Crónica

¡Ganamos, señora!

por Daniel Martínez Baniela 15 abril, 2019

El fútbol es la polla (con perdón). Pocas cosas ha de haber, y yo no las conozco, con la capacidad de joderte una semana o dejarte en un estado de bienestar que ríase usted del licor café. En esto último estamos, y lo teníamos tan olvidado que se lo contamos a todo el mundo, especialmente a los que no comparten y por tanto no entienden nuestra pedrada con once tíos vestidos igual que dan patadas a un balón.

A estas horas ya le he contado a mi santa mujer lo importante de ganar al Córdoba, el calendario que tenemos por delante, lo que puede ser ganar al Granada y que a lo mejor hay que hacer una excursión a Almendralejo, sin descartar y el próximo finde a Riazor con la camiseta del Lugo. Ella me mira con cara de “pobriño, este ha perdido la chaveta”, y no le falta razón, pero es que hace tanto tiempo que no teníamos un chute de alegría tan grande con el Lugo que uno se vuelve incontinente verbal. De hecho, mirad todo lo que he escrito y aún no he contado nada.

Vais a permitirme que me aleje de la crónica estándar que firmo para As cada partido en casa y vaya a lo mollar, que en este caso y esta situación no es quien marcó en que minuto, ni que cambios hubo ni las tarjetas o incidencias, sino las sensaciones. Y las sensaciones comenzaron regular al ver a Josete incrustado en mediocampo, como si por esperado no nos fuese igualmente desagradable. Primer craso error. Si ante el Alcorcón estuvo perdido, frente al Córdoba pareció Seoane con gomina. Tan bien se encontró el ilicitano que se permitió ejercer de mediapunta en el primer gol, el del díscolo Escriche, arrancando hasta el borde del área para asistir a Herrera y este se la pusiese a huevo al propio Escriche. Maravilla.

Ya antes del gol el Lugo había presentado credenciales en El Arcángel. Como habíamos pedido, los albivermellos salieron a mandar, a empujar y a ganar. A los cinco minutos Tete, de los mejores del partido, soltó un zurriagazo que silbó al al lado del palo de Lavín (que portero más nervioso). Si a los diez minutos el Lugo ya ganaba era en parte por la valentía del equipo pero también, para que negarlo, porque el Córdoba era un boxeador que salía al combate ya sonado y con la mandíbula de cristal. Entre el primer y el segundo gol hubo otro cañonazo, esta vez de Aburjania, que Lavín desvió al larguero. Por cierto, ahora estamos viendo al Aburjania que deslumbró en aquel casi ascenso del Nástic, lo que nos hace sospechar que el que jugaba antes era un primo georgiano que vino a Lugo a aprender a cocer el pulpo. Que cambio. Hubo un intento de arreón del Córdoba, pero todo quedó en un tiro al palo.

La segunda parte comenzó mejor aún que la primera. Dos minutos y gol, o mejor dicho, golazo de Lazo, ese rayo que tenemos en la izquierda pero que ya se atreve a aparecer por todos lados. Cogió el balón y para adelante, cuando llegó al área, zambombazo a la escuadra. Gol. 2-0. Fiesta gorda rojiblanca y funeral cordobés. Ahí se acabó el partido, en realidad, aunque quedase toda la segunda parte. Cristian Herrera marcó su chirlo en una gran definición tras un pase obscenamente cómodo de Tete, y que le coloca co-Pichichi con 7 goles, los mismos que marcó la pasada campaña. Aún quedó tiempo para el debut de Álex Rey (¡más canteranos, por favor!) y para que Tete redondease su recital poniendo el cuarto. Casi tres meses después el Lugo volvía a ganar, por segunda vez en la temporada fuera de casa tras aquel de La Romareda.

Lo cierto es que lo que comenzó siendo una tarde de mucho miedo acabó con las endorfinas en todo lo alto y con ganas de pillar ya por banda al Granada, así de ciclotímicos somos. El panorama sigue sin estar despejado, solo un punto nos separa del descenso, pero oigan, una victoria nos cambia la cara. Sea lo que sea, que sea como en Córdoba (o como ante Osasuna): con valentía y dos bemoles. Hay que remar, pero al menos ahora se empieza a intuir la orilla.

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