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Los Núñez, una estirpe del Espanyol nacida en Lugo: emigración desde Bóveda, una final en Glasgow y la camiseta de Solsona

por Denís Iglesias 6 febrero, 2021
Jesus Núñez Espanyol Lugo

Los motivos por los que uno es de un equipo de fútbol son múltiples y variados. No hay un camino tan convencional como el que se sigue en la religión. A veces la fe balompédica se inculca en el entorno familiar. Otras hay una rebelión en el colegio por la que el practicante cambia de doctrina. Por no hablar de los nacidos en casas ateas al balón que encuentran su propio camino fuera de ellas. Y después están hogares como el de los Núñez, donde se ha practicado durante generaciones una recta doctrina ‘espanyolista’ de la que no se ha desviado ningún familiar. De ello se preocupó durante años Jesús, un emigrante lucense en Barcelona que sí eligió su propio destino futbolístico.

Foto de portada: Javier Núñez, paseando por Bóveda con un paraguas blanquiazul, como no podía ser de otro modo.

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Fallecido el año pasado, siguió el camino de tantos gallegos. Integró una diáspora que pervive hasta nuestros días. En la Ciudad Condal tuvo tres hijos: Javier, Manel y Suso. Que a su vez han dejado descendencia. Todos lograron, antes que la partida de nacimiento, un carné del Espanyol. Tras casi cuatro décadas, Jesús regresó a Galicia, otro itinerario común que hace que los pueblos gallegos se llenen de retornados. Por primera vez en su historia, el equipo principal de la provincia, el CD Lugo, es rival del Espanyol. Un enfrentamiento inédito también para Diego López, lucense, capitán blanquiazul y producto de la cantera albivermella de la que salió con 18 años.

En tierras lucenses se fundó en 2010 la Peña Españolista Val de Lemos y Comarca de Sarria con dos cabezas visibles: Antonio Feijóo, agente de futbolistas y quien fuera masajista del Espanyol; y Javier Núñez, hijo de Jesús, que siguió el camino del padre hacia Galicia al poco de cumplir la mayoría de edad. Pero nunca dejó de seguir al equipo hasta el punto de presenciar duelos como la final de la Copa UEFA 2007 de Glasgow. Una aventura que después comentaremos. Pero, ¿por qué una familia de origen lucense se hace al completo del Espanyol? 

La generosidad de un culé

“Cuando mi padre se fue a Barcelona, el equipo que representaba a los gallegos era el Celta. No existía el Superdepor. Su primer jefe le invitó a ver al FC Barcelona en el antiguo campo de Les Corts. No le convenció. El siguiente le ofreció ir al Estadio de Sarrià, donde jugaba el Espanyol, y allí encontró su sitio. Un feudo más pequeño, más de la clase obrera y con el que simpatizó de inmediato”, relata Javier Núñez, quien aprendió a andar yendo a este campo. Su primeros recuerdos son el sabor de un bocadillo de frankfurt o un 5-2 al Barcelona de Rinus Michels (1974). El conocido como derbi del ‘Simca 2’, coche nacido de un juego de palabras con el que Javier se defendió, por un día, de todos los compañeros barcelonistas. 

Yo era hijo de emigrantes. Lo que se vivía en el Camp Nou no me gustó. Había cierto desprecio hacia los charnegos. Eso sí, nunca tuve jaleo

Javier Núñez, aficionado del Espanyol y ‘socio’ con doble identidad

Como su padre, también pudo presenciar partidos del FC Barcelona: “Gracias a los carnés que me dejaba el señor Brunet, un lampista de Gràcia, donde vivíamos. Y eso que sabía que yo era periquito. Pero era un culé de buen corazón. Así, una temporada vi al Espanyol, con mi abono; y al Barcelona, con el cedido”. Aunque nunca se levantó del asiento prestado en Tribuna, la experiencia en el feudo enemigo no hizo más que reforzar el sentimiento espanyolista del joven Núñez: “Yo era hijo de emigrantes. Lo que se vivía en el Camp Nou no me gustó. Había cierto desprecio hacia los charnegos. Eso sí, nunca tuve jaleo. Aquel hombre (Brunet) me cedió todos los carnés de su familia, por lo que yo invitaba a mis amigos culés. Por cierto, uno de los suyos costaba más que todos los que teníamos nosotros”.

Después vinieron los viajes con la Peña Los Incansables. A Mallorca, Castellón, Madrid, Bilbao y Zaragoza, destino este último de pura rivalidad, según rememora este aficionado. Tal es así que disfrutó como un enano, ya en Lugo, la Copa del Rey que el Espanyol le ganó al Real Zaragoza en 2006. “Fueron muchas anécdotas. Como cuando en Valencia un señor nos paró a mi padre y a mí al grito de: ‘¡Pero qué hace usted con mi hijo!’. Yo llevaba la camiseta de Solsona, uno de mis ídolos. El que nos había gritado era el mismísimo padre de Solsona”, apunta con gracia.

Carné del RCD Espanyol de Javier Núñez 1985. Foto: CEDIDA

De Lugo a Glasgow, con volante a la derecha

En 1985 se produjo el regreso de parte de la familia a Galicia. Entre ellos, Javier, que aún así siguió pagando un par de años su carné juvenil, que tasa en 25.000 pesetas. Vio en directo al Espanyol siempre que pudo. En las visitas del equipo al Celta o al Deportivo; o en citas clave como la final de la Copa de la UEFA de 2007. Lo que ocurrió en el campo de esa final que el Sevilla se llevó en los penaltis es materia de documental. Pero el viaje de este aficionado, su prima y otro perico es un spin off de categoría. Cualquiera que haya viajado a Lugo, y en general al interior de Galicia, sabrá que todo lo que tiene de maravilla natural lo tiene de incomunicado. Una peregrinación por la vía más rápida posible desde Bóveda a Hampden Park hubiera valido para la medalla al mérito espanyolista. Pero no, había que escribir un guión diferente.

“Empezamos a organizarlo medio en broma. Si hay entradas, vamos. Las conseguimos. Pero no encontrábamos ningún vuelo directo a Glasgow. Todos estaban copados por Sevilla y Barcelona. Así que decidimos partir desde Santiago a Londres y desde allí, en coche de alquiler a Glasgow”. Así comenzó la road movie de estos gallegos que llegaron a la capital inglesa con 11 horas de margen sobre el encuentro. Desde allí, hasta la ciudad escocesa que acogió la final hay, como mínimo, siete horas y 700 kilómetros. Dos magnitudes con las que se traza una diagonal por todo Reino Unido. “Hicimos el trayecto en un Volkswagen Golf con el volante a la derecha. Conduje yo. Imagina… Alucinado con conducir por la izquierda. Me deshice los nudillos al equivocarme con el cambio”, narra el aficionado espanyolista

Los años de experiencia como repartidor de pescado permitieron a Javier Núñez ser un búho al frente de la expedición exprés ‘perica’

“En el primer peaje arrimé demasiado la rueda al bordillo. ‘Carallo’, encima me quedé muy lejos de la caseta. Tuve que bajarme del coche y todo. Pero puedo decir que sólo cogí mal una rotonda. Justo después del encuentro, en la vuelta a Glasgow, que también hicimos a contrarreloj”. Javier Núñez, que regenta un establecimiento de alimentación, es tan blanquiazul como estajanovista. Le ayudaron sus años de experiencia repartiendo pescado, combinando todo tipo de horarios inverosímiles y sumando muchos kilómetros al volante. De otro modo no se explica su resistencia en el regreso a Escocia para asumir otras siete horas de viaje. Sin descansar y con la resaca de la derrota ante el Sevilla aún encima. Pero pocas veces un tropiezo tiene un desarrollo tan entusiasta como el suyo. Cada anécdota la cuenta con brillo en los ojos mientras manosea sus carnés antiguos del Espanyol en los que aparecen algunos de sus referentes como Lauridsen o el citado Solsona.

Javier Núñez, con su camiseta de gala, posa para este reportaje | Foto: CEDIDA.

Glasgow, al fin, pero… “Feijóo -su camarada de la Peña Españolista Val de Lemos y Sarria– nos esperaba con las entradas. Dejé en Hampden Park a mis acompañantes. Tocaba lo más difícil. Buscar aparcamiento… Encontré un sitio, calculo, como a tres kilómetros. ¡Aquello era todo cuadrado e igual! Tendría fácilmente 20 minutos corriendo a pleno pulmón. Entonces pasó algo increíble. Dos chicas que eran armarios empotrados me salvaron. Balbuceé algo en inglés para indicarles que iba al campo. Me metí en su coche. Aquellas mujeres que parecían camioneros me dejaron en cinco minutos en el estadio. Ahora lo cuento así aunque durante el trayecto pensaba… ¿¡Y si no aparezco nunca más!? Mi mujer, mi hija… ¡Pero qué amables fueron! Esto aquí no pasaría”, verbaliza el seguidor del Espanyol, que llegó con el tiempo justo al encuentro. 

Ocupó aliviado su localidad, cerca de su hermano. En aquella final estuvieron presentes todas las ramas del árbol genealógico espanyolista de los Núñez. Aunque dispersas por las diferentes gradas. ¿Cómo recuerda aquel encuentro Javier? “El Sevilla era muy favorito. Pero el Espanyol supo jugar sus opciones. Adriano metió su gol y nosotros empatamos por medio de Albert Riera. Todavía resuena en mi cabeza un lanzamiento suyo que se fue al larguero. En la segunda parte los comimos durante 20 minutos. Cuando llegamos a la prórroga la gente se echó a llorar. Yo también. Me sentía realizado pasase lo que pasase”. 

Los jugadores del Sevilla celebran el triunfo de la que fue su segunda Copa de la UEFA.

Y sucedió que los hispalenses se volvieron a adelantar en el tiempo extra por medio de Kanouté. Un gol que encontró otra réplica del Espanyol, en forma de tanto de Jonatas, pese a jugar con 10 desde la expulsión de Moisés Hurtado en el 68. En la decisiva tanda de penaltis sólo Walter Pandiani acertó en el bando entrenado por Ernesto Valverde. Mientras los blanquiazules secaban sus lágrimas y los sevillistas se desgañitaban en celebraciones, Javier Núñez ya había hecho todo eso con anterioridad. Al poco de terminar el encuentro se encendió de nuevo su chip laboral. No podían perder tiempo porque tenían el cronograma justo para retornar a Glasgow y coger el vuelo de vuelta a Santiago. ¿Dormir? Eso es para cobardes. 

El deseo del padre: la inauguración de Cornellà

Esta es una muestra de la pasión por el Espanyol de los Núñez, que han sabido recoger con cariño las últimas generaciones de la familia. Sólo con esta adhesión familiar se entienden situaciones como ésta: “Siempre que voy a Barcelona, voy con el radar puesto para poder ver al Espanyol. Recuerdo una vez que fuimos a un entierro… Planificamos de modo que pudiéramos ir al campo el día anterior al sepelio. Para presenciar un partido contra el Athletic. Tampoco íbamos a arreglar nada ya, ¿no?”, ironiza con retranca. Ninguna de estas aventuras hubiera sido posible si Jesús Núñez Fernández no hubiera decidido un día ser del Espanyol. 

No quiso perderse la inauguración del Estadio del Cornellà. A pesar de que sus piernas no respondían como antes, Javier cumplió su deseo el 2 de agosto de 2009, cuando el equipo local tumbó al Liverpool por 3-0. “Mi padre estaba muy mal de las rodillas. Tuvimos que parar dos o tres veces antes de llegar al campo. Pero nos queda para siempre haber salido en el vídeo de inauguración. Aparecemos como 20 veces… Recuerdo que durante el partido se nos puso delante un vigilante de seguridad que no nos dejaba ver. ¡Menudo sinvergüenza! (ríe) Le empecé a decir, de broma: ‘Yo creo que tú eres un culé de mierda. Te he visto en el campo del Barça’. Y ya ves a 500 personas gritándole… Al final se sentó”. 

Las entradas de la inauguración de Cornellà guardadas en oro en paño | Foto: CEDIDA.

Padre e hijo vivieron muchos episodios de rivalidad entre el FC Barcelona y su Espanyol. Javier Núñez rescata recuerdos de los 80 en los que se producían sonoras peleas entre grupos radicales. En Sarrià había gente que almacenaba huevos durante meses para tirarlos a los rivales. “Era socio en Córner Sur. Volaban los objetos de un lado para otro. Hasta dardos… No llego a esos límites, pero yo soy de los que me motiva que me canten ‘A segona’, ‘ a segona’. Nos da más coraje. Para qué voy a engañarme. Soy de los que quiere que el Barça pierda en todo aunque siempre sin rebasar ciertos límites. Estoy orgulloso de ser del Espanyol y de que un montón de chicos jóvenes vayan a nuestro campo”, defiende. 

Para el Lugo estar en Segunda es ya un motivo para disfrutar. No sería un drama un descenso. Lo que de verdad es preocupante y triste es que se llenen los bares viendo al Barça o al Real Madrid y nunca por el Lugo

Javier Núñez, aficionado del Espanyol, sobre el seguimiento del CD Lugo.

Este debate lo tiene muy claro. Sin embargo, si en la ecuación hay un equipo gallego, Javier Núñez, como tantos, tira por la tierra: “Aunque siempre quiero que gane el Espanyol, si no se juega nada y se enfrenta ante el Celta o el Lugo, no me importa que pierda”. Por eso el inédito duelo entre el Espanyol el conjunto albivermello lo vivió con cierta doble identidad y con un punto de crítica para todos los lucenses: “Para el Lugo estar en Segunda es ya un motivo para disfrutar. No sería un drama un descenso. Lo que de verdad es preocupante y triste es que se llenen los bares viendo al Barça o al Real Madrid y nunca por el Lugo. Tenemos que cambiar de mentalidad y valorar lo que hace este equipo”.

Lo dice incluyéndose en la masa provincial, consciente de su experiencia como aficionado de un equipo que a cualquier albivermello le parece enorme pero que siempre ha tenido que escapar de la larga sombra del Barcelona. Son tantas las batallas en el cuerpo de este seguidor que cuando se consumó el descenso de categoría del Espanyol no sufrió más de la cuenta. Quizás por nostalgia del fútbol pasado. 

“Cuando vives en la cuerda floja, a veces se rompe. Se fueron jugadores importantes. Hubo cambios de entrenadores. Y no acabo de ver el invento de los presidentes extranjeros. Este deporte ha perdido gran parte del sentimiento. Se ha desvirtuado… ¿Quién imaginaba que se iba a jugar a tantas horas? ¿Un partido el lunes? Poco valor tenía antes… No entraba en la Quiniela por lo que era irrelevante. Pero ahora, con las apuestas, todo ha cambiado”. Aunque reniegue del espectáculo actual, Javier Núñez estará puntual este lunes (21:00 horas) para ver el debut del Espanyol en el Anxo Carro como lo estuvo en la victoria perica de la ida por 2-1. Y así será hasta el final de sus días, cuando tome como herencia la frase que su padre repetía con insistencia en vida: “Yo seré del Espanyol hasta el día que me muera. Justo en ese instante me haré del Barcelona. Para que se muera un ‘culé’ y no un ‘perico’”.

Retrato del finado Jesús Núñez.

Este reportaje es un homenaje a Jesús Núñez, ya fallecido pero cuyo ejemplo quedará siempre presente. También es una modesta muestra de agradecimiento a su familia, desde Álex hasta el gran Javier, que me permitieron conocer esta maravillosa historia. Una de las que más he disfrutado: desde la confección hasta la ejecución. Pero nada de esto hubiera sido posible si Manel, camarada de fatigas, no me hubiera puesto sobre la pista de los Nuñez. ¡Gracias a todos ellos!

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2 Comments

Manuel Nuñez Garcia 13 febrero, 2021 at 11:57

Me gusto mucho este articulo de la familia Nuñez, sobretodo las anécdotas de Javier

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Denís Iglesias 13 febrero, 2021 at 12:16

¡Muchas gracias por tu comentario, Manuel!

Las casi dos horas que hablamos con Javier se nos quedaron cortas.

Fue un auténtico placer dar a conocer la historia de esta familia.

Esperamos pronto traeros nuevos reportajes así.

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