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Praza El Hacen

por Denís Iglesias 19 julio, 2020
El Hacen, jugador del CD Lugo, tras marcar el gol contra el Tenerife

El balón es sólo una esfera. Pero vuela. Sale del pié de Álex López, una de las decepciones del año, y alcanza la carrera de Vasyl Kravets, el niño prodigio del CD Lugo. Es sólo una esfera. Toma una trayectoria curvilínea. Tan bonita como la de un cuerpo desnudo al que no le pesan los años. Una esfera. Gira y gira hasta ser empalada por el jugador más decisivo que ha pasado por la ciudad en los últimos años. Gol. GOL. Un abrazo inmenso sin distancia social con todos aquellos a los que querrías matar por cuestiones políticas o religiosas. Praza El Hacen xa, antiga Praza Maior. No hay nada hecho, pero pobre del que no se alegre de este desenlace inesperado. La actitud positiva mueve montañas.

La esfera es un planeta propio, alrededor del que orbita el pueblo albivermello. Hay un guión. La victoria contra el Tenerife (1-2) es insuperable. Hasta los aficionados del sonido enlatado que meten en los partidos se revolucionaron. Durante la primera parte no paraban de llegar los goles de los rivales. Con todo, bendito horario unificado, porque convierte cada partido en un ejercicio poliédrico. No hay mente capaz de sintetizar lo que pasa a la vez en tantos campos. Sus gradas están vacías pero son tantos los ojos que se posan sobre ellas que, de un u otro, parece que se han llenado en los últimos encuentros.

Los actores del fútbol tienen un arco impredecible. En la primera parte, Cristian Herrera se escurre para llegar delante de Ortolá. Cuando todo el mundo esperaba que la rompiese al fondo de la red, la colocó. A las manos del meta rival. Sus guantes, de repente, parecían gigantes. Dos aspas de molino inquebrantables. ¿Qué sentirá un futbolista al mandar a otro compañero de profesión (y a veces ex compañero de equipo) al lado oscuro? Los aficionados del equipo que se juega el descenso pensamos con egoísmo que el egoísta es el que con la permanencia hecha, busca más. ¿Para qué quieren meterse en los ‘playoffs’ a costa de hundirnos? ¿No recuerdan que el año pasado bailamos los dos con la muerte mientras el Rayo Majadahonda se iba por el precipicio? Joselu, el pichichi del CD Lugo en Segunda, presente en los dos momentos. Esta vez fue el larguero.

Nos fuimos al descanso con las uñas manchadas y unas cuantas consumiciones acabadas. ¿Será el fin? Entonces el destino empezó a barajar sus cartas. En la primera mano sacó una dejada de cabeza de Manu Barreiro, algo que sólo él hace de este modo. La aprovechó el propio Herrera para mandar al fondo de la red la consabida esfera. Por fin, el máximo goleador se reconcilió con el gol y se quitó el quejido de aquel penalti fallado ante la UD Las Palmas hace unas semanas. Son esos errores en los que uno se revuelve hasta el vómito cuando las cosas no salen. El tema, pese a la incertidumbre que obliga esta altura del campeonato, parecía encarrilado. El Lugo estaba siendo mejor y tenía más hambre.

Entonces se precipitó la trama arbitral. Jaime Seoane vio la roja directa por una jugada en la que ni siquiera hizo falta. El VAR quedó al descubierto como un elemento ineficaz. Corporativismo de salón. Una venda en los ojos que parecía hecha a traición. Son tantos los golpes que reciben los equipos pequeños con este tema que uno ya ni sabe como protestar. Es como si te hubieran roto el piloto del coche y acto seguido te ponen una multa. Y a Óliver de la Fuente Ramos, el Mozart del arbitraje, ya lo conocíamos. Un niño prodigio que piensa que aún nos chupamos el dedo. Un sabotaje en toda regla para los intereses albivermellos que se complementó con el esperado gol del Tenerife. Luis Milla hijo cerraba las heridas de su padre con un tanto que enviaba al CD Lugo al infierno. La esperanza se desvanecía. Sólo el chandalismo, un poder marca de Juanfran, podía sacarnos del atolladero.

Praza El Hacen

Hay algo en la figura del entrenador valenciano y de su almirante Adri Rubio que nos protege. En los bolsillos del técnico existe un mineral de composición desconocida que agita las conciencias. Funcionó una vez más. ¿Cómo? Este equipo, que hasta hace unas semanas tenía todos los clavos del ataúd puestos, ha resurgido de sus cenizas. Actitud y entrega. Cuanto más difícil se lo ponen, más se crece. Juanfran ha hecho creer a sus hombres que son capaces de todo. Después, El Hacen. Quizás que la sangre levantinista haya corrido por las venas de ambos facilita la conexión.

La experiencia del jugador mauritano es indescriptible. Sólo él puede meterse una galopada olímpica para llegar en el minuto 9o y tantos y meter un gol que puede suponer la permanencia de su equipo de prestado. Nunca había celebrado tanto un gol. Puede que ni el penalti de Manu, porque el dolor o la gloria de ese tanto ya estaban escritos. Aquí no había moneda para lanzar el aire. Álex López puso el aire, Kravets la moneda y El Hacen disparó el efectivo hasta borrarle la cara y la cruz. Fundió el metal con otro tanto decisivo. Es necesario dedicarle una calle, una avenida, un coliseo, una plaza. Praza El Hacen, antiga Praza Maior.

Quizás haber salido de un país como Mauritania obliga a no negociar ningún esfuerzo. A valorar cada oportunidad de estar en el campo. A rezar por los que te quieren, te adoran y te respetarán, pase lo que pase. No recuerdo semejante lección de compromiso y acierto en todo el fútbol que he visto. Ojalá nunca se pierda la esencia de estos jugadores, porque son los que nos reconcilian con un deporte secuestrado por personas de mal perder. O peor: de mal ganar. Porque pase lo que pase en la última jornada, esto lo ha sacado adelante la afición, el equipo y el técnico. Jugar a la ruleta rusa no es acertar, es coquetear con el suicidio. Pero a veces las balas se encasquillan. Aún queda una.

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