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Da bienes Fortuna, que no están escritos. Crónica “letrillesca” del CD Lugo-Extremadura UD

por José Ricardo Carrete Montaña 18 agosto, 2019
Estadio Anxo Carro. Fuente: José Ricardo Carrete Montaña

El título de esta crónica hace referencia a una letrilla de Luís de Góngora (1561-1627 cuyo estribillo se inicia con estos dos primeros versos. La letrilla es una composición poética típica de los Siglos de Oro de la poesía española (XVI y XVII) que se utilizaba fundamentalmente para la temática satírica, aunque también se conserva para piezas amorosas o religiosas. Salvando las distancias, su estructura guarda algunos puntos en común con las canciones musicales modernas, ya que constan las dos de una serie de estrofas unidas por un estribillo. En el caso de la letrilla, este estribillo aparece siempre al final de cada estrofa, siendo el rasgo que mejor nos permite identificar este tipo de composición. Esta pieza concreta, escrita hacia 1581, pasó además a la posteridad como una de las primeras documentaciones de la expresión popular que hoy conocemos como “entre pitos y flautas”:

Da bienes Fortuna
que no están escritos:
cuando pitos, flautas,
cuando flautas, pitos.

¡Cuán diversas sendas                  
se suelen seguir
en el repartir
honras y haciendas!
A unos da encomiendas,
a otros, sambenitos.
Cuando pitos, flautas,
cuando flautas, pitos.

A veces despoja
de choza y apero
al mayor cabrero;
y a quien se le antoja,
la cabra más coja
parió dos cabritos.
Cuando pitos, flautas,
cuando flautas, pitos.

Porque en una aldea
un pobre mancebo
hurtó solo un huevo,
al sol bambolea,
y otro se pasea
con cien mil delitos.
Cuando pitos, flautas,
cuando flautas, pitos.

El estribillo de la letrilla hace referencia a lo imprevisible de la vida y a las numerosas ocasiones en que nuestras expectativas se rompen ante el azar cambiante. Sirve como resumen de lo que sucedió ayer en el partido de la primera jornada de la Liga Smartbank entre el CD Lugo y el Extremadura UD, que terminó con el resultado inicial de 0-0. El encuentro discurrió por unos derroteros completamente inesperados, ya que el equipo local recuperó vicios de la temporada pasada que creíamos desterrados y, de forma inexplicable, mostró un nerviosismo defensivo que recordó a las peores tardes con Javi López o Alberto Monteagudo. En la imagen de Carlos Pita dando un pelotazo para despejar este cronista juraría haber escuchado las carcajadas de la Fortuna ante algunas de las ideas escritas en otras entregas.

De inicio el Lugo salió con la formación, valga la redundancia irónica, prevista en el previo. De nuestro 4-4-2 se cayeron Calderón, que fue sustituido en el lateral derecho por Campabadal, y Borja Domínguez, quien dejó su sitio a Gerard Valentín. Con estos cambios Eloy Jiménez prefería perder toque de balón a cambio de tener una segunda banda de ataque con un jugador de recorrido como Valentín, que además tiene más oficio ofensivo. Enfrente compareció el Extremadura con una formación híbrida entre el 4-4-2 y el 4-5-1, ya que su segundo delantero compaginaba ese oficio con el de mediapunta incrustado en el centro del campo. El equipo rival demostró las cualidades que mejor lo definen y que ya anticipamos en el previo, es un bloque muy compacto, que jamás se complica la vida y que compite desde el minuto 1 al 90, siendo tan previsible como incómodo para enfrentar.

El guion desde el comienzo fue claro, con los visitantes bien plantados en el césped y esperando su oportunidad a través de lo que va a ser el punto débil del Lugo, el balón largo a la espalda de Carlos Pita para que un delantero medianamente rápido saque partida de la lentitud del central. Como se pudo confirmar en pretemporada, parece que todos los entrenadores rivales han visto un filón de oro en esta estrategia y ello les permite ser un poco más defensivos en su planteamiento, sabedores de que cualquier apuro atrás puede convertirse fácilmente en ocasión a favor. Frente a esto, el Lugo intentó llegar a la portería rival con su toque habitual de la pretemporada, y así llegó pronto la primera ocasión para Manu Barreiro en el 13’ y la respuesta de los de Almendralejo dos minutos más tarde.

Tras este intercambio de ocasiones, el partido se enrareció en el resto de la primera parte. Lo que parecía en pretemporada lo más fiable del Lugo, su salida del balón, se convirtió repentinamente en caos y el equipo se agobiaba inexplicablemente con el balón. El Extremadura intentó sacar rédito de ello utilizando el arma antiLugo (pelotazo a la espalda de Pita) pero no lo consiguió gracias al buen hacer de José Carlos, que se interpuso siempre ante los delanteros rivales e incluso ante disparos muy peligrosos. Arriba, Cristian Herrera estaba muy espeso y Manu Barreiro desaparecido ante la falta de balones. Se llegó al descanso con la sensación de mantener la portería a 0 era lo más positivo y que era necesaria una buena charla/bronca en el vestuario.

La segunda parte se inició con un poco de mejoría por parte del Lugo, que cerró mejor los huecos en defensa ante un rival que mantuvo su plan de ataque. El fútbol se diluyó completamente ya que el encuentro se convirtió en un combate entre dos equipos cuya primera prioridad era no recibir un golpe. De hecho, en este segundo tiempo no sucedió nada digno de memoria más allá del regreso de Sergio Gil al Anxo Carro y el debut de Borja Dominguez, cuya salida sin efecto echó por tierra la idea que este cronista defendió a lo largo de la pretemporada sobre las infinitas bondades de jugar con tres peloteros. Sí merece elogios la participación de Carlos Castro, también debutante, que mostró una capacidad de lucha y de ganar balones muy necesaria en una escuadra que a veces desespera por su excesivo toque. Como punto negativo, la lesión de Gerard Valentín, jugador que parece tener un gafe cuando pisa el césped de Lugo ya que acostumbra a dejar bastantes partidos antes de tiempo por lesión.

El encuentro terminó con el empate inicial de forma justa y, si bien este cronista se marchó inicialmente decepcionado con lo visto, revisando las notas del partido y volviéndolo a ver antes de ponerse a escribir, el punto obtenido deja aspectos muy positivos como la capacidad del Lugo para sobreponerse a momentos de adversidad y competir con rivales correosos. Como bien señala la letrilla de Góngora, la Fortuna es caprichosa y no siempre nos da lo queremos, pero también es cierto que los equipos que quieren cumplir sus objetivos deben saber combatir los imprevistos y el Lugo, aun renunciando a su estilo, supo competir y obtener algo positivo. Esperemos que, en la próxima cita en tierras ovetenses, podamos escribir sobre la primera victoria de los lucenses.

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