Reportaje

Arman Snkhchyan, un albivermello en la Guerra del Alto Karabaj: “Armenia ha perdido a toda mi generación, ha sido terrible»

por Denís Iglesias 10 diciembre, 2020
Arman Snkhchyan, el guerrero albivermello | Ilustración: Pablo del Valle.

Hay un efecto de proximidad en los sucesos tráficos. Aunque no lo admitamos. La repercusión mediática de una muerte en nuestra ciudad será siempre mayor a la de una pérdida más amplia en otro país. Existe además la idea asentada de que vivimos el mayor periodo de paz, como si los conflictos más allá de Occidente fueran broncas de taberna. Pero cuando alguien que conoces te lleva al centro del combate, tu percepción cambia por completo. De repente, la noticia de relleno en la sección de Internacional te atrapa hasta ensordecerte. Los disparos cobran forma, los rostros empiezan a tener nombre y el miedo te congela. El que firma esta pieza ha vivido este proceso con Arman Snkhchyan.

La ilustración que encabeza este artículo es de Pablo del Valle (@pablo_dvp), autor de #NaftiBarberShop. Sólo permitida su reproducción bajo cita del autor y del medio (@LGV11010).

Un joven aficionado del CD Lugo que ha vivido “44 días terribles de guerra, un sueño terrible que parecía no tener fin”. Así define este ciudadano armenio la reciente Guerra del Alto Karabaj en la que se han combatido su país contra Azerbaiyán, que contó con el apoyo de Turquía. Para que se hagan una idea de las partes beligerantes: una pequeña nación con tres millones de habitantes que ha luchado contra otra de 10, soportada por un estado con otros 80 millones. “Todo eso sin contar a los terroristas que emplearon y frente a los que luchamos para proteger nuestra tierra y nuestra gente”, añade Arman Snkhchyan.

Un desigual conflicto

Por si alguno no sitúa al protagonista de esta historia, este muchacho armenio de 22 años lleva desde 2012 (año del ascenso a Segunda) siguiendo al CD Lugo. Es pintor, diseñador, escultor y estudiante de la Universidad Estatal de Yerevan de Arquitectura y Construcción. El club lucense es el absoluto protagonista de su cuenta en Twitter @ArmLugo. El hilo montemático albivermello se rompió el pasado 27 de septiembre con los primeros bombardeos de Azerbaiyán sobre el Alto Karabaj. Una región que pertenece de iure al país de mayoría musulmán aunque en ella vivan sobre todo armenios (cristianos). De hecho, existe un estado no reconocido llamado República de Artsaj (armenia) que controlaba antes del conflicto gran parte del territorio.

Para entender este conflicto hay que rebobinar hasta principios del siglo pasado. Las fronteras entre ambos países fueron objeto de controversia cuando ambos se independizaron del Imperio Ruso en 1918. Y volvieron a serlo tras su incorporación a la URSS, cuando los dirigentes soviéticos decidieron que Nagorno-Karabaj quedase dentro de Azerbaiyán, pero como región autónoma que dependía de Moscú. Disuelta la Unión Soviética, en 1991 se organizó un referéndum en este territorio para decidir si se independizaban del estado azerbaiyano. El voto fue afirmativo

Se produjo entonces una guerra entre Nagorno-Karabaj, apoyada por Armenia, y Azerbaiyán. En 1994 se decretó un alto al fuego que se ha roto en varias ocasiones. Sólo hace cuatro años perdieron la vida 300 personas en varios enfrentamientos. La historia ha cambiado bastante desde entonces. Sobre todo en Azerbaiyán, cuyas reservas petrolíferas han catapultado su economía. A esto hay que unirle el apoyo turco que ha convertido este conflicto, como bien afirma Arman Snkhchyan, en una desigual película en la que Rusia ha actuado de pacificador. Siempre con la intención de aumentar su influencia en la zona. De hecho, el Gobierno de Vladimir Putin intervino en la firma del alto al fuego decretado el pasado 10 de octubre. “El acuerdo conllevó traspaso de tierras, entre las que hay muchas ciudades y pueblos armenios. Por eso no podemos estar contentos con este acuerdo”, afirma Arman Snkhchyan.

Tenemos miedo de que este conflicto vuelva a empezar y que esta vez participen más países que antes

Arman Snkhchyan

Alrededor de 2.000 soldados rusos se han desplegado en la región para evitar las escaramuzas. Pero este episodio no se cerrará tan fácilmente. Y lo que es peor, las brechas que ha causado en la población armenia durarán décadas. “El futuro es muy incierto. Todo puede pasar. Aquí tenemos miedo de que este conflicto vuelva a empezar y que esta vez participen más países que antes. Espero que esto nunca suceda”, cuenta con temor el aficionado albivermello.

“Lo que ha pasado es un crimen internacional. Los derechos humanos fueron violados. Azerbaiyán y Turquía se han dedicado a atacar población civil utilizando muchas armas ilegales. Al final, lo que muchos armenios han hecho es quemar sus casas antes de dejarlas. ¡Es terrible!”, relata el joven armenio. Es imposible que a uno no se le ponga la piel de gallina leyendo sus respuestas. Mismo sentimiento al visualizar las fotos que Arman envía de la Catedral de Cristo Salvador, conocida como Catedral Ghazanchetsots, una de la iglesias armenias apostólicas más importantes que quedó completamente arrasada. Está situada en Susha, principal enclave de la citada República de de Artsaj. Su valor simbólico es enorme.

El antes y el después de la Catedral de Cristo Salvador.

Pero la mayor destrucción ha sido otra: “Durante la guerra hemos pedido a más de 3.000 chicos y tenemos más de 10.000 heridos, muchos de ellos con gravísimas secuelas. Para Armenia, esto ha supuesto la perdida de una generación entera, aquella nacida entre 1998 y 2002”. Jóvenes de entre 18 y 22, por tanto, de la misma quinta que Arman Snkhchyan. Él y sus compañeros de clase, de barrio o de trabajo han perdido más que nadie. Sus aspiraciones y sueños compartidos han quedado entre los escombros y el temor a que el conflicto sume pronto otro capítulo.

La pandemia está en Armenia en la cima de su desarrollo. Con más de 2.000 infectados por día. Una cifra horrorosa.

Arman Snkhchyan

Un malestar psicológico al que hay que unir los efectos del Covid-19: “La pandemia está en Armenia en la cima de su desarrollo. Con más de 2.000 infectados por día. Para nuestra población (3 millones) es una cifra horrorosa. En ese aspecto estamos en la zona roja. Ante tal situación, obviamente, la Guerra no hace más que empeorarlo todo”, añade. Durante las semanas que duró el conflicto, Arman Snkhchyan recibió en redes sociales el apoyo de otros aficionados albivermellos. “Quiero agradecérselo. Por no dejarnos solos en estos días tan difíciles. Lo único que puedo pedir es que no os creáis las noticias y publicaciones falsas. Que no las difundáis, porque en esta guerra, como en muchas de nuestro siglo, tuvo lugar, además de en el campo de batalla, en el espacio mediático”.

Foto tomada desde los restos del interior de la Catedral de Cristo Salvador.

El fútbol: una luz al final del túnel

¿Existe alguna escapatoria en este clima de terror? Pues como en otros escenarios, el fútbol ha sido una “luz al final del túnel” para Armenia, tal y como comenta el protagonista de esta historia. En concreto, el reciente éxito logrado por la selección nacional supuso un pequeño soplo de aire fresco:El ascenso al grupo B en la Nations League -tras derrotar a Macedonia del Norte por 1 a 0- ha sido una luz al final del túnel. Es muy difícil reaccionar positivamente durante una guerra, pero mentalmente la selección nos ayudó mucho”, relata.

El entrenador del Colectivo, como se conoce al combinado nacional de Armenia, es el español Joaquín Caparrós: “Ha hecho un trabajo increíble. Mejoró mucho la disciplina y motivación del equipo. Incluso ganamos partidos importantísimos sin jugadores clave. Estamos muy satisfechos y agradecidos con él. Esperamos que ayude a nuestros futbolistas a crecer aún más”.

La selección de Armenia, celebrando su ascenso en la Nations League.

Caparrós asumió el cargo en marzo y sólo ha perdido un partido desde entonces. Cuando llegó, Armenia estaba sumida en una mala racha que le había llevado a tocar fondo frente a Italia (9-1). Ocupa uno de los peores puestos del ránking FIFA en Europa (99, por detrás de Luxemburgo), sólo por delante de selecciones como la enemiga Azerbaiyán, los combinados del Báltico (Lituania, Letonia y Estonia) y los clásicos sparring del fútbol europeo como Andorra, Malta, Moldavia, Liechtenstein, Gibraltar o San Marino. El de Utrera dejó sin efecto cualquier tabla. Su adaptación al medio ha sido tal que tras el pitido final contra Macedonia, pidió enérgicamente el himno de Armenia para celebrar el triunfo.

Si algún equipo armenio juega algo importante lo apoyamos todos. Sin importar a qué club siga cada uno

Arman Snkhchyan

Él sabía la importancia moral que tenía ese triunfo para un país que vive el fútbol al máximo. «Es el deporte más popular. En el período de la URSS, nuestro club, el Ararat de Ereván, fue un equipo reconocido. Incluso disputó la Copa de Europa de 1974. Han cambiado muchas cosas desde entonces, pero el amor por el fútbol permanece. Hay bastantes fan clubs por aquí. Los más activos son de seguidores del Barça, Real Madrid, Juventus, Manchester United o Bayern. Por supuesto hay muchos otros. Los clubes armenios están muy por detrás de los equipos de las grandes ligas. Así que si algún equipo del país juega algo importante, lo apoyamos todos, sin importar a cuál sigamos».

De Armenia han salido jugadores importantes que Arman enumera: “Además de Henrik Mkhitaryan (AS Roma), Sargis Adamyan (Hoffenheim), Varazdat Haroyan (Tambov de la Premier rusa) o el segundo capitán de la selección, Tigran Barseghyan (FC Astana). Me gustaría señalar también a nuestra estrella emergente y gran esperanza, Vahan Bichakhchyan, actualmente jugador del MSK Zilina de Eslovaquia. Esperamos que en un futuro se convierta en el líder indiscutible como hoy lo es Henrik Mkhitaryan”. Al igual que sucede con otros combinados, Armenia podría haber tenido equipos más competitivos si contase con jugadores de raíces armenias. 

“Los hay tan famosos como Youri Djorkaeff, campeón del Mundo con Francia en 1998; o con Michel Der-Zakarian -sí llegó a ser seleccionado en cinco ocasiones- (ex jugador del FC Nantes o Montpellier, del que es entrenador; o Alain Boghossian, también ex internacional francés y ex jugador del Napoles, Sampdoria o del Espanyol”, repasa un joven que se crió pegado a un balón.

Arman Snkhchyan, de niño, con una pelota de fútbol | Cedida.

Cuando le pedimos algunas fotografías para ilustrar este reportaje, una de ellas es con un esférico más grande que su cabeza. Las otras, en una ubicación bien conocida para todos los lucenses, en la Praza Maior de Lugo, ante las estatua dedicada a la fundación de la ciudad, con el emperador Augusto y Paulo Fabio Máximo. Pero, ¿cómo y por qué se hace Arman del CD Lugo? “Todo empezó a principios de junio de 2012. Descubrí en las redes sociales un club llamado Lugo que estaba jugando los playoffs de ascenso a Segunda División. Empecé a buscar sobre el equipo y la ciudad; sobre sus historias, hasta que me enamoré para siempre”, cuenta este albivermello. 

«No puedo vivir sin el CD Lugo»

“Por aquel entonces no era posible ver los partidos de Segunda ni de Segunda B en Armenia. Ni siquiera por Internet. ¡Pero tuve suerte! Después de una larga búsqueda encontré la transmisión por radio del momento clave de aquel encuentro contra el Cádiz. Justo en el penalti de Manu. Desde aquel momento me di cuenta que no podría vivir sin el CD Lugo”, señala con la misma emoción que cualquier aficionado lucense sentirá al leer sus respuestas. Aquella eliminatoria y aquel desenlace sobre los once metros fueron el Big bang de miles de pasiones. Algunas se diluyeron.

Arman Snkhchyan en la Praza Maior de Lugo | Cedida.

Todavía hoy nos preguntamos qué fue de toda la masa que se reunió en Aguas Férreas para seguir el duelo del Carranza. Mucho más férrea ha sido la actitud de seguidores como Arman Snkhchyan o Gonza Bobadilla, embajador albivermello en Argentina. Dos profetas de una fe de la que muchos reniegan en la ciudad amurallada. Representaciones de un sentimiento exterior que nunca han tenido el debido reconocimiento por parte de una SAD que lanza el carné ‘Albivermellos polo Mundo’ como mera imagen. Pero se olvida de lo más importante: hacérselo llegar a los que han dado muestras sobradas de merecérselo.

La conexión de Arman y su familia con Galicia va más allá. En 1999 su padre emigró a Coruña para trabajar como afinador de pianos. Él visitó la ciudad herculina por primera vez en 2008, cuando el Deportivo de Lotina estaba en Primera. No cayó preso del embrujo deportivista, lo que da aún más valor al camino redentor de los Héroes del Carranza, un hito que nunca se valorará lo suficiente. “Por motivos familiares tuvimos que volver a Armenia, pero durante mi estancia en Coruña estudié en varios colegios y poco a poco comencé a entender y hablar mejor el español. En 2018 volví a esta ciudad con mi hermana. Llegó un momento en el que regresamos a nuestro país porque nuestra familia nos necesitaba”, recuerda.

En esa segunda etapa gallega Arman Snkhchyan cumplió su sueño de acudir al Anxo Carro. Asistió al CD Lugo 1 – 2 RC Deportivo de pretemporada, un derbi entre dos ciudades que han marcado su corta pero intensa vida. “Aquel encuentro es el recuerdo más grato de los últimos años. Para mí fue un partido y un día especial en todos los aspectos. Nunca lo olvidaré”, rememora este seguidor, quien promete repetir visita: “Volveré. Estoy seguro. Tanto a Lugo como al Anxo Carro. No importa cuándo. Y sin duda será otro día especial para mí».

Los peores momentos de la Guerra del Alto Karabaj coincidieron con el relevo en el banquillo lucense y la revolución de Nafti, que encadenó entre la sexta (triunfo ante el Castellón) y la undécima jornada (derrota ante el Espanyol), una racha de imbatibilidad de cuatro victorias, un empate y una derrota. Tres días después del encuentro en el RCDE Stadium se produjo el acuerdo del alto al fuego. “El Lugo fue orea luz al final del túnel para mí”, admite Arman Snkhchyan, quien tiene interiorizado lo que sucede en el club albivermello hasta la médula.

Nuestro Lugo es un club único en muchos aspectos. Sólo una decisión ilógica puede mejorar la situación del equipo

Arman Snkhchyan

Lean sino su respuesta cuando se le pregunta sobre la destitución de Juanfran García: “Nuestro Lugo es un club único en muchos aspectos. Sólo una decisión ilógica puede mejorar la situación del equipo. Me refiero al raro despido de Juanfran y al nombramiento de Mehdi Nafti. El CD Lugo es un poco extraño y diferente a los demás pero esto lo hace único y muy atractivo”. Pocas veces se ha descrito mejor cómo ha sido en los últimos años la tormentosa vida de este club y las razones por las que seguir siendo aficionado del mismo.

Con esta clarividencia, era de extrema necesidad preguntar a Arman Snkhchyan sobre la suerte que correrá el CD Lugo durante una temporada que él sigue a través de Youtube: “Creo que será la nuestra. Se han dado muchos factores. Tenemos un buen once inicial y sustitutos dignos. El entrenador es un buen motivador y tiene un grupo de jugadores que disputan cada balón hasta el último segundo. Obviamente no podemos ganar todos los partidos y no es justo reclamarlo, pero estoy seguro de que esta temporada mejor que la de los últimos años”. 

El destino le debe una a este joven armenio. Una cuenta pendiente de la que puede beneficiarse toda la afición albivermella para la que Arman Snkhchyan tiene un mensaje de despedida: “Primero, quiero dar todo mi apoyo y fuerza a todas las familias que durante esta terrible pandemia han perdido a sus familiares, amigos o cualquier persona importante para ellos. Este dolor nos ha unido al mundo entero. Quiero agradecer a todos los que me ayudaron durante la guerra. No importa cómo. ¡Gracias! Y por último, decirles que el amor no tiene límites ni distancia. Aprecien lo que tienen y no lo descuiden porque no tenemos mucho tiempo. Todo esto pasa volando”.

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