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Lo grotesco, el esperpento y los errores defensivos. Crónica “valle-inclanesca” del CD Lugo-UD Almería

por José Ricardo Carrete Montaña 5 enero, 2020

Define el Diccionario de la Lengua Española la palabra esperpento como “persona, cosa o situación grotesta o estrafalaria”. Esta palabra, en la historia de la cultura española, quedó para siempre ligada a la figura de Ramón del Valle-Inclán (1866-1936) y muy especialmente hacia el teatro que el autor gallego escribió entre 1920 y el final de sus días. Para la historia queda ya la clásica intervención de Max Estrella en Luces de Bohemia, cuando, en la noche de muerte, se observa en los espejos cóncavos del Callejón del Gato (Calle de Álvarez Gato en Madrid): “Los héroes clásicos reflejados en espejos cóncavos dan el Esperpento. Las imágenes más bellas, en un espejo cóncavo, son absurdas” (Escena XII).

Este concepto literario es posiblemente el que mejor pueda resumir lo sucedido en el encuentro correspondiente a la jornada 22 de la Liga Smartbank disputado entre el CD Lugo y la UD Almería, que terminó con una contundente victoria para los nazaríes por cuatro goles a cero. A pesar del cambio de entrenador, el conjunto local perdió por los mismos motivos que cualquier derrota de la era Eloy Jiménez, es decir, errores defensivos infantiles y la incapacidad de hilar cualquier ataque con un mínimo de coherencia. Es por ello que la crónica de este partido debe ir hacia el esperpento, ya que fue una aplicación de la célebre máxima de “cambiar todo…para que nada cambie”.
Cuando se publicó la alineación (siempre hora y cuarto antes del inicio) y se distribuyó en la zona de prensa, algo olía mal. No se trataba de que Curro Torres saliese con un 433, ya que se sabía que era una de sus formaciones más empleadas, sino de que en el mediocampo figuraban Pita y Seoane, a pesar de que habían dado muestras de un agotamiento físico evidente en otras citas, la presencia en los laterales de Canella y Campabadal pese a errores defensivos graves…lo único novedoso era la titularidad de Iriome y la pareja de centrales José Carlos-Josete, debida a las ausencias obligadas de Peybernes y Djaló. Una alineación demasiado continuista para un partido en que la obligación moral del CD Lugo era demostrar que la salida de Eloy era para ir a mejor tanto en resultados como juego.
Enfrente estaba la UD Almería, que salió con defensa de 5 (532) y, a pesar de ello, mostró carencias defensivas impropias de una escuadra que está segunda en la tabla y en plena pelea por el ascenso. Los locales salieron en tromba y en menos de tres minutos los centrales visitantes ya habían despejado varios balones peligrosos de su área. Todo parecía ir bien y se había superado la franja de los 10 minutos (que en la época de Eloy era casi siempre sinónimo de gol) sin sustos para Cantero. Pero, como esto se trata de un esperpento, tenía que llegar el tanto visitante en el minuto 11. Fernando Seoane se durmió con el balón delante de su área, le robaron la cartera y el balón acabó impulsado por Darwin Nuñez en el fondo de las mallas con una buena serie de toques rápidos entre los dos delanteros del Almería.
Curro Torres se desesperaba con la falta de tensión de sus jugadores, especialmente en el mediocampo, donde los visitantes fueron mucho más agresivos y los medios del Lugo se vieron en una clara inferioridad física. Por si las cosas no fuesen lo suficientemente mal, Canella se tuvo que retirar lesionado y dejó su lugar a Leuko. El Lugo no reaccionaba y el tranquilo paseo de José María Gutiérrez “Guti” por la banda era buen reflejo de los visitantes, sin tomar riesgos y a la espera de su oportunidad. Hasta el minuto 30 los equipos bajaron una marcha para regalarnos un final frenético. Primero fue Cristian Herrera quien se la jugó contra la zaga visitante y consiguió disparar con peligro, a lo que respondió el Almería con una falta repelida por la suma del palo y Cantero. Como colofón, llegó el segundo gol nazarí en un barullo provocado por un mal despeje de los centrales, nadie lo controló y el balón llegó con comodidad a Juan Muñoz, quien no perdonó.
El partido llegó al descanso con la parroquia local indignada. Por un lado, el equipo había empezado bien y se fue del partido por dos despistes defensivos monumentales, la misma película que tantas veces se había visto en la era Eloy Jiménez. Por otra parte, era evidente que algunos jugadores, especialmente los veteranos Pita y Seoane, no eran capaces de seguir la exigencia física del choque y estaban perdiendo balones o llegando tarde a los choques. No se entendía, o parecía esperpéntico, que Curro Torres siguiese fielmente el guion de su predecesor a pesar de que los resultados demostraron sobradamente que no lleva a buen puerto (salvo cuando la suerte se pone de cara).
En la segunda parte no ocurrió nada nuevo. El Lugo no se rindió, pero faltaban ideas, mientras que el resultado no hizo más que reafirmar el planteamiento de Guti con sus cinco defensas. Sí hubo tiempo para dos goles más. El primero, anotado por Núñez en una contra provocada por una pérdida de Pita a la que el mediocampo local no respondió. El posterior dos contra dos acabó dentro de las mallas y posteriormente hubo tiempo para la nostalgia con el trallazo de José Carlos Lazo, similar a varios anotados la temporada pasada con el conjunto lucense y que tantos puntos aportaron a la salvación final. El partido terminó ahí y gran parte de la afición optó por abandonar el estadio, consciente de que no valía la pena aguantar el frío de la noche lucense ni la impotencia del equipo local.
Como dijo en una entrevista el propio Valle-Inclán, hablando de su teatro esperpéntico, este consiste en “buscar el lado cómico en lo trágico de la vida misma”. El CD Lugo este año parece empeñado en repetir una y otra vez la misma tragedia, la de complicarse la vida con errores defensivos innecesarios y no hilar jugadas buenas en ataque. En una semana en la que hubo tantas salidas dentro de la entidad, es de risa que el resultado final de la transformación fuese exactamente el punto de partida. No debería Curro Torres, al igual que Max Estrella, mirarse demasiado en los espejos cóncavos del Callejón del Gato, pues la muerte (el descenso) aguarda a la vuelta de la esquina y su hoz parece cada vez más afilada y cercana…

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