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Carlos Castro o la memoria del gol

por Daniel Martínez Baniela 30 julio, 2019

Si atendiésemos exclusivamente a la última campaña de Carlos Castro, nos encontraríamos con que el Lugo ha fichado un delantero de relleno, de los que esperan su oportunidad en el banquillo. Cuatro goles repartidos en un total de 844 minutos, repartidos entre la camiseta bermellona del Mallorca y la franjiverde del Elche. Sin lograr hacerse con la titularidad en ninguno de los dos equipos, podría pensarse que el asturiano está en la cuesta abajo de su carrera.

Sin embargo, si rascamos un poco en la trayectoria de este delantero ratonero de 24 años veremos que lo de hacer goles no le es tan ajeno como pueda parecer. Y marcar goles es como montar en bici, si sabes hacerlo, sabes hacerlo siempre. 

Lo primero que hay que decir de Castro es que, siendo aún joven como es, ya acumula sobrada experiencia no solo en Segunda (70 partidos, 14 goles) como incluso en Primera (51 partidos, 11 goles). No son malas cifras, sobre todo las de Primera. Hacer once goles en dos temporadas para un “guaje” como era cuando las disputó con su Sporting quiere decir algo. Cierto es que tras su vuelta a la categoría de plata sus registros se han resentido, pero insistimos en que las rachas de los delanteros son arcanos muchas veces indescifrables. 

¿Cómo juega Carlos Castro?

Bien, contra lo que mucha gente piensa, no es un jugador que sirva para caer a banda. Esa idea tenemos que desecharla. Castro es un delantero centro. No un tanque (su metro setenta y siete no se lo permite) pero si un hombre de área. Rápido y con facilidad para ir al hueco, su compañero ideal en el Lugo sería sin duda un nueve de los de toda la vida como Barreiro, que fije defensas mientras él se cuela por las rendijas. Si con un nueve fijo al lado es como mejor rinde, no se puede despreciar su capacidad para jugar en punta si el partido se abre y la defensa contraria deja espacios. Ahí se encuentra como pez en el agua. 

Con su contratación, el Lugo completa tres perfiles de delantero diferentes pero complementarios. El tanque lo tenemos con Barreiro y el segundo punta hábil con Herrera. Castro vendría a ser ese delantero pícaro, oportunista, zorro. La gran noticia para el Lugo es que los tres pueden mezclar entre si según las necesidades de cada partido o la táctica que disponga Eloy Jiménez. En la variedad está el gusto. 

Evidentemente, su llegada también trae dudas. La principal, cierta fama de jugador que no gusta especialmente del esfuerzo colectivo ni individual, algo casi innegociable en la categoría. Si no marca, su peso en el juego del grupo es más que relativo, y desde luego no debemos esperar de él la presión intimidadora (y muchas veces inefectiva de puro alocada) de Escriche, por establecer una comparación reciente.

A Castro va a haber que enseñarle lo que es un sacho. No obstante, Carlos Castro encaja como un guante en el delantero tipo que hace fortuna en el Lugo desde el ascenso. Un delantero con buenos números en el pasado pero con un presente más oscuro, y que sin embargo encuentra en la vera del Miño un sitio para renacer. Oscar Díaz, Rennella, Caballero, Joselu, incluso el propio Cristian Herrera… ¿Carlos Castro puede ser el siguiente? El verde lo dirá. 

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