis, media docena, y como tal las ideas de cada cual son válidas y respetables, solo faltaría, pero me gustaría que las expresaseis todas hasta las 17:55 y luego a partir de las 20:00, pero que en esas dos horas que, más o menos, vamos a estar pendientes del verde y de los rojiblancos, tengamos los cinco sentidos puestos en apoyar a los nuestros, porque en esa hora y media de partido, más los descuentos, no juega Saqués, ni Milla, ni Toni Otero. Tampoco es el momento de mirar con lupa a Manu, Sergio Marcos, Dealbert, Pereira o Campillo. No. En esa hora y media juega el CD Lugo. El equipo. El club. La institución. El Lugo.

    Y no sé que se le pasa por la cabeza al que, tras un fallo, se dedica a pitar a tal o cual jugador. ¿En serio crees que así ayudas al equipo? ¿Crees que con tus pitos el chaval va a mejorar? Coño, si fuese así yo mismo te compraría un silbato, pero es que no, solo contribuyes a crear mal rollo, tensión y meterle más presión al pitado, que bastante tendrá con lo suyo. Protesta cuando el árbitro pite el final, dale la tabarra a tu colega en el bar, como hacemos todos, si quieres incluso puedes escribir un artículo y mandarlo a Lugoslavia para que te lo publiquemos, como puedes ver es fácil, pero no pites durante el partido, porque, ¿para qué?

    Y entiendo que todos somos humanos y que a todos, en un arrebato, nos sale pegarle un grito a uno de los nuestros, pero joder, canalicemos esa energía en apoyar, no en vituperar. No quiero decir con esto que el que no esté de acuerdo se tenga que callar, no, pero si que proteste todo lo que quiera al acabar el partido, pero no mientras nos estamos jugando los puntos. Ahí tenemos que ser una piña con los nuestros. Si encima de que bajamos pocos nos dedicamos a atacar a nuestro equipo, ¿qué podemos esperar?

    Así pues, lo dicho. Animad, animemos todos. Que no tengan que ser los Siareiros los que tengan que cargar con todo el peso de la animación. Unámos a ellos, que los chavales sientan que tienen al público de su parte. Exijámonos lo mismo que les pedimos a ellos, y tiremos del equipo cuando el equipo no pueda tirar de nosotros. Hagamos nuestro el lema “te animaré cuando menos lo merezcas porque será cuando más lo necesites”. Muchas veces el Anxo Carro parece un cementerio, un teatro, el cine, una tarde de catequesis, y eso es inadmisible, pero otras veces sabe apretar cuando el equipo lo necesita. Sabemos y podemos hacerlo, así que pongámonos del lado de nuestros jugadores, que equivale a ponernos de nuestro propio lado, apretemos los dientes y animemos, coño, que tiempo habrá para criticar y protestar. Animemos y que salga el sol por donde quiera.

    Foto: Xabi Piñeiro, Lugoslavia.

  • ¡Estamos en crisis!

    ¡Estamos en crisis!

    Soy fan absoluto de la frase esa que dice que “mal de muchos, consuelo de tontos”. Efectivamente, lo que importa es como te vaya a ti, no como le vaya al resto (solidaridades al margen, claro) y poco consuelo puedes encontrar en la desgracia ajena si tú estás también en la mierda, a no ser, claro, que seas de esos que con gusto se quedarían tuertos con tal de ver al de enfrente tuerto, que de todo hay. Dicho en corto y por derecho, y con la sabiduría popular por bandera, en estos casos, y aquí me estoy refiriendo al fútbol, lo mejor es que “cada can lamba o seu carallo”, y mire por si sin preocuparse por el prójimo, sobre todo porque ese prójimo el día de mañana si puede te envía al hoyo o a la B sin ningún miramiento, y aquí paz y después gloria, que en la Biblia dicen que todos hermanos, pero nada de primos. Amén.

    No obstante, no es menos cierto que, a veces, merece la pena pararse y contemplar el estado de la Liga para poner en perspectiva los logros o fracasos propios, o vaya a ser que te vanaglories de haber jugado en el Glasgow Rangers cuando realmente el histórico escocés estaba en las catacumbas del fútbol, como hacía un viejo conocido del CD Lugo, o minimices éxitos que hace cuatro años parecerían gestas inalcanzables. A veces, repito, es bueno echar un ojo en torno a la Liga para comprobar cual es el estado de la situación antes de sacar la lengua a pasear y decir que si crisis, que si la B, que si la abuela fuma o si se ha sacado el bono bus.

    Digo todo esto porque he oído (y leído) a algún que otro iluminado por ahí decir que el CD Lugo está en crisis. En crisis. Repetid la palabra por tercera vez para que os entre bien en las meninges: crisis. Undécimos, con trece puntos, a uno del play-off de ascenso (que no es nuestro objetivo), a treinta y siete de la salvación, más o menos, pero estamos en crisis. Sálvese quien pueda, las mujeres y los niños primero, nos vamos a la B y todo eso, enciendan las sirenas de alarma. Puede parecer peregrino, pero hay quien lo piensa, que estamos en crisis porque perdimos dos partidos de Liga y nos tiraron de la Copa, así que, con el afán didáctico que preside la fundación de esta santa casa, procedamos a mirar un poco a nuestro alrededor antes de perder la chaveta y comernos nuestros propios sesos con una cuchara. Veamos que hay más allá del Miño.

    Vamos a hacer la primera parada en Almería, que tenemos por allí a Iago Díaz y fijo que nos da cama y comida. Equipo recién descendido de Primera, con el primer y único objetivo de ascender, jugadores fogueados en la máxima categoría, fichajes de relumbrón (Chuli, Pozo, Fatau…) y un presupuesto potente. Situación: penúltimos, entrenador fulminado, 18 goles en contra (el doble que nosotros) y ocho puntos en nueve jornadas. Fetén.

    Sigamos, que este viaje tiene varias paradas. RCD Mallorca, cuarto presupuesto de la Segunda División, equipo histórico que hace no mucho jugaba finales de Copa del Rey y se paseaba por Europa, otro de los que tendrían que estar arriba, se pasea en este inicio de Liga tercero por la cola, con 9 puntos, a uno por jornada, y una pinta más que preocupante. Al “Chapi” Ferrer no le llega la camisa al cuello.

    Siguiente destino, Valladolid. Otro exprimera en apuros. Cuarto por la cola, mismos puntos que el Mallorca, también en descenso y con la cabeza de Garitano ya colgando del Nuevo Zorrilla y Miguel Ángel Portugal ocupando su puesto. Posiblemente el equipo más plano de Segunda, con la afición de uñas contra el palco y el objetivo de ascender muy en entredicho. Bonito panorama.

    Habría más paradas, menos llamativas pero que ilustran igualmente lo exagerado y estúpido de llamar crisis a la situación del Lugo. Leganés, por ejemplo, donde tras hacer un auténtico equipazo fichando como si no hubiese un mañana se encuentra dos puntos por detrás nuestro, Girona, donde han pasado de casi ascender (gooooool de Caballero)a estar, en este inicio, decimosextos con diez puntos o la Ponferradina, con once. La diferencia es que ni en Leganés, ni en Girona ni en Ponferrada se les ocurre hablar de crisis, básicamente porque van tan solo nueve jornadas y esto no ha hecho más que empezar, y porque son conscientes que la Segunda es muy larga y va a dar muchas vueltas. Y en Almería, Mallorca y Valladolid, donde si hablan de crisis, lo hacen porque lo suyo si que lo es, por objetivos, por plantilla y por presupuestos.

    Así que, queridos amigos y vecinos, tiéntense ustedes bien la ropa antes de hablar tan a la ligera de la supuesta crisis del Lugo, primero de todo porque no existe, y segundo, porque seguro que a lo largo de estas larguísimas 42 jornadas habrá crisis de verdad, y también momentos álgidos donde otros igual de iluminados saldrán a hablar de ascensos y demás glorias. Somos el Lugo, señoras y señoras, no perdamos la perspectiva y, sobre todo, no digamos sandeces. Ni crisis ni brotes verdes, simplemente fútbol.