Autor: Aarón Cabado Vázquez

  • De gurús e ilusiones

    De gurús e ilusiones

    Dicen los gurús de la vida en general que para conseguir un objetivo es necesario visualizarlo antes. Ilusionarse con la consecución de dicho objetivo, tenerlo presente y usarlo como motivación para iniciar el proceso que te lleve a él. Lo que nunca te dicen los gurús de la vida en general es que a veces arriesgas y no sale bien, que a veces haces un salto de fe y te pegas un hostión de la virgen. Por eso hay que andarse con ojo con ese tema de la ilusión. Ilusionarse sí, vale, pero poquito, casi imperceptiblemente, ilusionarse moderadamente, de modo que si al final la cosa no sale como uno esperaba, todavía se esté a tiempo de demudar ligeramente el rostro y decir que bueno, que son cosas que pasan, que tampoco hace falta dramatizar.

    Hay que tener cuidado con la ilusión, pero a veces tendemos a olvidarnos de ese tipo de cosas, porque la ilusión muchas veces se abre paso a patadas y es difícil de contener. Pasa con las expectativas sobre la vida y pasa también con el fútbol. No sé qué proporción de culpa habrá que achacarle a las películas, pero a veces pensamos que la vida real también tiene guión, y no, ni guión ni leches, la vida real no es mucho más que un caos maravilloso en el que, deberíamos ir aprendiéndolo, no merece la pena buscar un sentido claro.

    Con todo este discursito quería llegar a que, el otro día, en el Lugo-Cádiz, pudimos vivir algo así, pudimos probar el sabor delicioso de la ilusión y también el sabor agrio de las expectativas incumplidas. Porque la valoración del partido es positiva, porque el Lugo sometió al líder la categoría y porque el equipo de Curro Torres dio continuidad a la línea de las últimas semanas, todavía insuficiente para salir de los puestos de descenso, pero que sí ha servido para no descolgarse y recuperar la confianza de una afición que, tras el partido contra el Elche, se había quedado tocada.

    El Lugo sometió al Cádiz en una gran segunda parte y logró un punto que le permite sumar por quinta jornada consecutiva, aunque todavía sigue en puestos de descenso.

    El caso es que el respetable que acudió al estadio Ángel Carro pudo disfrutar de una segunda parte espléndida del Lugo, que asedió a un Cádiz en inferioridad y que se volcó en busca de la remontada. La frustración y la desesperación por las ocasiones falladas mutaron, con el gol del empate albivermello, en ilusión desaforada. ¿Qué ocasión mejor, qué situación mejor, qué circunstancias mejores, para lograr una remontada épica ante el líder y salir de los puestos de descenso?

    Y en el descuento, falta peligrosa para el Lugo. Carlos Pita al lanzamiento, con todo lo que eso conlleva. ¿Qué ocasión mejor, qué situación mejor, qué jugador más idóneo, para anotar el gol de la remontada en el último minuto?

    Si hubiese un guión, y si su autor portase la zamarra albivermella, el guión finalizaría con un gol espectacular, con los jugadores haciendo una piña y con miles de aficionados abrazados en las gradas. Pero ni guión ni guiona: balón al larguero y final, y un empate que no sabe tan mal como una derrota pero que está muy lejos de saber tan bien como una victoria. Un empate que deja un leve rastro de ocasión perdida.

    Los gurús deberían hablar menos de cómo alcanzar el éxito y un poco más de cómo esquivar el fracaso, o al menos de cómo lidiar con él. De aceptar la realidad tal y como es, sin adulterarla con posibilidades pretéritas que no han sucedido y que ya se han perdido por el agujero de las cosas que nunca han pasado. Que nos hablen los gurús de cómo ver el resumen del partido sin visualizar el balón dentro de la portería en el lanzamiento de Pita, que nos hablen los gurús de cómo no pensar en la felicidad de una remontada en el 93’ y que nos hablen los gurús de cómo mirar la clasificación sin pensar dónde estaría ubicado el Lugo si tuviese dos puntos más.  

    Por si acaso todo esto ha sonado demasiado fatalista, y si todavía estoy a tiempo de demudar ligeramente el rostro, os diré que bueno, que son cosas que pasan, que tampoco hace falta dramatizar. Que todavía quedan once jornadas y que si el Lugo sigue jugando como ha jugado este último mes, no tendremos que lamentarnos por esos dos puntos que no tenemos. Forza Lugo y a resistir.

  • El Lugo y las cesiones, un recurso con resultados variados

    El Lugo y las cesiones, un recurso con resultados variados

    Ya han pasado más de siete años desde aquella maravillosa tarde en el Carranza que devolvió al Club Deportivo Lugo a la Segunda División del fútbol español. Así las cosas, el conjunto albivermello afronta su octava campaña consecutiva en la categoría de plata, una suma que le convierte en uno de los clásicos de la división, pues solo Numancia y Alcorcón llevan más tiempo seguido en esta. Desde entonces han cambiado muchas cosas, pero otras siguen siendo iguales: el estatus del Lugo en Segunda División sigue siendo el de equipo de perfil medio-bajo, y el objetivo, como de costumbre, vuelve a ser lograr la permanencia.

    El equipo lucense se encuentra inmerso en la confección de su plantilla. Pese a que en los últimos años ha sido capaz de incrementar sus ingresos en ventas, estos rara vez suelen invertirse en fichajes. Las posibilidades de contratación del Lugo se reducen a jugadores libres, a oportunidades de mercado o a cesiones.

    En el apartado de cesiones, el Lugo 2019-20 ya ha cerrado dos: la del delantero Carlos Castro y la del centrocampista Jaume Grau. Hasta ahora, entre los jugadores que recalaron cedidos en la ciudad amurallada, nos encontramos casos de todo tipo: desde jugadores que se erigieron en elementos importantes del equipo hasta otros que pasaron totalmente desapercibidos. En cualquier caso, esta forma de adquisición de jugadores ha tenido una relevancia capital para que el Lugo, a lo largo de su estancia en la categoría, haya podido completar su plantilla. A continuación, repasamos quiénes fueron y cuál fue su desempeño con la elástica lucense.

    Rennella, Pedraza, Kravets o Lazo llegaron cedidos y triunfaron en Lugo, aunque también hay casos que terminaron en fracaso

    Temporada 2012-13: dos éxitos y dos fiascos. Cuatro futbolistas cedidos recalaron en un Lugo recién ascendido. Yoel Rodríguez cuajó una notable campaña que le sirvió como trampolín para asentarse en Primera División, y David de Coz fue indiscutible en el carril diestro, hasta el punto de quedarse tres años más en el Lugo. En el otro extremo, el delantero Fran Sol, que solo anotó un tanto y que ahora milita en el Dinamo de Kiev, y el centrocampista Samuel Galindo, que llegó procedente del Arsenal y se marchó con solo 117 minutos disputados.

    Temporada 2013-14: Rennella, clave. El delantero galo llegó cedido al Lugo procedente del Betis con el objetivo de suplir la baja de Óscar Díaz, y aunque no alcanzó las cifras de su predecesor, su paso por Lugo fue muy positivo. Con 13 tantos, la contribución de Rennella fue fundamental para que los de Setién lograsen la permanencia.

    Temporada 2014-15: bagaje poco prolífico. Cuatro jugadores llegaron cedidos al Lugo en el verano de 2014. El único que cumplió las expectativas fue Borja Gómez, que se hizo con el puesto habitual de titular en el centro de la zaga. Luis Fernández y Pelayo Novo ocuparon un rol más secundario, mientras que Samu de los Reyes tuvo una participación casi testimonial. En invierno llegó Diego Seoane, que disputó un total de nueve partidos.

    Temporada 2015-16: Sergio Marcos como complemento. El centrocampista manchego llegó cedido por el Villarreal, y si bien fue suplente habitual de Pita y Seoane, sí entró con mucha frecuencia en la rotación (33 partidos en total) e incluso en el once (17 titularidades). El otro cedido, Marc Caballé, apenas llegó a jugar.

    Temporada 2016-17: póquer de aciertos. Campaña extraordinariamente acertada del Lugo en cuanto a cesiones. Alfonso Pedraza realizó una primera vuelta sobresaliente antes de ser repescado por el Villarreal para mandarlo al Leeds, Jordi Calavera fue dueño del lateral derecho durante todo el año, y Marcelo Djaló se hizo un hueco en el centro de la zaga —posteriormente el Lugo lo ficharía y sacaría 800.000 euros por su venta—. A ellos tres se unió en invierno Vasyl Kravets, que vestiría de albivermello dos temporadas más, además de Damià Sabater. El gran fiasco de la temporada fue la llegada, en calidad de cedido, de Brayan Perea, una de las mayores decepciones que se recuerdan en Lugo.

    Temporada 2017-18: más cantidad que calidad. En verano llegaron cuatro futbolistas cedidos: Luis Muñoz, Sergio Díaz, Nico Albarracín y Federico Frydiszewski, si bien ninguno de ellos llegó a asentarse habitualmente como titular. En invierno llegaron José Carlos, Álvaro Lemos, Jaime Romero y Chuli.

    Temporada 2018-19: la irrupción de Lazo. La cesión de José Carlos Lazo por parte del Getafe resultó fundamental para que el Lugo consiguiese la salvación, gracias a su excelente segunda vuelta, en la que dio una buena cantidad de puntos al conjunto albivermello. Giorgi Aburjania dejó detalles positivos pero se mostró un tanto irregular, mientras que la cesión de Jona, que se fue del Lugo sin marcar, fue un fracaso estrepitoso. En invierno llegaron Gerard Valentín y Tete Morente, cuya aportación en general fue positiva, además de un Toni Martínez que no tuvo demasiadas oportunidades.   

  • Conjura a orillas del Miño

    Conjura a orillas del Miño

    El Club Deportivo Lugo se planta en la penúltima jornada de liga con la certeza de que cuatro puntos más serán suficientes para lograr matemáticamente la permanencia, y de que tres se la darían virtualmente. No está ni mucho menos hecho, y el aficionado albivermello tiene que tener claro que habrá momentos en que lo pasará mal, pero lo cierto es que hace algunas semanas todos habríamos firmado llegar a este punto en esta situación.

    El Lugo se pasó toda la temporada coqueteando con el descenso, jugando a esperar a que hubiese tres equipos peores. El salto de fe se fue al traste cuando el Extremadura inició una trayectoria espectacular que le permitió concatenar triunfos y salir del descenso. Ahí le tocó al Lugo reaccionar. Se destituyó a Alberto Monteagudo y llegó Eloy Jiménez con el objetivo de reactivar al equipo. Y, exceptuando su nefasto debut ante Las Palmas, el técnico ilunense ha conseguido su propósito: el Lugo ha cosechado ocho de los últimos doce puntos en juego y se ha colocado en una situación ventajosa para sellar la permanencia.

    La mejoría del conjunto lucense se ha sustentado en la valentía en casa y el pragmatismo a domicilio. Uno de los motivos que propiciaron la destitución de Monteagudo fueron los nefastos resultados en un Ángel Carro que no vio ninguna victoria de su equipo desde el triunfo ante el Rayo Majadahonda, a finales de enero, hasta el encuentro ante el Almería, ya en mayo y con Eloy Jiménez a los mandos.

    El triunfo ante los almerienses fue balsámico, y el posterior contra el Deportivo, esperanzador. Ahora, el Lugo jugará su último partido en casa contra el Tenerife, rival directo, y con la oportunidad de lograr la permanencia con una jornada de antelación. La afición lucense se ha conjurado y ha decidido aparcar momentáneamente las críticas para apoyar fervorosamente a su equipo. El club, además, ha entendido que debía poner de su parte: deshizo el día del club programado para el partido contra el Deportivo, financió el viaje de sus seareiros a Almendralejo y ha puesto las entradas a un euro para el enfrentamiento crucial ante el Tenerife. La temporada ha sido dura, pero ha servido para demostrar que el Lugo y su afición tienen orgullo y que quieren seguir disfrutando de la Segunda División. Este domingo, no lo olviden, es el día de darle la sentencia al descenso.

  • Nuestro lado irracional

    Nuestro lado irracional

    Corría el minuto cincuenta y pico del Lugo – Granada. Balón al aire, salta un jugador de cada equipo, chocan y ambos caen al suelo. El árbitro pita falta a favor de los nazaríes. Yo no sé lo que ha pasado. No tengo ni idea de si ha sido falta o no. Aun así, me uno al estrépito del graderío y grito, enardecido: «¡árbitro, subnormal!».

    Yo no soy así —quiero pensar—, pero es que el fútbol nos vuelve gilipollas. Insisto, el fútbol nos vuelve tremendamente gilipollas. Saca nuestro lado más irracional, visceral y repulsivo. Hay quien se vuelve imbécil con el transcurso del partido, quien se transforma al cruzar el umbral de la puerta del estadio y quien ya es imbécil antes de salir de casa. Creo que yo soy de los primeros: al principio veo el partido en silencio, pero con el paso paulatino de los minutos la atmósfera me envuelve y me embriaga con su elixir. Y en algún momento, el vaso se colma y se derrama. A mí me pasó en el minuto cincuenta y pico.

    Por aquel entonces, el Lugo iba perdiendo 0-1 por culpa de un gol de falta de Vadillo. Partido cerrado, como se podía prever, con mucha intensidad pero poco fútbol por parte de ambos conjuntos. Igualdad, pocas ocasiones y dos equipos que priorizaban no dejar espacios por temor a recibir un revés.

    En el minuto cincuenta y pico ya se veía venir lo que acabaría sucediendo. El Lugo, tímidamente, intentaba buscar el empate, pero le costaba generar peligro. El partido se embarraba cada vez más, una situación que generalmente resulta más ventajosa para el equipo que va por delante. El Granada supo manejarse en esa tesitura, el Lugo no. Un poco después, Puertas golpeó a Miguel Vieira en la espalda sin balón de por medio, el portugués se giró y Díaz de Mera decidió mostrarle amarilla a los dos. Si los insultos fuesen balas, habría muerto acribillado en el acto.

    Ya habíamos traspasado el punto de no retorno. Cada decisión arbitral desfavorable para el Lugo venía acompañada de improperios y exabruptos. Luego llegó la acción del penalti de Josete sobre Rodri. «¡Pero si no le toca, no me jodas!», exclamé. Por la noche vi la repetición y en realidad sí le toca, pero qué más da.

    Adrián Ramos anotó el 0-2 y nos trajo el invierno de vuelta. Acto seguido respondió Cristian Herrera con el 1-2 y apenas un minuto después el canario tuvo el empate en las botas, pero no consiguió darle dirección hacia portería. El resto del encuentro transcurrió dramáticamente, con un Granada ordenado y un Lugo inocuo. Y al final, derrota. Monteagudo naufragó en la dirección: quitó a los dos delanteros titulares e introdujo a los dos del banquillo, sin realizar ningún cambio táctico ni tomar ninguna decisión que dotase al equipo de mayor vocación ofensiva.

    Me pregunto si Tino Saqués decidió destituir al ya ex entrenador del Lugo en el minuto cincuenta y pico, en el ochenta y tantos o después de que el árbitro señalase el final. Me pregunto si fue una decisión irracional o reflexionada. En cualquier caso, nos cogió a todos por sorpresa. Hace más de un mes, cuando el equipo parecía estar muerto, el presidente decidió darle continuidad al de Valdeganga, por lo que sorprende que lo haya destituido ahora, cuando el juego y las sensaciones habían mejorado. No obstante, las cifras de Monteagudo al frente del Lugo son nefastas: empeoró los números de Javi López y se marcha dejando al equipo en descenso.

    Llega Eloy Jiménez para dirigir a los lucenses en este tramo final de campaña. La situación es muy delicada y el calendario no es sencillo, pero la permanencia está a solo dos puntos y quedan siete partidos por delante. Esperemos que el fútbol nos siga volviendo gilipollas, y a poder ser, que sea en Segunda División.

  • Ir zafando

    Ir zafando

    En la vida y en el deporte hay diversas maneras de afrontar las situaciones. El Lugo de Monteagudo, que se encuentra en una tesitura compleja, ha decidido encomendarse a una filosofía de vida muy noble: ir zafando. En los primeros compases de la temporada, el objetivo consistía en alcanzar los cincuenta puntos que, se estima, garantizan la permanencia en Segunda División. A medida que transcurrían los meses y que las perspectivas se presentaban poco halagüeñas, se cambió el plan por otro mucho más realista: apañárselas para ir sumando puntos y confiar en que hubiese otros cuatro equipos peores.

    En este sentido, la descalificación del Reus allanó bastante el camino, reduciendo las plazas libres a tres. Progresivamente, el número de candidatos al descenso también ha ido menguando: Elche, Tenerife o Rayo Majadahonda, que hace unas jornadas acompañaban al Lugo en esa zona limítrofe con el descenso, han reaccionado y ya han adquirido una generosa ventaja con respecto a la zona baja.

    El Lugo, mientras tanto, se ha dedicado a ir zafando, alternando partidos malos con partidos regulares que le han permitido sumar puntos a cuentagotas, a pesar de llevar ya más de dos meses sin conocer la victoria. En Alcorcón fue un poco así: los albivermellos saltaron a Santo Domingo sabiendo que el Extremadura había caído derrotado ante Osasuna, por lo que el empate suponía aumentar la ventaja en un punto.

    Alberto Monteagudo, fiel a esta filosofía de ir zafando, quiso reforzar defensivamente al Lugo con la inclusión de Josete como mediocentro, para compensar la ausencia de Pita y Seoane, sancionado y lesionado, respectivamente. El partido arrancó con ritmo lento, como se preveía, pues ni Alcorcón ni Lugo tuvieron a bien hacer gala de valentía. La primera mitad fue un tedio continuo con solo dos ocasiones relevantes. El Lugo no generó nada por dentro y muy poco por las bandas, con jugadas que terminaban en centros desviados. La única ocasión albivermella se produjo tras un error de Aly, que se resbaló dentro del área y le dio a Tete Morente la oportunidad de plantarse ante Raúl Lizoain, pero el guardameta canario achicó bien e impidió el gol. Era el minuto veinte de partido y el Lugo ya no volvería a disparar a portería.

    El armisticio duró aproximadamente una hora, tiempo más que suficiente para que la mitad de los aficionados desplazados hasta Santo Domingo se adormeciesen en sus butacas. Luego, el Alcorcón dio un paso al frente y el Lugo uno hacia atrás. Sangalli, Juan Muñoz y compañía empezaron a conectar con más frecuencia y el Lugo sufrió. Tras una falta lateral, David Rodríguez mandó el balón al poste, en una de las más claras para los de Parralo. Monteagudo movió el banquillo, pero sus cambios no tuvieron ningún impacto sobre el devenir del encuentro, con un Lugo que no supo o no quiso salir de su propia área.

    El equipo fue zafando y es difícil explicarse cómo, porque en el tramo final hizo un esfuerzo encomiable por perder el partido. Tras una acción defensiva esperpéntica, Juan Carlos salvó un mano a mano ante Boateng, y ya al borde del final, Iriome tocó el balón con el brazo dentro del área y el árbitro indicó penalti. Esteban Burgos lo mandó arriba, para alivio albivermello. Y el tiempo se acabó con un 0-0 que permite al Lugo sumar un punto más. Monteagudo apostó por el empate, y, aunque con suerte, lo consiguió. Punto a punto, el Lugo va zafando. El problema es que sigue caminando en la cuerda floja, y lo que está en juego es demasiado importante como para dejarlo en manos de lo que hagan o dejen de hacer los rivales de los albivermellos.

  • Carrera de caracoles

    Carrera de caracoles

    Unas semanas atrás, nos entró el miedo y nos caló el pesimismo. No era para menos: el Lugo había encadenado tres partidos nefastos, con dos goleadas a domicilio (3-0 en Soria y Mallorca) y una derrota en casa ante el Zaragoza después de que los albivermellos se hubieran adelantado en el marcador. Los de Monteagudo firmaron un mes de febrero horrible, tanto por los resultados como por las sensaciones, e incluso llegó a pensarse que el técnico castellano-manchego podría ser cesado.

    No es que desde entonces el Lugo se haya convertido en una máquina futbolística, pero sí se ha sobrepuesto ligeramente de un bache que le acercó peligrosamente al borde de los puestos de descenso. En Oviedo, los lucenses mejoraron en solidez, plantaron cara ante un equipo superior y consiguieron arañar un punto gracias a una acción de estrategia. Este sábado, tras casi dos semanas sin competir, el Lugo se enfrentaba al Cádiz en el Carranza, con el objetivo de seguir sumando.

    Porque esta temporada cada punto está revestido en oro. Se prevé que la 2018-19 nos traerá una de las permanencias más baratas de los últimos años, con un listón que estará por debajo de los clásicos cincuenta puntos que garantizan la salvación. A no ser que los clubes de la zona baja experimenten una metamorfosis, parece que la permanencia estará más próxima a los cuarenta.

    En esta tesitura, los empates cobran mayor relevancia. Este fin de semana, el punto cosechado por los de Monteagudo supuso ampliar la distancia sobre Extremadura, Nástic y Córdoba, los tres equipos que ocupan ahora mismo los puestos de descenso. La lucha por la permanencia es, a día de hoy, una carrera de caracoles en la que lo importante no es llegar a meta, sino estar por delante de tus rivales cuando asome el verano.

    La mejor noticia del partido en el Carranza es que el Lugo no fue inferior en un escenario y ante un rival al que, sobre el papel, debería haberlo sido. Se pudo perder y se pudo ganar, pero el empate, probablemente, hace justicia a lo ocurrido en el campo. Los albivermellos no se limitaron a encerrarse en el área, se asentaron con cierta frecuencia en campo contrario y agitaron la defensa gaditana con más facilidad de lo previsto. La movilidad de Lazo, Juan Muñiz y Tete Morente generó desequilibrio y Manu Barreiro completó un buen partido peleando balones y asociándose con la línea de tres. Además, Sergio Gil suplió con garantías a Seoane y fue capaz de aportar fluidez en la medular del Lugo.

    Barreiro se estrenó como goleador con la zamarra albivermella, en una de esas acciones que uno espera de él: poco estética, pero seca y efectiva. Si el compostelano está a gusto y tiene oportunidades, la permanencia del Lugo estará mucho más cerca.

    La fiesta no fue completa porque Manu Vallejo se empeñó en demostrar, igual que ya hizo en el Anxo Carro, que es uno de los mejores futbolistas de la categoría de plata. Le tiró un caño a Carlos Pita y, casi sin ángulo, clavó el balón en la portería de Juan Carlos.

    Al final, el Cádiz intentó dar un paso al frente para completar la remontada, pero también se desordenó y el Lugo fue lo suficientemente valiente para buscar el triunfo. La tuvo Iriome en un remate claro que le salió en la dirección equivocada.

    El empate deja un sabor positivo, pero la ventaja sigue siendo escasa y el calendario del Lugo no es todo lo favorable que nos gustaría. La próxima jornada, en la que el Extremadura sumará los tres puntos de su enfrentamiento ante el Reus, los de Monteagudo se verán obligados a vencer al Albacete para mantener la distancia en cinco puntos. Si el Lugo es capaz de mostrar con asiduidad la versión que a veces deja entrever, la octava campaña consecutiva en la Segunda División estará más cerca de materializarse. En cualquier caso, lo que sí parece indudable es que de aquí a junio nos va a tocar sufrir. Para eso hemos venido.

  • Lugo, capital Constantinopla

    Lugo, capital Constantinopla

    En el año 330 se hizo efectivo el traslado de capitalidad del Imperio Romano. El emperador Constantino I designó a Bizancio, actual Estambul, como nuevo epicentro de la superpotencia romana. Y el tiempo le otorgó la razón: Roma y el Imperio de Occidente caerían en el siglo V, mientras que el Imperio de Oriente, edificado en torno a Bizancio (que luego pasaría a denominarse Constantinopla), pervivió un milenio más, hasta el XV.

    Las historias que perduran, por lo general, son las heroicas. En el otro extremo de la balanza se acumulan los fracasos, las historias de aquellos que intentaron ser héroes y no lo consiguieron, porque para ser salvador de algo hace falta más que simple voluntad.

    Otro Constantino, de apellido Saqués, intenta erigirse como salvador del Club Deportivo Lugo. El actual presidente de la entidad, que llegó al cargo en el año 2015 tras coger el testigo de José Bouso, se encuentra, probablemente, en la situación más convulsa desde que inició su mandato. La deriva institucional del club, en el que la inestabilidad ha sido patente en cada una de las temporadas, ha alcanzado su punto álgido con los acontecimientos de las últimas semanas.

    Antes de la llegada de Tino Saqués, el Lugo vivió un período de bonanza en los principales puestos de responsabilidad, con el triunvirato formado por el mencionado Bouso en la presidencia, Carlos Mouriz en la dirección deportiva y Quique Setién en el banquillo. Los dos primeros ocuparon sus cargos durante más de una década, mientras que el entrenador cántabro dirigió al Lugo a lo largo de seis campañas.

    En las tres temporadas y media que lleva Saqués como presidente, ya han pasado cuatro directores deportivos (Toni Otero, Emilio de Dios, Víctor Moreno y Emilio Viqueira) y seis técnicos (Luis Milla, José Durán, Luis César Sampedro, Francisco, Javi López y Alberto Monteagudo). Y esta inestabilidad tiene un impacto inequívoco en el rendimiento deportivo. No es una ciencia exacta, pero tenemos claros casos de clubes pequeños que han alcanzado cotas elevadas gracias a una excelente gestión, así como de entidades históricas que se han visto relegadas a categorías inferiores debido a la toma deficiente de decisiones.

    En las tres temporadas y media que lleva Saqués como presidente, ya han pasado por el Lugo cuatro directores deportivos y seis entrenadores

    El Lugo alcanzó la Segunda División con una identidad marcada y la existencia de un proyecto común. En los últimos tiempos, los continuos cambios han propiciado que el club entrase en una dinámica de inquietud interna que ha acabado estallando esta temporada, en la que el Lugo ha destituido a su entrenador —Javi López— por primera vez desde 2002, y en la que también se ha rescindido al director deportivo —Emilio Viqueira— por discrepancias entre él y Saqués. En líneas generales, ambas destituciones han sido valoradas positivamente por la afición albivermella, pero el problema estriba en su contratación. El Lugo, uno de los clubes de menor entidad de la categoría, no puede permitirse una planificación tan esperpéntica como la de este año, un lastre del que resulta difícil reponerse.

    A la inestabilidad institucional se le añade una transparencia nula en el plano deportivo. Como ejemplo, el propio contrato de Viqueira: en el anuncio de su fichaje, el Lugo aseguraba que tenía una duración de cuatro años, pero hace una semana, Saqués explicaba que en realidad dos de esas temporadas eran opcionales. Algo similar ocurrió con Vasyl Kravets: el Lugo anunció en verano de 2017 que ejercía por él una opción de compra, y año y medio después nos enteramos de que el Lugo únicamente tenía en propiedad un 50% de los derechos del futbolista, y que por ende, los ingresos derivados por su traspaso se reducían a la mitad.

    Este cúmulo de acontecimientos ha generado un ambiente de crispación hacia el actual presidente del Lugo; y este ambiente se ha acrecentado todavía más tras sus declaraciones de la semana pasada en Ao contrataque, tanto por el desdén manifestado hacia Quique Setién al expresar su deseo de que el Valencia superase al Betis en las semifinales de Copa del Rey, como por su insólita frase «la figura del director deportivo no encaja en el Club Deportivo Lugo». Al parecer, un presidente con plenas potestades en la parcela deportiva sí tiene encaje. Cambiamos la capitalidad: adiós Lucus Augusti, hola Constantinopla.

    Pd: No todo van a ser malas noticias, al menos ha vuelto el clasicazo del Undecálogo de Borja.