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Don Fernando Seoane Antelo, el hombre de ese momento y ese lugar

por Daniel Martínez Baniela 27 mayo, 2022
Don Fernando Seoane Antelo ilustrado por Pablo del Valle, a caballo
Tiempo de lectura: 3 minutos

No diré que Fernando Seoane Antelo es un héroe porque, ¿qué es un héroe? Desde luego no una persona que prefiere una pick-up a un deportivo y tener una finca de caballos antes que irse de vacaciones a Ibiza a tirar de postureo en Instagram. No, Seoane no es héroe. Tampoco es un crack, esa palabra tan desgastada en el periodismo deportivo que ya ha perdido su significado inicial de jugador superlativo a base de endilgársela al primer piernas que sabe dar tres pases y correr como pollo sin cabeza. Lo que si es Seoane es aquello que en el inicio de la peli de culto El Gran Lebowski llamaban «el hombre que es el hombre de ese momento y ese lugar». Se que suena enrevesado pero después de escribir y borrar un montón de adjetivos creo que esto es lo que mejor describe a Seo: el hombre que está justo en su sitio.

Seoane es lo que ves. No hay dobleces. Tanto dentro como fuera del verde, Seoane es transparente. De hecho, que el tándem que crearon entre él mismo y Pita pasará a la historia por ser Seoane como es: tranquilo, calmado y formal. Si fuesen Batman y Robin todos le asignaríamos a Fernando el papel de Robin, y a él no le molestaría. Sin embargo, sin su concurso nada del Lugo que conocemos existiría. Pita no sería Pita sin Seoane al lado, no tengáis duda de eso. Por eso el matrimonio que han formado ha durado tanto y tan bien.

Lo que si es Seoane es aquello que en el inicio de la peli de culto El Gran Lebowski llamaban «el hombre que es el hombre de ese momento y ese lugar»

Siempre se ha dicho que Seoane era el que daba equilibrio al juego del Lugo. Así era. En el campo ha sido un pivote defensivo que resiste la comparación con cualquier compañero de puesto de Primera División. Magnífico en la colocación, colosal en el corte y titánico en el esfuerzo, nosotros tuvimos en él a nuestro Casemiro de Ames, a nuestro Busquets albivermello. Eso dentro del campo. Fuera es mucho más.

Y es precisamente fuera donde la figura de Seoane toma mayor altura. Contaba Denís el otro día la anécdota del día que Escriche (lo más opuesto a Seoane que se me puede ocurrir) se encaró con el fondo norte a cuenta de ciertas incursiones nocturnas que no vienen al caso. La bronca terminó con una embajada de los aficionados en O Ceao para pedir explicaciones al revoltoso delantero y dio lugar a una imagen gloriosa: la de Escriche escoltado por Pita y Seoane y este último preguntando a la parroquia «a ver, quien le quiere pegar primero». Hay más de esas, como cuando tras una derrota se autocalificó como «unha burra vella», o aquella vez que se escandalizó porque en un viaje el club al que se visitaba cobrase las entradas a los visitantes a 25 euros, «pero eso é moito para ir vernos a nosoutros».

Nos ha dado un modelo de conducta a imitar y una forma, quizás la única, de entender el Lugo. La suya, que debe ser la nuestra.

Por eso, el hueco que deja en el vestuario, en el club y sobre todo en la afición va a ser tan difícil de cubrir que ahora mismo se antoja imposible. Porque Seoane, en cierto modo, ha representado como nadie al aficionado medio albivermello. Cachazudo, campechano y con una retranca que ha lucido hasta el último día, cuando afirmó que no había encontrado acomodo en ningún puesto del club porque «para todo hai que valer». Se me va a hacer muy difícil vivir un Lugo sin él dentro, quizás porque él representa todo lo que quiero de este Lugo. Y el próximo día que lo vea paseando por Augas Férreas como uno más, le daré las gracias por todo. Porque lo que nos ha dado trasciende al fútbol. Nos ha dado un modelo de conducta a imitar y una forma, quizás la única, de entender el Lugo. La suya, que debe ser la nuestra.

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