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Y luego el Lugo… ¿Qué?

por Colaboración 1 mayo, 2021
Rubén Albés tecnico albivermello dirige un encuentro

Esta mañana de dura resaca futbolística me he despertado con unas ganas terribles de poner negro sobre blanco mis sentimientos. Con la lengua pastosa todavía y recién sacado el puñal que un portero suramericano clavó en mi corazón, aprovecho esta ventana abierta al mundo que es la plataforma lugoslava para contaros algunas cosas.

Por Diego Vilanova.

Daniel Hortas publicó en su día un libro que encabezó así: «Y luego Lugo, ¿qué?» Pues bien, esa gran pregunta que los que hemos vivido fuera de Lugo nos hicimos muchas veces -y con ese pequeño giro léxico que ahora me permito realizar- es muy probablemente la cuestión que todos nos hacemos hoy.

Estos últimos nueve años hemos vivido flotando en una nube de felicidad futbolística, viendo pasar por As Saamasas a clubes históricos que muchos jamás imaginábamos en nuestros más húmedos sueños que lo harían. También hemos visto a nuestro equipo en estadios tan míticos como El Molinón, Sadar, La Romareda, Benito Villamarín (o como se llame ahora), Riazor… . No es poca cosa.

La inmensa mayoría de mis recuerdos futbolísticos infantiles me traen nombres como Choco, Arenteiro, Celta Turista, Flavia, Lemos…»

La inmensa mayoría de mis recuerdos futbolísticos infantiles me traen nombres como Choco, Arenteiro, Celta Turista, Flavia, Lemos… fueron muchos años con olor a farias, carajillo y barro, de cientos de gabardinas beige, de almohadillas de escay con el logo de Citroën que usábamos para no congelarnos el trasero en unas gradas de cemento insufribles y que al final del partido acababan en el terreno de juego. De un fútbol popular de verdad, en el que se organizaban excursiones para pasar el domingo en la localidad de turno y disfrutar de sus esencias gastronómicas.

Luego comenzamos a ver al Lugo en Segunda B (nos parecía la leche, tras tantos años en competición regional). General fue cubierta y pasó a ser Preferencia, se comenzaron a ver asientos de plástico y todo, poco a poco, fue cambiando. No sé muy bien cómo, pero de repente acabamos en Segunda División a comienzos de los 90… y yo me lo perdí, porque estaba estudiando lejos. Esa temporada fue un espejismo.

Después, llegaron aquellas temporadas con Fernando Vázquez y Edrosa en el banco, en las que disfruté muchísimo. Hacíamos un fútbol fantástico. Pero de repente caímos a Tercera… Volvimos a la casilla de salida.

El resto de la historia ya la conocéis.

Ahora, posiblemente, estemos de nuevo en esa casilla de salida. Y eso es lo que me ha empujado a escribir estas letras, pues debemos reflexionar sobre lo que se nos presenta y cómo afrontarlo.

Hace unas semanas, oí una interesantísima entrevista a Carmen Lence en RNE, que con mucha clase reivindicó un nuevo tiempo para las empresas, las cuales -afirmaba- se han de basar en equipos humanos formados y no en personalismos (desmarcándose claramente del estilo de su padre). Esa reflexión inevitablemente me llevó a pensar en el CD Lugo SAD y en cómo se ha dirigido durante estos últimos años

Creo que a nadie se le escapa que el principal problema del Lugo no es que descendamos, sino lo que va a quedar tras el descenso: una situación económica incierta y, lo que es peor, una falta absoluta de conexión entre la dirección ejecutiva y la masa social.

Creo que a nadie se le escapa que el principal problema del Lugo no es que descendamos, sino lo que va a quedar tras el descenso».

He dicho en infinidad de ocasiones por RRSS que los principales culpables de la situación del Lugo (en términos empresariales) la tenemos los socios, que no fuimos capaces de adquirir un mínimo de participaciones que permitiese tener el control de la sociedad o, al menos, que contasen con nosotros para «golpes de timón». De alguna manera, nos condenamos solitos a este secuestro mercantil de nuestros sentimientos.

Pero hemos de mirar al frente, y pensar que las cosas siempre pueden cambiar. Hemos de ver esta situación como una oportunidad para reconstruir un edificio agrietado que el dueño no ha sabido mantener, pues somos inquilinos con derecho y, sobre todo, legitimidad moral para llevar a cabo cuanto sea necesario para devolver el lustre debido a esta entidad.

¡Iniciemos una tormenta de ideas!

«Y luego el Lugo, ¿Qué?»

Foto principal: La Voz de Galicia.


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