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«No a la 24»

por Denís Iglesias 6 agosto, 2020

Ni Netflix ni HBO ni Amazon Prime. Sus catálogos nunca llegarán a la altura de Los Simpson. La serie total. Viva y llena de referencias. «Ya lo predijeron…» no es un simple chascarrillo, es un antecedente para reforzar la capacidad de análisis social de la serie creada por Matt Groening. También predijeron lo de «La Liga de 24». En concreto, en el capítulo Mucho Apu y pocas nueces de la séptima temporada. El de «No a la 24».

Un episodio en el que Springfield vota un plebiscito para echar a los inmigrantes. Los acusan de ser responsables de las subidas de impuestos. Homer es partidario del ‘sí’ en un primer momento. Pero la empatía que tiene con Apu, el dueño del Badulaque, le hace cambiar de opinión. Al final del capítulo Homer inicia un canto en contra de la 24. Las reacciones a su proclama parecen indicar que la medida acabará cayendo en saco roto. El desenlace es contrario a este alegato final y la propuesta es aprobada con un 85% de los votos. Pobre Willy…

Tebas podría ser fácilmente el Alcalde Joe Quimby. Por forma y personalidad. No se le conocen amantes adolescentes. Aunque su modo de actuar no dista mucho del regente de Springfield. La autoinculpación por el viaje del Fuenlabrada a Coruña a sabiendas de lo que podía ocurrir es un fiel reflejo de su gestión. El dinero y el negocio sobre todas las cosas. Incluso en medio de una pandemia mundial cuando las cuentas no le salen ni al MIT de Massachusetts. «Si cuela, cuela y si no… Ya veremos». Estrategia sin fisuras que ha puesto en entredicho toda la capa de azúcar de la autoproclamada como mejor Liga del mundo. Quiérete tanto como ella a sí misma y algunos profesionales del márketing camuflados de periodistas.

Tebas es su propio Estado. Sólo así se explica que tras asumir la responsabilidad del temerario viaje del Fuenlabrada dijese que no tenía ningún motivo para dimitir. El lío ya estaba armado. El aplazamiento de un único partido iba a traer cola. Para uno u otro lado. A partir de ahí, las excusas de cada bando. El CD Lugo y el Albacete se ganaron seguir en la categoría en sus propios partidos. El club albivermello sintió el peso del descenso durante muchos minutos. Que se lo recuerden a sus aficionados, a los que casi se les sale el corazón con con el gol de Marcos André. Decir que no hubo presión en el partido del Anxo Carro porque no se disputó a la vez el Deportivo – Fuenlabrada es faltar totalmente a la verdad.

Te entiendo pero no comparto

A partir de ahí empieza una batalla en Coruña por sus intereses. Se sienten perjudicados por el desenlace de la competición. Al ser uno de los equipos descendidos intenta revertir la situación con comunicados, notas de voz, presión mediática y hasta manifestaciones. Es comprensible desde la retórica de un equipo al que la Segunda División B le suena a chino. Por lo menos en las últimas décadas. Ahora bien, ello no oculta la desastrosa temporada que habían realizado hasta la fecha y que, justamente, había condenado a los deportivistas a no depender de sí mismos en la última jornada.

Si el Lugo hubiera sido el perjudicado por el desenlace estaría preparando ya la temporada en Segunda B

Al ver que sus demandas no prosperan, parte del entorno, con Fernando Vázquez a la cabeza, decide arrastrar y apuntar al resto de equipos. Sobre todo a aquellos implicados en la lucha por la permanencia, como el propio Lugo. Comienzan entonces los «y si», «y si». Pues nos atrevemos a responder que si los albivermellos fueran unos de los perjudicados, ahora mismo estarían planificando la temporada en Segunda B. Por si fuera poco, aquí entra en juego el componente emocional y patriótico. «No a la 24« se vuelve casi una cuestión para que te priven la entrada por Pedrafita.

De repente, Lugo parece cerquísima de Coruña. Tanto que puedes ser de la Milagrosa pero estar viviendo en Montealto y no saberlo. Empieza entonces la campaña por la Liga de 24, una fórmula que salvaría al Deportivo y Numancia. Todo ello, junto a un descenso administrativo del Fuenlabrada por cometer una negligencia. Opción únicamente defendida por los promotores de la misma. Los que piensan que es un acto insolidario no sustentar un modelo que aumentaría el número de descensos y precarizaría aún más a las economías más modestas de la categoría. Es lógico entonces que un club como el Lugo y gran parte de su afición piensen que esa solución no les conviene. A ellos. A sí mismos. A su supervivencia. Una decisión personal pensada sin intereses espúreos.

«Arrieros somos»

Se desata entonces una turba que acusa al Lugo y a su entorno de ser insolidarios con el equipo vecino. Comienza la proclama «arrieros somos», acompañada de una foto de un partido. El que disputaron el Deportivo y el CD Lugo cuando el segundo agonizaba en Tercera División. Un encuentro que permitió a los albivermellos generar una taquilla para sufragar parte de las nóminas que se adeudaban. Del contenido económico de las SAD mejor ni hablar.

Ese día, en el que parece que desembarcó una misión humanitaria en Lugo, algunos aficionados también estaban muy cabreados. Por el devenir del club y porque éste no había aceptado la ayuda que modestamente habían conseguido recaudar con sus huchas. Fondos rechazados por Eliseo Corral, presidente de la entidad por aquel entonces. Los aficionados, una vez más, despreciados por sus dirigentes. Aunque no lo parezca, también tenemos historia de resistencia.

Detrás de aquella iniciativa estaba Brigadas Lucenses, principal grupo de animación del club. Un núcleo al que en esta campaña de «La 24 o muerte» se ha instrumentalizado para el bando «es de justicia» que defiende los intereses del deportivismo. Grupo al que en cualquier otra ocasión se habría despreciado, tachándolo de ultra o violento. Y lo mismo, pero en el otro sentido de la justicia, se ha hecho con el comunicado de la Federación de Peñas del CD Lugo.

Política de bandos que ha incitado desde Coruña a diferenciar quiénes son los buenos y los malos del Anxo Carro. Los que merecieron aquella ayuda y los que deberían haberse metido un gol en propia para compensar el de Lazo. Sí, aquel que hace dos temporadas permitió encarrilar la permanencia lucense ante un RC Deportivo que nada regaló. Lógico en el marco de la disputa deportiva. Por cierto, el Lugo Fuenlabrada ya existe como equipo. Quizás también deberían preguntarles a ellos.

En contra y a favor

Llegados a este punto… ¿Se puede estar en contra de Tebas, en contra de la Liga de 24 y desear lo mejor para todo el fútbol de Galicia? Sí, sí y sí. El actual gestor de la Liga ha creado un modelo de negocio perverso en el que todos son peones de un tablero que él maneja. Con la práctica total adhesión de las SAD a su forma de proceder ha universalizado la distancia entre los jugadores y los aficionados, convirtiendo el fútbol en una manifestación asocial en muchas ocasiones. A lo que hay que unir el riesgo sanitario que causó su decisión. Más importante que nada.

La Liga de 24 no arreglaría nada más que la circunstancia de los que la demandan. Sería una soga para los equipos más modestos, por supuesto, por la dependencia casi extrema de los derechos televisivos. Y no, esto no lo piensa sólo el CD Lugo. A lo que habría que añadir más gastos en viajes, concentraciones o competencia a la hora de buscar fichajes. Eso, sin tener en cuenta que descenderían seis equipos. ¿Se sentirían agraviados éstos por una competición transitoria y excepcional? Todo conjuga en una opinión que va a favor del destino del club lucense. Ese es el centro de nuestro universo.

Tan burdo es acusar por no estar de acuerdo como «celebrar» tu permanencia pensando en otro equipo

Agitar la bandera de la confrontación entre dos equipos gallegos por el simple hecho de que no tengan una postura común al respecto es tiránico. Por uno y por otro lado. Tan lamentable es la postura pueril del que construye su identidad sólo por el dolor del rival -algún «aficionado» de postal del CD Lugo- como que el damnificado exija adhesión por todos sus sentimientos. Aunque ello suponga un perjuicio propio.

Somos conscientes de que todas estas tiranteces no se habrían producido si los dos equipos no estuvieran en vueltos en la misma lucha. Lo del Lugo era previsible por estructura y forma. Lo del RC Deportivo, consecuencia de su desastrosa temporada. Ojalá ninguno de los dos se hubiera envuelto en el fuego del descenso. Pero dentro y fuera de murallas también se tiene un criterio propio, aunque alguno siga pensando que somos una salida algo lejana de la AP-9. No necesitamos, al igual que Apu, lecciones de patriotismo con gorro, bandas y estrellas para sentirnos igual de gallegos.

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