Etiqueta: Abonados CD Lugo

  • Lugo, una afición ¿de segunda?

    Lugo, una afición ¿de segunda?

    Una de las cosas que más me gusta de ir al Anxo Carro a ver jugar al CD Lugo, es que la de Lugo es (en mi opinión obviamente parcial) una afición con un comportamiento casi ejemplar. La gran mayoría del público es, salvo provocación, respetuosa con el rival (aunque algún cafre insultando hay siempre) y con los exjugadores que nos visitan. Se aplaude el juego más que el resultado y en momentos y partidos clave suele responder como es debido. Digo casi, sin embargo, porque hay 2 cosas que me llaman la atención respecto a otros campos en los que he estado: los decibelios, ya que el nivel de animación es más bajo que en otros estadios más ruidosos y lo que nos ocupa en este artículo, que es la escasa asistencia al campo.

    (más…)

  • El Lugo aprueba un presupuesto de 6,7 millones, un 10% más, con el superávit como meta

    El Lugo aprueba un presupuesto de 6,7 millones, un 10% más, con el superávit como meta

    Las indemnizaciones de Toni Otero y Luis Milla, la construcción de un Fondo Sur propio, la rescisión del contrato con Enfíos… Estos fueron algunos de los temas tratados en la junta general ordinaria de accionistas del CD Lugo S.A.D que tuvo lugar este viernes. El primer año de la Era Saqués deja un déficit de 71.450 euros, una cifra, todavía negativa, pero inferior a los 849.929 euros de pérdida que se registraron en el ejercicio 2014/2015, el último de la directiva encabezada por José Bouso. El equipo contará con un presupuesto de ingresos de 6,77 millones de euros para el curso 2016/2017, un 10% superior al curso anterior. Con unos gastos previstos de 6,26 millones de euros, la directiva que preside Tino Saqués prevé un superávit de 45.000 euros para la próxima temporada. El club aprobó estas cuentas con el respaldo del 99,72% de la masa accionarial. (más…)

  • Saqués, ‘año zero’, intenciones y cojones

    Saqués, ‘año zero’, intenciones y cojones

    Tenemos una relación duradera. Esta temporada cumplimos nuestro décimo aniversario. Te conocí de oídas. Por un tío futbolero, que era del Barça, el mismo que me metió en vena amar a tipos como Rivaldo, pero el que me dijo que en la ciudad existía un club con historia al que merecía la pena ir. Al principio fui reacio. En mis cromos no veía tu escudo ni por asomo, y eso de militar en Tercera División, una categoría que ni conocía, me hacía verte con recelo. Pero cuando todavía no tenía consciencia me habían llevado al Anxo Carro y lo cierto es que lo había pasado como un enano, como lo que era.

    Hasta los 14 no tomé consciencia de lo que era sacarse el carné, ese cartón con el que uno firmaba un compromiso inquebrantable. Me acuerdo que te las veías con equipos como el Vilalbés, que las cuentas no te salían y que a veces decías que lo ibas a dejar. Resististe. Aguantaste los embates del destino. Los cojones de Ángel Cuéllar y su promoción te sacaron adelante. Ascendiste frente a la Segoviana. Estaba en Inglaterra, muriéndome del calor en un cuarto que olía a judías en tomate, acompañado de dos italianos pijos y un ucraniano hijo de militar. Era un intercambio de estos para aprender inglés, pero lo máximo que conseguí fue entonar en You’ll never walk alone. Hemos pasado por muchas, mas aunque la cerveza que empape mis neuronas (a casi seis euros la litrona en tu casa), los recuerdos de los ascensos y las derrotas amargas están en mi partitura mental.

    Hasta al Dépor tuvimos que pedirle limosna en su día. Qué desgracia la nuestra

    Con el ascenso a Segunda tuvimos una crisis. No entendía tu cambio a Sociedad Anónima Deportiva. Creía que te habían sentenciado, por culpa de esa maldita mercantilización que os persigue a todas las entidades humildes. Nos reconciliamos con la aventura en la categoría de plata. Tus clasificaciones históricas de mano de Quique Setién fueron argumento suficiente para encandilarme. Pero todo se acaba. El cántabro nos dice adiós y toca empezar de nuevo. Año zero, con zeta, a lo punk, con la filosofía ‘Do it yourself’ de Tino Saqués, un tipo al que conocemos pero del que sólo nos cuentan cosas malas.

    Milla, Otero, cantera y futuro (¿Oxímoron?)

    Los nuevos, esa suerte de adalides del borrón y cuenta nueva, levantaron el telón en el Pazo de Feiras y Congresos. Se confirmó la adjudicación del banquillo a Luis Milla. Era un secreto a voces. No era mal futbolista. Centrocampista de toque y buena visión de juego, se fue al Barcelona con 18 tacos. Después de seis años se tiñó de blanco para fichar por el Real Madrid. Se fue al Valencia para culminar su palmarés. Un global interesante, igual que él de su probable acompañante en el banquillo, un Luis Cembranos que consiguió devolver a la Cultural Leonesa a Segunda B, un equipo que también se perdió en las tinieblas de la Tercera División.

    Milla se inició en el conjunto ché, para luego acompañar a Michael Laudrup en un histórico Getafe, aquel que conquistaba Europa y no era el hazmerreír por su paupérrima afición. Después dio el salto a la selección española sub-21, con la que ganó la Eurocopa 2011 de Dinamarca, con perlas como Thiago Alcántara, Barta o Sergio Canales. Su última parada antes de llegar a Lugo fue Emiratos Árabes Unidos, un paraíso futbolístico en el que tantos jugadores van a lamer el culo del bote económico.

    En la dirección técnica del proyecto ‘saquesiano’, por llamarlo de alguna manera, estará Toni Otero, quien rompió su vinculación con el Celta de Vigo tras 23 años. Estuvo al frente de las categorías inferiores del conjunto vigués durante siete temporadas, una época dorada de un fútbol base olívico que conquistó éxitos de todo tipo. Basta comprobar que una parte de la plantilla del Celta está compuesta por hombres de la casa como David Costas, Levy Madinda o Rubén Blanco; tres nombres que ya están apuntados en la quiniela de los candidatables para la próxima temporada. Sin duda, esta conexión puede ser harto provechosa para los intereses de un Lugo que necesita savia joven para afrontar los retos del futuro. La extensión de los contratos -tres años en el caso de Milla, cuatro para Otero- demuestran la fuerte apuesta del nuevo dueño del Lugo.

    En consonancia con el perfil de Otero está la más que posible creación de un filial, algo que se antoja totalmente necesario. Un equipo que tiene como objetivo asentarse en Segunda División no puede renunciar a un patrimonio como el que aporta ‘un equipo B’, un trampolín para metas mayores. Los rojiblancos han sido durante varias temporadas referentes en buen juego, así que va siendo hora de que poner los mimbres de una futura base que asegure los triunfos del futuro. Se plantean varias opciones: desde la creación de un equipo nuevo hasta el convenio con conjuntos de la ciudad, siempre con la Primera Autonómica como punto de referencia. Volveríamos a los tiempos del Outeiro, donde se mantuvo en estado precario el sueño de tener un emblema de cantera.

    Del juvenil al primer equipo se necesita un salto intermedio

    Todos los juicios primeros van con la asunción de que hay que esperar a lo nuevo y de que no hay que rasgarse las vestimentas hasta ver los primeros resultados. Otro de los puntos fuertes del nuevo proyecto es la creación de una grada joven, idea implantada en otros campos que ha de servir como estimulante a nuevas peñas. Nunca debe usarse como un modo de represión o enfriamento, táctica usada por otros clubes con problemas en el ámbito ultra y hooliganístico. Visto el escaso poder de convocatoria de los desplazamientos, va siendo hora de potenciar los viajes, con ayudas para aquellos que se aventurar a soportar los largos viajes para ver a un Lugo que a domicilio no muestra la mejor de sus caras.

    Uno de los principales valores de la nueva era es el propósito de congelar el precio de los abonos, medida de urgencia para conservar cuanto menos  la media de 3.000 espectadores en el Anxo Carro. A destacar es la ambición de intentar crear peñas por toda la provincia. Triste semeja que el Lugo cree simpatías más allá de los Ancares y no en territorio propio. Pasión, como reza el lema del ‘saquesimo’ es lo que necesita un equipo cuyo seguimiento quedó retratado con la promoción de ascenso del Breogán, que demostró una vez más que esta ciudad es más de pelota naranja que de césped.

    Los visos de cambio no niegan el perpetuo agradecimiento a Carlos Mouriz, José Bouso y Quique Setién, una terceto incomparable que puso en el mapa a esta ciudad. Tres caballeros que enardecieron a las masas y las vistieron de rojiblanco. Un grupo humano que supo sacar lo mejor de sí de un equipo condenado otrora a jugar con el Cerceda y que ahora tumba a históricos como el Zaragoza u Osasuna. Pero llegó el momento de arrimar el hombro y enarbolar la bandera del lucensismo, esa que sirve para contradecir a las grandes ciudades, a los complejos localistas y a la bilis del fútbol moderno. Es hora de engrandecer el imperio de la humildad con cojones, un argumento genital que nunca falla en las cloacas del capital negociado donde se obliga a vivir a los modestos.

  • 2786

    2786

    2786. Dos mil setecientos ochenta y seis. Voy a repetirlo por tercera vez, 2786. Ese es el número de espectadores que se (nos) concentramos en el Anxo Carro para animar al CD Lugo frente al Recreativo. Ahora que el partido ha pasado todos estamos más relajados, pero quiero recordar que, antes de que el balón comenzase a rodar el domingo, el partido era poco menos que crucial, contra un rival directo por la permanencia y que, de torcerse las cosas, y estuvo cerca la cosa, nos toparíamos con el descenso mordiéndonos los tobillos. Pues bien, ante esa cita tan importante, solo nos congregamos 2786 aficionados. Ese es el poder de convocatoria de este equipo, esa es la masa social, esos somos “os de sempre”. Ante el ruido acerca de la propiedad del equipo, eso es lo que hay: dos mil setecientos ochenta y seis. De pena.

    De pena, si, y no os enfadéis, pero es lo que hay. Un equipo que hace cuatro días se arrastraba por el barro de Tercera y que ahora vive el sueño del fútbol profesional solo mete en su campo a 3000 tipos, habas contadas, de media. Recuerdo cuando, tras el ascenso, todos clamábamos por una grada en el fondo sur, que qué mal quedaba el campo así, y además se iba a llenar. Ahora la misma grada languidece, solo habitada por los colegios de la provincia que vienen, a menudo invitados, y poco más. Tribuna y Preferencia muestran cada vez más huecos y hasta el Fondo Norte, otrora la zona más habitada del campo, muestra alarmantes calvas.

    No me trago milongas a este respeto, lo siento. El club no ha podido poner los abonos más baratos (recordemos que cada persona que compró el paquete de 77 acciones recibió a cambio la prebenda de no pagar abono durante dos años), e incluso ha habido alguna promoción que otra. Me rio en la cara del que dice que es caro ver al Lugo, como me rio del que dice que la ciudad es más del Breogán, como si tuviese algo que ver, como si en el Pazo se juntasen 20.000 almas a animar a los de Lisardo Gómez. El Anxo Carro es incómodo y hace frío, correcto, pero no más que la mitad de estadios españoles, incluido el Bernabéu, donde el año pasado casi cojo una pulmonía, o el Camp Nou o el Calderón, con tres cuartas partes sin cubierta y bajo la lluvia. No, la gente no baja al fútbol porque no le sale de sus santísimas gónadas. Eso si, para opinar al calor de la barra del bar, copa de Soberano y palillo en boca, que si Pita o Manu, que si Dani Mallo o Aganzo, que si Saqués o López. Bah.

    Y luego está el rollo de la venta de las acciones de la Diputación y el Concello, que os juro que si tuviese un millón y medio lo metería en eso aunque solo fuese para que se acabase el tema de una puta vez. El domingo la polémica llegó, como era de prever tras la rueda de prensa de Mouriz, al estadio, donde se gritó en contra de Saqués y hasta se vio alguna pancarta con jocoso juego de palabras, acróstico incluido, de apoyo a la directiva actual (entiendo que querrían decir Consejo de Administración) y rechazo al empresario que vino del frio (del frío industrial, concretamente). Se cantó “Tino no te queremos” e incluso “O Lugo somos nós”, cosa que me produjo no poca hilaridad, primero porque o bien todos lo que lo corearon son accionistas, cosa que dudo, o la canción no estaba en lo cierto, y segundo, porque me dio por pensar que si el Lugo éramos solo los que estábamos en el campo (otra vez lo repito, 2786), muy jodidos íbamos a estar.

    En mi opinión, y de eso, de opiniones, cada uno tiene las mismas que ombligos, y tal y como están las cosas, los accionistas, socios y aficionados del Lugo tendríamos que besarle los pies (por no decir otra cosa) al que venga y ponga un millón y medio largo por este equipo, apellídese López, Saqués o Aurora do Carballiño, pero en lugar de eso nos ponemos a pitarle, a sacarle pancartas o, desde el otro lado, pitar a quienes cantan o sacan pancartas. Un sindiós, en definitiva, alimentado por todos, que queremos hacernos los entendidos de concursos, proyectos deportivos y enajenaciones de acciones. ¿Sabéis lo que me gustaría, que las pancartas a favor o en contra de Saqués, López y el Consejo de Administración se convirtiesen en pancartas y cánticos de apoyo a los chavales que se están jugando la permanencia en el verde, y en contra de Tebas, que ese si que nos está jodiendo bien. Ese, por cierto, si fue un cántico que secundé. Ese y los de apoyo al equipo, que es lo que debería importar ahora, no andar con dimes y diretes de este o aquel. El equipo, el escudo, por encima de todo. Cuanto nos cuesta asimilar eso.

    En definitiva, si somos pocos y encima, divididos, mal futuro le veo a la historia . No seré yo, liberal convencido, el que le niegue a nadie la capacidad de protestar sobre lo que le salga del orto, faltaría más, pero sí pediría que, en la balanza, pusiese lo que necesita ahora mismo más el equipo, apoyo o convertir cada partido en casa en una soflama a favor o en contra de dos individuos, Saqués y López, que de momento no marcan goles. Además, la vida es muy puta y le gusta gastar bromas pesadas, aún cabe la posibilidad de ver adular a alguien a los mismos que antes lo mataban, cosas más raras se han visto. Dediquémonos a lo nuestro, y a ser posible en mayor número, que no vamos a sacar más tajada que celebrar la permanencia del equipo. Eso es lo que importa, en eso si que diré que o Lugo somos nós.

  • Nivel completado

    Nivel completado

    El primer asalto del Lugo en la Copa del Rey resultó exitoso. Las buenas temperaturas vinieron acompañadas de idénticas sensaciones en un partido entretenido. El único gol del encuentro fue obra de Lolo Coronado, un tanto redentor que deja al emeritense en muy buen lugar en la carrera hacia la titularidad. Eso si, los aficionados presentes tuvieron que esperar hasta el 77. (más…)

  • No es ciudad para fútbol

    No es ciudad para fútbol

    Queridos amigos y vecinos, el otro día estaba echando una ojeada a mi TL de Twitter (el TL es el “timeline”, para los que no conocen la red social del pájaro azul) cuando me tropecé con un tuit del inefable Manuel Cordido (saludos, Manolo, ¿este año también estás acreditado como Prensa en el Anxo Carro?). El tuit en cuestión, del 5 de Agosto, daba unos datos que a mi, personalmente, me parecieron brutales. Brutales y también un poco vergonzosos, para que negarlo. Indicaba que, a esa fecha, el CD Lugo llevaba 1.568 abonados. La Ponferradina, en una ciudad con cerca de 30.000 habitantes menos, llevaba 2.754. Soy de letras, pero os voy a ahorrar la molestia de que saquéis el móvil para calcular la diferencia: en Ponferrada nos aventajaban en 1.186 abonados. Casi nada. Es algo a lo que llevo dando vueltas desde que resido en la muy noble ciudad de Lugo. Es algo que escapa a mi conocimiento y a mi entendimiendo. Me refiero, lógicamente, a la extrema dificultad que tiene el club rojiblanco para atraer nuevos aficionados, nuevos abonados. Mientras el equipo penó por Segunda B lo atribuí a lo poco atractivo de la categoría, de los rivales y de los jugadores que jugaban cada quince días en el Anxo Carro. También al frío que hace en invierno, a lo incómodo del campo (gracias, sucesivos gobiernos de la Xunta, por tener tan bonito el Anxo Carro, y tan arregladito) y al coñazo de bajar hasta el río al fútbol. Excusas más o menos válidas pero que me iban valiendo para explicar las paupérrimas afluencias de espectadores. Es verdad que hace un frío del carajo en invierno, que el estadio es una calamidad y que los accesos son poco menos que tercermundistas, cruzando la Nacional – VI como jabalíes, que un día va a haber una desgracia pero, seamos serios, si te gusta el fútbol y tifas por el equipo de tu ciudad, todo lo anterior son nimiedades. Un par de cervezas en el Vilacoba (¿os hemos dicho que es nuestra sede social?) y a tirar millas. Con el equipo en posiciones de ascenso a Segunda el equipo vivió un repunte de masa social, y las eliminatorias de ambas temporadas se vivieron con el Anxo Carro luciendo muy buenas entradas, casi lleno. En el ya histórico partido del Carranza, la ciudad se volcó atestando la Plaza de Augas Férreas, bares y salones de pisos de colegas para ver por la TVG el milagro del ascenso. Y yo, iluso de mi, pensé: “Ahora si, ahora el Lugo ha prendido definitivamente en Lugo”.

    Me equivoqué, como casi siempre. En la primera temporada del Lugo en Segunda División veinte años después, la segunda en toda la historia de la entidad, se notó un ligero repunte en las entradas y en los abonos, pero lejos del boom que se esperaba con el retorno al fútbol profesional. Más de lo mismo el año pasado, acuñando una expresión ya clásica cuando alguien te pregunta si había mucha gente en el campo, “os de sempre”. Y ese “os de sempre” se cuantifica, de forma empírica ahora que por fin hay tornos y el dizque speaker del Lugo se desgañita en decirnos cuantos somos, en una cifra que baila entre los 3.500 y los 3.700 aficionados. Incluso podría asegurar que la oscilación depende de los aficionados que vengan del otro equipo. El día de la Ponferradina, alguno más; cuando viene el Sporting, bastantes más. Y claro, cuando viene el Deportivo de La Coruña, medio campo más, aunque ese día parece que todo lucense es del Lugo y todos tienen derecho a una entrada. Pero sólo ese día. Sea como fuere, el CD Lugo tiene un problema evidente en ese aspecto. Ha sido incapaz de enganchar a los ciudadanos con su proyecto, de que la gente que no es se haga del Lugo y de que la gente que lo es arrime un poco el hombro y se haga abonada, o al menos vaya regularmente al campo pagando su entrada, incluso atravesando el mejor momento deportivo de su historia. No sé los términos en los que el misterioso empresario anónimo, pero que todos conocemos y que puso la grada de fondo sur, negoció su explotación con el Lugo, pero bien le pudo aprovechar la visita del Depor, porque el resto de la temporada lució prácticamente vacía, esqueleto de multitudes, llegando a rellenarse con invitaciones a colegios de la provincia (por cierto, a veces animaban más los críos que el resto del campo, pero de la piperización del Anxo Carro hablaremos otro día). La Tribuna y Preferencia raramente muestran algo más que media entrada, a veces menos, e incluso el revoltoso fondo norte muestra calvas en las esquinas. El Lugo no conecta con Lugo.

    Y las excusas se acaban. Los precios de los abonos son de los más baratos del fútbol profesional español y este año, si llevas contigo a alguien que quiere hacerse abonado, te descuentan un 20% en la renovación de tu carnet. Mal que bien, las dos esquinas de Preferencia, antes descubiertas y consideradas General, se han cubierto y ya no se mojan. Y esto es la Segunda División, y este año van a venir un carro de equipos ex-Primera, con jugadores que hasta hace poco veíamos por la tele, y… pero los números de abonados suben tan lentamente que desespera, no se ven colas para cambiar sitio y tampoco se adivina movimiento en la ciudad ni excesivo fervor rojiblanco. Espero equivocarme, pero la sensación es que no se van a superar las cifras de abonos del año pasado, y seguramente tampoco la asistencia media.

    unnamed (1)

    Es cierto que la ciudad siempre se ha identificado más con el baloncesto, que el Breogán ha dado más alegrías y que la pasión por unos colores se tiene o no se tiene, pero no sale de un día para otro. Al que no le gusta el fútbol no le va a nacer la afición porque el equipo de su ciudad ascienda, pero me niego, sinceramente, a creer que en Lugo (y su provincia, ojo, que viene gente de fuera de la ciudad) no haya más de 3.500 aficionados a los que le gusta ver a su equipo cada quince días. No soy nadie para pedir nada, la cosa está dura para todos y el dinero no aflora en los árboles, pero tampoco veo mejor plan para la tarde del sábado o del domingo que bajar al buen y viejo Anxo Carro a pegar cuatro voces, insultar al árbitro, gritarle a Seoane que tire a puerta o a Manu que no le ganen la espalda. El Lugo nos da alegrías, aunque no nos demos cuenta, casi a diario. Me niego a pensar que Lugo no es ciudad para fútbol.

    Foto principal: LFP

    Foto cuerpo: CD Lugo