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La foto borrosa

por Denís Iglesias 21 junio, 2020

La vorágine de partidos con la que se va a decidir el fútbol profesional no deja lugar para la reflexión. Cada partido es un fotograma que hay que olvidar o valorar en un mínimo espacio de tiempo. Cuando termine este campeonato simulado, más de uno habrá querido no salir en la foto borrosa que quedará. Donde lo común en todos los equipos serán los muñecos de videojuego antiguo que decoran las gradas de los estadios.

El Lugo se había estrenado en la Nueva Normalidad con una reedición de lo que era antes de que el Mundo se paralizase. La insistencia y el destino se tornaron en una victoria con suspense frente al Racing. A partir de ahí, todo era sumar. El foco estaba claro. Pero entonces volvió el pulso torpe que acompaña a este equipo desde hace meses, un parpadeo que estropea todas las instantáneas.

Los errores propios han sacrificado seis valiosísimos puntos jugados en casa ante el Real Zaragoza y como visitante ante la UD Las Palmas. Las cuentas empiezan a ser una cascada de números grandísimos que hacen difícil pensar en frío, con calma y, muchas veces, en positivo. Sobre todo por ese sentimiento de conciencia de haber errado en el terreno propio. Véanse las ocasiones malgastadas en el Anxo Carro ante un serio candidato al ascenso o el penalti malgastado por Herrera, máximo goleador del equipo, en su casa.

El primero que no quiere salir en la foto es Curro Torres, que acumularía el tercer descenso consecutivo en Segunda División

Nadie quiere salir nítido en la foto borrosa de un descenso a Segunda División B que, en el contexto actual, es toda una incógnita. El primero, Curro Torres, que, sin ser el responsable único, acumularía tres descensos consecutivos en Segunda. Una sucesión que le obligaría a resetear su currículum y, por supuesto, le impediría dar cualquier tipo de salto adelante en su carrera en los banquillos. Él es el primer interesado en que todo salga bien.

¿Por qué un descenso con interrogantes? Por el propio misterio que plantea el sistema de competición de una categoría de bronce que sufrirá una reforma necesaria. Además, de nuevo, por el thriller que plantea una gestión social y deportiva en la que siempre hay giros de guión. Los últimos, planteados esta misma semana con el equipo jugándose el pan de Segunda.

El ruido mediático tuvo estos días nombre y apellidos: Jorge de Cózar, ex director deportivo del Córdoba -entre otros-, que suena para ocupar ese mismo cargo en la estructura del CD Lugo, aunque el equipo no consiga la permanencia. ¿Existe algún tipo de Hyperloop entre la ciudad andaluza y la nuestra que desconozcamos? Son tantos los hilos conductores que comunican ambos clubes… La mayoría, malos.

Grau ha salido retratado en los goles de los tres partidos disputados tras la reanudación del campeonato

Esos castillos en el aire no han de distraer a nadie del objetivo fundamental: una salvación con la que se sueña después de sumar y con la que se tiene pesadillas tras caer por las escaleras, como en Gran Canaria. Perdonen la repetición: nadie quiere salir en la foto borrosa, pero en el caso de Jaume Grau, éste ha salido retratado en tres de los goles en contra recibidos por el CD Lugo en las tres últimas jornadas. El trío que conformaba con El Hacen y Seoane, el Lugo de la generación Z que había hecho resucitar al club albivermello, se ha disuelto en apenas unos días.

Un mediocentro como él, en propiedad de Osasuna, equipo agreste por naturaleza, no ha de permitirse la flojera en los cortes y en las posiciones tan recias que requiere esta fase de la Liga. Pedri, la joven pero confirmada estrella canaria, se hizo un vídeo viral ante sus narices para servir el único y decisivo gol del encuentro. Antes, expulsión de Campabadal para sumar la segunda roja consecutiva tras la de El Hacen ante el Real Zaragoza. El único tanto del partido llevó la firma de un viejo rockero como Rubén Castro. Figuras a las que siempre se puede recurrir.

Pita, en el caso del CD Lugo. Él debería asumir siempre las responsabilidades en los momentos críticos. Como en aquella falta que escupió el larguero frente al Cádiz. Como en el tanto varificado que valió la victoria en Santander. Si el penalti de Herrera lo hubiera fallado el ‘5’, habría habido una especie de amnistía que ya no se les permite a los hombres gol del Lugo. Los mismos que han perdido, sin excepción, este apelativo. Rémora que implica al resto de compañeros en una tarea anotadora imprescindible para salir del atolladero. La próxima visita, del Málaga, es más decisiva en un calendario marcado ya en rojo en su totalidad. Y lo último que un aficionado lucense quiere es verse en el pozo con un gol en contra de Tete Morente. Entonces volveríamos a Fase 0. O peor, a la pandemia.

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2 Comments

masanpra 21 junio, 2020 at 19:09

Independientemente de los errores defensivos, creo que hay que buscar más la portería contraria. De lo contrario, necesitaremos un milagro para puntuar en cada partido contra plantillas con talento ofensivo.

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Borja García Varela 1 julio, 2020 at 11:49

Está claro que sin goles (a favor) no hay victorias, eso es una realidad.

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