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Todos juntos

por Daniel Martínez Baniela 4 febrero, 2020
Alcorcón Lugo

En el móvil tengo instalado el Football Manager. Me entretiene en las horas muertas y me permite dar rienda suelta a mis frustrados deseos de haber sido entrenador, o presidente, o mandar algo en un equipo de fútbol. Cuando empiezo una partida no elijo equipo, me divierte más empezar en el paro y recibir ofertas de equipos de Segunda en apuros. Así y todo, de vez en cuando miro como va la clasificación y si el Lugo va mal y Eloy Jiménez (aún no han actualizado a Curro Torres) aparece como “muy inseguro”, rechazo ofertas hasta que el Lugo contacta conmigo para sacarlos del apuro, hacer un plantillón y ascender a Primera.

Aunque a algún presidente le cueste entenderlo, desgraciadamente la vida real y el fútbol real distan mucho del Football Manager o del FIFA. En la realidad es muy complicado enderezar el árbol que nace torcido, y no todo se soluciona cambiando cromos. Tampoco se compran voluntades (bueno, alguna quizás si) con entradas de balde o anuncios en la prensa. Cuando las cosas vienen mal dadas, y en el Lugo estamos empezando a coger experiencia en ello, sólo se puede salir con la unión de los principales actores y, como decía un entrenador que tuve de crío, “apretando un huevo contra el otro”.

Once tíos en el campo, siete en el banquillo y el resto entrenando para apretarles, y todos lo que quieran, o puedan, o les importe el equipo (que no la SAD) en la grada apoyando

Y actores principales no hay tantos. Afición y jugadores, jugadores y afición. Lo que viene siendo el fútbol de toda la vida. Sin expertos en marketing, gabinetes de comunicación ni farrapos de gaita. Once tíos en el campo, siete en el banquillo y el resto entrenando para apretarles, y todos lo que quieran, o puedan, o les importe el equipo (que no la SAD) en la grada apoyando. El viejo truco del rock`n roll, como decía Carlos Tarque en sus conciertos.

Sin excusas

Así es como el Lugo llegó al fútbol profesional y así será como logre quedarse, si lo logra. Con once tíos dejándose la piel en el campo y tres mil, o cuatro mil, o los que sean empujando. Y sin excusas. Sobre todo, sin excusas. Sin excusas de un VAR que quita más de lo que da, sin excusas de un presupuesto pequeño o de una masa social menguante. Lo que somos ya lo sabemos, lo que nos quitan ya lo sufrimos y en lo que nos quieren convertir también lo tenemos claro, pero nada de eso importa ya. Nada importa cuando estás en la mierda, porque de la mierda solo se sale a base de unión de los que les duele esto, ya sea por sentimiento, por profesionalidad o por sentido del deber. La unión de los que creemos sin una campaña detrás, de los que vamos a estar ahí en la B, en Tercera o en Regionales, pero que queremos seguir aquí.

No se si habéis visto Atrápame si puedes una película de Steven Spielberg con Leonardo di Caprio y Tom Hanks como protagonistas. En ella el enorme Christopher Walken repite una y otra vez la parábola de las dos ranas. Cuenta que dos batracios caen en un bol lleno de nata y que, el primero, se deja hundir y muere ahogado mientras que el segundo comienza a patear frenéticamente hasta que convierte la nata en mantequilla y consigue salvarse. Eso nos toca ahora, patear y nadar hasta sacar la cabeza. Llegó la hora de creer.

Lo bueno de las situaciones apuradas es que tienen soluciones básicas. En el caso del Lugo, la solución es ganar. Ganar y ganar y volver a ganar que diría Luis Aragonés, que de pelear sabia un rato. Ganar al Elche este fin de semana, y luego al Fuenlabrada, y después al Oviedo, y así hasta que sea necesario. Apretar y luchar y sufrir y tirar del de al lado cuando lo necesite como sabemos que él tirará de nosotros cuando haga falta. No queda otra y solo hay una, y lo haremos todos los que sentimos esto como nuestro no porque tengamos acciones o mayorías, sino porque tenemos sentimientos. Con los jugadores. Todos juntos.

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