Etiqueta: Opinión Lugoslavia

  • CD Lugo: It´s very difficult todo esto

    CD Lugo: It´s very difficult todo esto

    Fue en Bruselas, “it’s very difficult todo esto”. Fue Mariano Rajoy. En el entorno de una reunión del Consejo Europeo las cámaras cazaron al entonces Presidente del Gobierno de España hablando con James Cameron, su homólogo británico. Para explicar lo complicado de las negociaciones, Rajoy le espetó a Cameron que “it’s very difficult todo esto”. Llevo desde la noche del domingo dándole vueltas a cómo titular esta pieza, qué frase condensaría mejor el eterno día de la marmota albivermella en lo que a entrenadores se refiere desde la conversión de club a SAD (más sad que nunca últimamente, si atendemos a la lengua de Shakespeare). Como la situación y el bagaje tiene tintes trágicos pero también su punto casi cómico, decidí tirar del presidente que nos dejó perlas como la del vecino y el alcalde. Al menos echarse unas risas.

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  • «No a la 24»

    «No a la 24»

    Ni Netflix ni HBO ni Amazon Prime. Sus catálogos nunca llegarán a la altura de Los Simpson. La serie total. Viva y llena de referencias. «Ya lo predijeron…» no es un simple chascarrillo, es un antecedente para reforzar la capacidad de análisis social de la serie creada por Matt Groening. También predijeron lo de «La Liga de 24». En concreto, en el capítulo Mucho Apu y pocas nueces de la séptima temporada. El de «No a la 24».

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  • Pulpo o churrasco

    Pulpo o churrasco

    De un tiempo a esta parte, ha empezado a surgir en los medios especializados una corriente cada vez mayor de comentaristas deportivos que reniega de la posesión como aspecto clave del fútbol moderno. Justo al contrario, hay futboleros que consideran que mantener el control del balón es el único medio seguro de alcanzar la victoria. ¿Cuál de ellos tiene razón?, ¿qué estilo es preferible?, ¿qué tiene esto que ver con la marcha actual del equipo?

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  • Pocos pero buenos

    Pocos pero buenos

    Con la resaca todavía presente del continuo desastre de Bélgica, que me recuerda peligrosamente para el fútbol a aquel «España de cuartos no pasa», miren como terminó la historia; y de una ginebra malísima, todo hay que decirlo, aparece un rayo de luz en el hoy pozo negro de mi cabeza al enterarme de que Emilio de Dios por fin se ha puesto a trabajar.

    Después de la grandiosa foto del nuevo cuerpo técnico (que parecen salidos de una nueva edición de El Padrino, algo menos ornamental y con menos clase en la vestimenta) parecía que una vez establecidos en el cargo los dos nuevos grandes nombres/hombres del equipo, los jugadores eran algo secundario. Pero uno se levanta por la mañana con la sensación de que un día horrible espera, y a veces, sólo a veces, cambian las tornas. Este sábado se ha transformado en un buen día para mucha gente, el primero de ellos Benzema, que como todos esperamos, dejará de sufrir desde casa viendo como los Vikingos arrasan París y se enchufará a la televisión para contemplar lo realmente importante que pasa por su tierra, el Tour de Francia. El segundo yo, y creo que debería ser también para todos los aficionados del Lugo.

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    Infografía de Ignasi Miquel. | Xabi Piñeiro.

    Parece que a la maquinaria de la nueva temporada la han sacado del garaje, le han limpiado el polvo y le han empezado a echar aceite. Después del catálogo de bajas, que parecía más la cuenta de las cervezas que se tomaron ayer en Gales, el señor de Dios nos sorprende a todos con un fichaje, sí, un fichaje en el Lugo a día de hoy es noticia, después de ver como iban cayendo poco a poco en otros equipos jugadores libres interesantes y más y más rumores, el Lugo anuncia que tenemos nuevo central, Ignasi Miquel, olé. A unos les gustará y a otros no, y algunos ni siquiera sabrán quien es (un pecado después del gran trabajo de Xabi). Lo que realmente me «esperanza» un poco, y aquí quería llegar,es que, aunque quizá solo es cosa mía, si algo bueno pueden tener las declaraciones de SanPedro sobre que quiere un plantel corto, con un grupo de futbolistas con oportunidades, es que los fichajes se harán con más cabeza, pocos pero buenos.

    El primero para mí es un acierto, un jugador joven, con experiencia internacional y que conoce perfectamente la Segunda División; el segundo… espero que no tengamos que esperar tanto.

    Foto principal: EMT.
    Infografía: Xabi Piñeiro.
  • Pasen y vean (los ciegos no pagan)

    Pasen y vean (los ciegos no pagan)

    Pues ya estamos en ese punto de la temporada que tan familiar pero a la vez tan poco querido para los aficionados del Lugo. Me refiero a esos partidos de final de temporada que no son ni chicha ni limoná, en los que no nos jugamos nada y nada nos va a espolear el ánimo. Partidos a los que vamos con la inercia de toda la temporada, en los que, claro, bajamos al Anxo Carro y animamos, pero ya con un ojo puesto en el móvil, en la charleta con el aficionado que se nos sienta al lado, o en lo que cada uno se entretenga. Otro año más, nos enfrentamos a los partidos de compromiso, a los partidos de relleno, a esos que, quien más y quien menos, afronta con el hastío de esta interminable Segunda División de 22 equipos y 42 jornadas. Sin un aliciente que echarse a la boca, sin tensión ni mayor interés que esperar a que el partido, al menos, no sea un coñazo. Pasen y vean.

    Ya sé lo que me dirán algunos, que mejor llegar así, aburridos, a llegar con la angustia de no tener asegurada la salvación. Correcto. Naturalmente no cambio nuestra situación por la de ninguno de los equipos de abajo, por mucho que ellos esperen con ansiedad el partido del finde, pero este año, en esta temporada tan competida y tan irregular que dio tantas oportunidades de meterse arriba, es de tontos no reconocer que estas últimas cuatro jornadas las vamos a afrontar entre el desencanto y el mosqueo de ver como, un año más, vamos a ser un convidado de piedra a las felicidades y dramas de otros.

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    José Juan y Dealbert tras haber encajado un gol. | Foto: Xabi Piñeiro (LGV).

    Recordemos que esto no es algo nuevo en el CD Lugo. El año pasado, también con los deberes hechos, el equipo encadenó una tremenda racha de diez jornadas sin ganar, las diez últimas. La única vez en la que se oyeron algunos pitos a Setién (pocos, pero los hubo) fueron en ese anodino período. Entonces nos quejamos amargamente de la falta de ambición del equipo (menos en Girona, claro, ahí se quejaron de otra cosa, pero que se le va a hacer) y se buscaron explicaciones y culpables, cada uno según su razón le daba a entender. Obviamente, no se llegó a ninguna conclusión.

    Y es complicado, porque esto nos ha pasado prácticamente desde que pusimos de nuevo los pies en Segunda. Y ha pasado con Bouso, con Saqués, con Mouriz, con Otero, con Setién, con Durán y con toda la pléyade de jugadores que ha desfilado por el club en estos años. Así pues, si no encontramos un común denominador a la causa común, ¿cómo señalar al culpable? ¿Cómo diagnosticar el problema? Complicado, lo que no quita para que cada uno arrime el ascua a su imaginaria sardina y aproveche para dar palos a quien le cae mal, pero los datos son tozudos cual mula sin domar, y dicen que el problema no es puntual, sino estructural.

    ¿Se puede decir que el club, como superestructura, por encima de jugadores, cuerpo técnico y directiva, se ha acomodado en la Segunda División? Es difícil de sostener. No llevamos el tiempo suficiente en la categoría como para ello, y tampoco hemos disfrutado en el pasado de glorias mayores como para estar empachados de ganar. Y, sin embargo, sí que se detecta cierto estancamiento en la masa social del Lugo, que ni tira para arriba ni se acaba de creer las posibilidades de mejora del club. Si exceptuamos el evidente repunte de aficionados en el Anxo Carro a raíz del ascenso, los que bajamos al campo siempre somos los mismos, de suerte que casi todos nos conocemos y no logramos pasar de los 3.500 de rigor por más que se regalen entradas, se congele el precio de los abonos o se eliminen los días del club. Así no hay manera.

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    Jugadores celebran un gol. | Foto: Xabi Piñeiro (LGV).

    Siempre se debate sobre si es el equipo el que tiene que tirar del público o si es a la inversa y es la grada la que tiene que llevar en volandas a los chavales. En mi opinión, seguro que equivocada, en el punto medio está el gusto. Es el equipo, el club, el que tiene que darle razones al personal para creer, y a fe mía que en Ponferrada o frente al Alcorcón no lo hicieron, pero también es cierto que la grada debe insuflar ese plus de animosidad a los que están en el verde cuando las cosas se tuercen, y seamos honestos, si exceptuamos el día del Oviedo, y ese día estábamos todos calientes por motivos extradeportivos, tampoco es que la afición se haya volcado en exceso con el equipo. Las cosas como son.

    Así pues, como dije al principio, nos enfrentamos a cuatro jornadas de poco menos que paseo en la que a jugadores y cuerpo técnico les hay que exigir que rematen esto con la mayor dignidad y profesionalidad y que, aunque no sirva para mucho, mejor acabar ganando partidos que provocando bostezos y, a la directiva, que comience a planificar ya la temporada con los pies en el suelo pero con la mayor ambición. Y que el año que viene lleguemos a estas fechas jugándonos algo bonito e importante, para poder decir aquello de mi amigo Ginés: pasen y vean, los ciegos no pagan.

    Fotos: Xabi Piñeiro (LGV y Boamaneira).

  • ¿Pero esto qué es?

    ¿Pero esto qué es?

    Si todos hacemos un ejercicio de honestidad convendréis conmigo en que el sueño de meterse en playoff era bastante complicado, casi un imposible. Demasiados equipos metidos en la puja y un equipo que, a pesar de hacer un buen desempeño, mostraba y muestra carencias que nos lastraban en la pelea. Pero queríamos creer, yo el primero, porque la ilusión es la que muchas veces te mueve cuando, en una tarde lluviosa y desapacible como la de ayer, coges los bártulos y bajas al Anxo Carro en lugar de quedarte viéndolo cómodamente en casa, en HD y con un café bien calentito al lado. Y lo mío no tiene mérito, que vivo aquí, pero pienso en Matalobos y Helenciña, que vinieron desde Inglaterra a ver lo de ayer y claro, uno valora más eso de la ilusión y el amor a los colores, y todas esas cosas que casan tan mal con el fútbol moderno.

    Posiblemente lo de ayer tenía que acabar pasando, perder un partido que nos alejase definitivamente de la zona noble y nos condenase a ver pasar las jornadas restantes como jubilado que mira una obra, pero no teníamos merecido, y me refiero a la afición, que fuese así: en casa, contra un rival que no propuso más que nosotros (aunque posiblemente sí tenga más que nosotros, entre otras cosas un delantero de los de verdad, de los que firma 20 goles al año) y, sobre todo, dejando una imagen de pasividad de esas que hacen daño a la vista y al corazón.

    Y esto es algo que se repite cada año con preocupante puntualidad. Tan pronto el equipo logra la permanencia virtual, se acabó. Se acaba el gas, se cierra el grifo y las jornadas se convierten en una sucesión de huelgas de botas caídas. Y lo más cojonudo del tema, perdónenme el taco, es que es muy complicado buscar culpables, porque nos ha pasado siempre. Pasó con Bouso y con Saqués, con Mouriz y con Otero, con Setién y con Durán, y con plantillas totalmente diferentes. Sí, ya sé que vendrán los de siempre a decirme que en cuanto te salvas automáticamente te relajas y blablablá, y me lo puedo llegar a creer, pero, ¿cuándo estás a cinco puntos de playoff? ¿En serio? O cuando, como la temporada pasada, firmas una recta final absolutamente lamentable con 10 jornadas consecutivas sin ganar. ¿Pero esto qué es?

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    Me pone de muy mala leche el tema, porque yo no me imagino diciéndole a mi jefe que el trabajo que tenía que hacer en mi jornada laboral ya lo he liquidado y que paso de ir a trabajar por la tarde, entre otras cosas porque siempre hay algo que hacer, porque hay que ser profesional y porque encima me pagan por ello. No me encabrono (perdón, otro taco) por quedarnos sin opciones de playoff, que al final, repito, era algo que podía perfectamente pasar. Me llevan los demonios por la forma, que a veces es incluso más importante que el fondo. Me indigno con jugadores que salen de refresco y a los diez minutos no hacen un sprint, por los que se pasan más de medio partido tirados por el suelo, por los pases atrás, uno tras otro, como solución fácil a cualquier situación con unos cambios planeados por el enemigo y, en definitiva, me indigno por la poca hambre ante una oportunidad importante.

    Nos gana 1-2 el Alcorcón sin hacer nada, y ya van varias derrotas así. Un primer gol de área pequeña, donde nuestra defensa parece que tiene prohibido entrar, y un segundo gol en el descuento, tras el enésimo error en la entrega de una pelota sencilla. Otra vez la misma película y otra vez la misma sensación, de mala leche, de morderte los labios para no decir lo que piensas por miedo a no pensar lo que dices. Y otra derrota.
    Y ahora, ¿qué? Pues ahora a pasar las jornadas que quedan con la mayor dignidad posible, cosa que me da bastante miedo por lo que pueda pasar cuando nos enfrentemos a equipos que se jueguen algo, como la próxima jornada frente a una Ponferradina que se juega la vida. Además de los bercianos, nos quedan Bilbao B, Numancia, Nastic y Huesca. Era calendario para soñar, pero ahora será calendario para deambular, y solo el Numancia estará, a priori, como nosotros, el resto todos se jugarán la gloria o la vida. Y yo, en mi humildad, solo les pido a los nuestros dignidad y profesionalidad. Que ganen todo lo que puedan ganar, que no se repita la ominosa racha de diez partidos sin perder de la anterior temporada. Profesionalidad, simplemente. Y si no va a ser así, salgan y díganlo, para ahorrarnos al menos el berrinche.

    Fotos: Xabi Piñeiro (Lugoslavia).
  • Sergio Marcos, el eslabón necesario

    Sergio Marcos, el eslabón necesario

    Reconozco que, de todos los fichajes que el CD Lugo realizó esta temporada, Sergio Marcos (aunque en puridad lo suyo fue una cesión) fue el que más me ilusionó. Más incluso que el de Jonathan Pereira, lo confieso. En los meses de verano en los que Toni Otero iba configurando la plantilla aún estaban frescos en mi retina los minutos que Marcelino le había dado, incluso algunos como titular, en el Villarreal. Minutos de calidad, que son los que las jóvenes promesas necesitan para desarrollarse, nada de los últimos cinco minutos de un partido decidido, sino tiempo de juego en partidos donde el equipo se juega el resultado. Me pareció que ese fichaje daría al medio campo lucense el salto de calidad necesario, demasiado dependiente hasta entonces del buen estado físico de Pita y que la incorporación de David López solo había logrado a medias. En el de Sacedón veía un jugador que, con un poco de paciencia, tendría la clase necesaria para elevar las prestaciones del Lugo en cuanto a calidad y a creatividad. Además, confiaba en que Milla, con experiencia en el trato con jóvenes promesas en las selecciones inferiores, le diese el hábitat adecuado para crecer y que el equipo creciese con él.

    Me equivoque a medias, lo reconozco. Sergio Marcos fue de más a menos y Milla no supo, o no quiso, encontrarle la posición que mejor se adaptaba a las condiciones del chico. Poco a poco fue gozando cada vez de menos minutos, siempre demasiado pegado a la banda, donde su juego resulta intrascendente. Porque, y ahí nace una cuestión no menor, ¿qué es Sergio Marcos?

    No hace falta ser un Guardiola o un Mourinho de la vida para saber lo que NO es. Le falta presencia física para ser un mediocentro puro, de contención, un Seoane, y tal vez no tenga la velocidad de reacción suficiente para ser un trescuartista de los de toda la vida, de juego eléctrico y último pase venenoso. Indudablemente, como ya dije antes, no es un jugador para situar pegado a la cal, donde adolece de velocidad punta. Entonces, ¿dónde colocar a este joven que prometía tanto pero no terminaba de arrancar?

    Mientras que Milla intentaba, con poco éxito, descifrar ese jeroglífico, Marcos fue perdiendo protagonismo. Fue contando cada vez menos, adelantado primero por un David López con mucho oficio, después por un Pita que recuperó las mejores sensaciones y, finalmente, por un renacido Campillo que encontró en Durán la tabla de salvación que lo apartó de ser un fiasco para convertirse casi en un referente. Y precisamente con Durán las cosas no mejoraron mucho en cuanto a protagonismo, para que vamos a negarlo.

    En medio de todo esto, eso sí, eran muchos los momentos que nos seguían recordando que Sergio seguía ahí, esperando, con la calidad chorreándole por las botas. Un par de cambios de juego por aquí, tres pases por allá, un caño contra su par o aquel impresionante golazo que valió tres puntos ante nuestros “amigos” de Girona, en su propia casa y helando el rictus jactancioso de Becerra con aquel zapatazo desde su casa. Si, la calidad no se pierde jamás y no depende de rigores tácticos ni de complicadas jugadas de tiralíneas. Se tiene y punto.

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    El pasado domingo, frente al Mallorca, Durán volvió a darle la titularidad, por un Campillo que empezó a dar síntomas de cansancio. Y funcionó. Habrá aficionados que dirán que hizo un partido discreto, pues si algo tenemos en las gradas del Anxo Carro es facilidad para poner etiquetas rápidamente, pero hizo un partido más que notable. Y lo hizo en la que, posiblemente, sea la posición en la que mejor rinde. Jugando por dentro, incrustado entre un Seoane que le guardaba las espaldas y un Pita que, liberado de la creación del juego, se permitió no pocas llegadas al área balear, todas con peligro. Ahí, sin duda, es donde más jugo se le saca a Sergio Marcos, distribuyendo y creando juego sin tener que recorrer grandes franjas de campo. Funcionó bien y lo hizo en un tramo decisivo de la temporada, donde vamos a necesitar el concurso de todos, y en sus mejores condiciones. De hecho, con su sustitución el juego del Lugo se volvió lento, plano y previsible, y se perdió el control del partido. Algo querrá decir eso.

    Ahora vamos a Valladolid con la baja de Pita por acumulación de tarjetas. En manos de Durán está buscar el recambio que mejor se adapte a las condiciones del partido, que no van a ser fáciles. Veremos entonces si decide dar continuidad a Sergio o prefiere otras alternativas (se da por hecha la vuelta de Campillo y se habla de David López). Sea como sea, Sergio Marcos debe aportar, en lo que queda de temporada, toda esa calidad que tiene y que tanto vamos a necesitar. En una liga tan larga como la Segunda, donde todos los jugadores llegan a los últimos partidos con el gancho puesto y la lengua fuera, tener un activo tan bueno y tan fresco como él. Será importante. Yo, al menos, lo seguiré esperando, pensando que puede ser un eslabón necesario.

    Foto: Xabi Piñeiro (LGV y Boamaneira).