Manu, el Eterno Capitán del Club Deportivo Lugo, estuvo ayer en nuestra Estación 1953 y dejó claro a todo el mundo por qué es el Eterno Capitán: Es una persona que sabe escuchar, que transmite y que llega al que tiene enfrente. Manu es un hombre tranquilo pero con mucho sentimiento y con las ideas claras.
Pero es que Manu es mucho más: Es un tío muy interesante al que le gusta hablar, departir y contar batallitas. ¿Y qué mejor ocasión para evocar recuerdos que el noveno aniversario del ascenso? El ascenso en Carranza, el penalti de Manu, el Docu Héroes, la celebración… También tuvimos tiempo para hablar de otros grandes capitanes del CD Lugo (y amigos de Manu): Carlos Pita y Fernando Seoane.
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¿Cómo describir con palabras ese momento? Primero, un enorme barullo. Silbidos como cuchillas clavándose en el tímpano. Un golpe seco. Como una puñalada en un callejón en invierno. Un trazo cutáneo tan limpio que deja un hilo de sangre que recorre un curso regular. Entonces, un profundo silencio, previo al ardor en la garganta que nos llevó a gritar por encima del umbral del dolor. ¡Gol, joder, gol! ¡Manu de mi vida, lo has conseguido! El capitán del CD Lugo mantuvo el temple después de toda una temporada, de una prórroga y de los fallos de algunos compañeros. Un recuerdo para la historia que permitió a aquella irrepetible plantilla cumplir el sueño de toda una ciudad. La misma que sólo había visto en Segunda a su equipo un curso. (más…)
Cuando a un aficionado del CD Lugo le embarga la tristeza revisa la tanda de penaltis del ascenso en el Carranza. Se ajusta los cascos y cierra los ojos para que la voz de Alfonso Pardo se cuele hasta el intestino grueso. Son apenas ocho minutos que consiguen trasladar al escuchante a la felicidad más plena. Aunque conoce el final sufre con los errores. Piensa que todo está acabado tras los fallos de Berodia y Belforti y salta de su asiento con el tanto de Manu.
Manu, el Eterno Capitán del CD Lugo no está. Hoy muchos nos subimos a la silla. Lo hacemos con decisión, sin atisbo de duda, sin temer consecuencias, desoyendo a los que esgrimen estadísticas y modelos de negocio y escupen argumentos basados en hojas de cálculo desprovistas de vida. Hoy muchos nos subimos a la silla para gritar: «¡Oh capitán, mi capitán!», como un mantra que mitigue el dolor por perder algo que nos ha proporcionado demasiados momentos de gozo como para ser olvidado.
El 24 de junio es un día marcado en rojo por el aficionado albivermello. Podría ponerme a explicar el motivo, pero el tío que lleva en su piel tatuada esa fecha lo sabe perfectamente, Manu, Escalona, Víctor Marco e Iván Zarandona lo saben también. Melli, Liru, amén Quique Setién y Juanjo Larramona (como mola la rima, prima) en la otra punta de la península lo saben, Pablo Abuín en el sur lo sabe, incluso Óscar Matalobos allende los mares lo sabe (y Claudio Monti más allende los mares todavía ni os cuento). Xacobo, Cupeiro y Kike. Ico y Marina. Carlos Gegúndez, Pablo Durán, Juan Tosar y Dani Baniela. Sande y Ramada… ¡Iago Casal! Todos ellos lo celebran.
Quedan muchos por nombrar, sería imposible recordarlos a todos. Cada uno de ellos tiene una historia y un recuerdo de aquella calurosa tarde dominical de Arde Lvcvs en Augas Férreas, en Cádiz, en su casa, en el bar, incluso en Valladolid. Una historia curiosa y un recuerdo dulce.
El cierre del mercado de verano está a la vuelta de la esquina y equipos como el Lugo todavía no han cerrado sus plantillas. Luis César Sampedro afirmó en la previa al partido frente al Real Zaragoza (sábado, 21:00 horas) que “en las próximas horas pueden confirmarse varios refuerzos”. (más…)
Junta la inauguración de un estadio que lleva el nombre de un expresidente de una Diputación imputado, que está allí, subido a los muros, impecable, de traje, bañándose en las alabanzas de los nativos, con estampas tan gloriosas como el director deportivo de tu equipo subido en una loma de tierra tomando notas.
Incluye en la ecuación niños enloquecidos tirando piedras al césped artificial y girando los aspersores hasta convertirlos en chorros de infierno acuático capaces de destruir a cualquiera que esté a menos de 20 metros.
El Gómez Besteiro Arena, de gala.
Si todo esto te parece poco, te propongo como aliciente una pista recién asfaltada con coches en las cunetas, la Guardia Civil impidiendo más acumulación mecánica, miembros de la prensa saltando los muros intentando hacerse con los números y nombres de los jugadores con encuestas rápidas a pie de campo en un “sindios” poético.
Levanta la cabeza y disfruta de lo que hay alrededor. En el infrafútbol lo menos importante ocurre en el campo. No hagas caso. Otea el horizonte. Otea. No te cortes. Otea, que es gratis. Disfruta de ese aficionado que, usando la barandilla como si se tratase de la barra de un bar, le comenta cositas a Leuko al oído sobre lo fuerte que está por tirar un balón fuera del campo. Y sigue la trayectoria de ese balón. Aguanta la mirada en ese punto, y podrás ver a un operario saltar el muro que rodea el campo con una escalera de mano para ir a recuperarlo. Disfruta de esto, que vale oro. Escucha a la grada, que es sabia. Llevan la cuenta de los balones que se marcharon fuera. Van 4, y subiendo. Pero cuidado con tanto otear, o te atropella el camión de la orquesta que viene a recoger el equipo de sonido.
Infraestructuras del infrafútbol para recuperar balones.
Y entre estampas dignas de postal quizás tengas un momento para centrarte en esos muchachos que se están pegando unas patadas finas en el campo. Porque el Compostela pegó. Que se lo pregunten a Miquel, Pedrosa o Seoane.
En cuanto al fútbol, pues no hubo gran cosa. El partido fue más difícil de digerir que un botelo con polvorones de guarnición. Se vieron cosas, como Leuko actuando de lateral izquierdo durante unos minutos o detalles como la poca consistencia física de Yelko, que como no se mace en el gimnasio va a pasarlo mal en Segunda División. ¡Ay!, qué pena que en el Levante ya no siga Ballesteros.
Hasta hubo chilenas. Fútbol de salón.
Por lo demás, mucha rotación, minutos para todos y dos chilenas. Dos. En semejante oda al fútbol somnífero hubo espacio para dos chilenas, una para cada bando.
Y cuando todo parecía abocado a un empate a cero legendario, apareció el Goikoetxea zurdo, don Manuel Rodríguez Morgade, que convirtió un centro en una especie de dardo envenenado que se comió el portero y acabó dentro. Fue tan inesperado que ni lo celebró. Fue tan churro que se notaba que el propio Manu se contenía la risa. Era el colofón perfecto a un espectáculo caricaturesco.
Jugadores de Pokemon Go impactados ante la aparición de dos pokemons legendarios.
Y la guinda la puso nuestro Juanelo, un tipo que tiene todas las papeletas para ser uno de los nuevos iconos albivermellos, por entrega, por carisma, porque corre más que el autobús. Una mala entrega de uno de los defensas sirvió para que Joselu robara el balón, regateara al portero y marcara el segundo gol ya casi con los 90 minutos cumplidos.
Cabe destacar que en la SD Compostela volvió a jugar un histórico como Juan Cabrejo, a sus 41 años. Y nosotros ahí, sin fichar a Carolo para suplir a Caballero ni nada. De vergüenza.
Gloria eterna al infrafútbol. Estos ratitos dan la vida.