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CD Lugo: «Ah shit, here we go again»

por Denís Iglesias 6 julio, 2020
Moctar El Hacen

Primer fotograma. Ves a Iriome, uno de los jugadores del CD Lugo que más confianza transmite por su compromiso y veteranía. Se conjura y marca una instrucción. Segundo fotograma. Cierras los ojos y te unes al rezo en todas las lenguas que sabes. Hoy sí. Tercer fotograma. Te despiertas del pestañeo y ves volando el balón hacia la meta de Ander Cantero. Cuarto: piensas, por un instante, que eso de meter un gol en el primer minuto pasa en otros partidos, pero no en uno como éste, en el que hay tanto en juego.

Quinto: Rui Costa se aprovecha de un tropiezo de Josete y define a la perfección. No han pasado ni 20 segundos y ya estás en el hoyo rodeado de todos los recuerdos nefastos de esta temporada. Y piensas: «¡Aquí deberíais acabar todos vosotros!». Vosotros, como pronombre para todo lo que te rodea. Sin excepción. «Ah, shit, here we go again» («Ah, mierda, aquí vamos de nuevo…»). Te revuelves por dentro, como CJ al inicio del video juego GTA San Andreas. Una y otra vez condenados a volver a la pantalla de inicio por los errores propios.

Tan cansados del Game Over que piensas en tirar la máquina por los aires y mandarla hasta Varadero. Entonces revisas el bolsillo y ves que, juntando todos los céntimos que tienes, aún te da para un crédito. Pero la tragaperras no acepta esas monedas y tendrás que buscar cambio. Así es la dinámica lastimera del CD Lugo durante esta temporada. En Alcorcón se repitió aún con más violencia que de costumbre ante un conjunto alfarero ansioso de playoffs que aprovechó el cataplasma en que se convierte la defensa albivermella día sí y día también.

1-0, minuto 1 y ya estás como Juanfran, con las manos en los bolsillos mirando al tendido. Pasas así 45 minutos pidiendo que la temporada se acabe de una vez. Antes del pitido intermedio, Samu Sosa recorta en la esquina izquierda y su disparo lo escupe el palo corto. ¿Sigues con vida o es una mera ilusión óptica? En la segunda mitad un tal Carrillo se empeña en darte respiración asistida. Super Saiyan de barrio con un toque desde el área pequeña. Segunda jornada consecutiva mojando. El nivel emocional es tan bajo que ya ha sido bautizado como Carrinho, fichaje invernal del Cruzeiro que aspira a ser el nuevo Robinho. O alguna otra comparación absurda merecedora de portada veraniega.

Moctar, tu luz nos guía

Sigues remando y, por si no tuvieras poco con lo tuyo, el árbitro se empeña en sacarte amarilla por cada movimiento que haces. Entonces, un viejo fantasma recorre Europa y no es el comunismo. Hace su función para trabar el partido una y otra vez. Es el espíritu de Iósif Bordalás, que nunca se fue del todo de Santo Domingo. Los minutos caen como los granos de arena del reloj que se usaba la última vez que jugaste tranquilo.

Un córner, lo defiendes mal y casi te marcan. Segundo saque de esquina. Vuelves a fallar en la marca y casi te marcan. Tercera vez: golazo de Álex Mula. «Ah shit, here we go again». «Ah shit, here we go again». «Ah shit, here we go again». «Ah shit, here we go again». «Ah shit, here we go again». «Ah shit, here we go again».

Sin los goles de El Hacen, jugador llegado en invierno a Lugo, el equipo albivermello estaría en Segunda B

Mientras juras y perjuras en arameo, los renglones torcidos vuelven a enderezarse gracias al cuarto gol de Moctar El Hacen, nuestro particular CJ. Padre de los pueblos lugoslavos. Guía de Oriente y Occidente. Salvador. Esta vez el mauritano no puso la cabeza para rescatar al CD Lugo. Usó su coeficiente para recoger un rebote en el área que puso el definitivo 2-2. Tal y como estaba la telaraña, salir con un empate era todo un mérito.

Y más si en los últimos compases, tu hombre franco pero renqueante en defensa, Peybernes, permitía un disparo en solitario de Boateng que aún ves dentro. ¿Vaso medio o vaso vacío? Aquí no hay vasos. Te has clavado la cubertería en el brazo durante todo el curso y quieres quitarte los ojos con las cucharas. Así que apura para beber lo que quede de líquido oligoelemento. Hay vida aún. Poca, muy poca, pero mientras quede un sorbo habrá que luchar por él.

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