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Jaume Grau, learn to fly

por Javier Folgueira Lozano 1 agosto, 2019

Suelo tener ciertas prevenciones ante los chavales recién salidos de las canteras de los dos grandes de España. Valdebebas y La Masía suelen fabricar jugadores de una calidad superior, pero tienen algo de bebé probeta que me tira siempre un poco para atrás. Es como si, habiendo tenido todo en su favor para ser jugadores excelentes, les faltase ese punto callejero, esa garra, ese espíritu competitivo que tienen que buscar en cesiones que les fogueen en el fútbol real, lejos de los efectos benéficos de pertenecer a los grandes clubes mundiales.

Es una manía personal, lo reconozco. En el Lugo hemos tenido dos ejemplos recientes, uno que me da la razón (Sergio Díaz, que no demostró nada y cuando pudo hacerlo el infortunio le tronzó la rodilla) y otro que tira por el suelo mi teoría (Don José Carlos Lazo, que diosito me lo bendiga). En el caso que nos ocupa aún es pronto para valorar, pero sí hay indicios ciertos que apuntan a que Jaume Grau (Tabernes de Valldigna, 5 de mayo de 1997) está más cerca del segundo que del primero.

Aprender a volar en Lugo para triunfar en Pamplona

Jaume Grau es un mediocentro clásico. Si quisiésemos ser obsequiosos diríamos que es un híbrido entre Pita y Seoane, pero eso aquí son palabras muy mayores, así que vamos a contenernos. Lo que sí es cierto es que Grau tiene pinceladas de los dos centuriones del vestuario albivermello. Es un pivote posicional al estilo de Seoane, sobrio y de los que no pierden el sitio, y es fácil imaginárselo tapando huecos en Valdebebas mientras sus compañeros se afanaban por lucir en ataque, Vinicius incluido, pero también tiene una salida de balón limpia, una visión de juego amplia que le entronca directamente con Carlos Pita. Ojalá en la concentración de Villlalba compartan habitación, lo que puede aprender el valenciano es oro.
Pero no pongamos a Grau como si fuese el nuevo Redondo. Todavía no. A pesar de que está siendo de los destacados de esta pretemporada, aún tiene camino por recorrer. El Osasuna nos lo cede para que lo bauticemos en el fútbol profesional y se lo devolvamos hecho un hombrecito (detestable expresión de peli americana de sobremesa, lo sé), pero precisamente eso debería servirnos como garantía. Uno no se imagina a un ojeador de Tajonar fijándose en un blandengue, ni en un soso. Para triunfar en El Sadar (me niego a eso del Reyno de Navarra) hay que tener veta dura, y algo le han visto al medio valenciano. Que nos permitan moldearlo una temporada puede ser beneficioso para las tres partes.
En definitiva, Jaume Grau llega a Lugo a hacer la mili antes de incorporarse a filas en Osasuna. Ofrece todo lo que se espera de un mediocentro académico y en manos de Eloy está darle la confianza para ser diferencial en una categoría muy dura, quizás la que más. Ojalá la apuesta salga bien, de momento podemos aplicar a Grau aquellas estrofas del gran tema de los Foo Fighters que decían “make my way back home when I learn to fly…”

Dani Baniela

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