La gente de Lugo tenía ganas de Puma. Tenía ganas de ver si todas esas maravillas que nos contaban desde Panamá y Vitoria eran ciertas. Había que verificar que las garras estaban afiladas y que la vista solamente se fijaba en la portería rival tal y como parecía que podía ser visto el partido de la semana pasada ante el Fuenlabrada.
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