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Ir zafando

por Aarón Cabado Vázquez 31 marzo, 2019

En la vida y en el deporte hay diversas maneras de afrontar las situaciones. El Lugo de Monteagudo, que se encuentra en una tesitura compleja, ha decidido encomendarse a una filosofía de vida muy noble: ir zafando. En los primeros compases de la temporada, el objetivo consistía en alcanzar los cincuenta puntos que, se estima, garantizan la permanencia en Segunda División. A medida que transcurrían los meses y que las perspectivas se presentaban poco halagüeñas, se cambió el plan por otro mucho más realista: apañárselas para ir sumando puntos y confiar en que hubiese otros cuatro equipos peores.

En este sentido, la descalificación del Reus allanó bastante el camino, reduciendo las plazas libres a tres. Progresivamente, el número de candidatos al descenso también ha ido menguando: Elche, Tenerife o Rayo Majadahonda, que hace unas jornadas acompañaban al Lugo en esa zona limítrofe con el descenso, han reaccionado y ya han adquirido una generosa ventaja con respecto a la zona baja.

El Lugo, mientras tanto, se ha dedicado a ir zafando, alternando partidos malos con partidos regulares que le han permitido sumar puntos a cuentagotas, a pesar de llevar ya más de dos meses sin conocer la victoria. En Alcorcón fue un poco así: los albivermellos saltaron a Santo Domingo sabiendo que el Extremadura había caído derrotado ante Osasuna, por lo que el empate suponía aumentar la ventaja en un punto.

Alberto Monteagudo, fiel a esta filosofía de ir zafando, quiso reforzar defensivamente al Lugo con la inclusión de Josete como mediocentro, para compensar la ausencia de Pita y Seoane, sancionado y lesionado, respectivamente. El partido arrancó con ritmo lento, como se preveía, pues ni Alcorcón ni Lugo tuvieron a bien hacer gala de valentía. La primera mitad fue un tedio continuo con solo dos ocasiones relevantes. El Lugo no generó nada por dentro y muy poco por las bandas, con jugadas que terminaban en centros desviados. La única ocasión albivermella se produjo tras un error de Aly, que se resbaló dentro del área y le dio a Tete Morente la oportunidad de plantarse ante Raúl Lizoain, pero el guardameta canario achicó bien e impidió el gol. Era el minuto veinte de partido y el Lugo ya no volvería a disparar a portería.

El armisticio duró aproximadamente una hora, tiempo más que suficiente para que la mitad de los aficionados desplazados hasta Santo Domingo se adormeciesen en sus butacas. Luego, el Alcorcón dio un paso al frente y el Lugo uno hacia atrás. Sangalli, Juan Muñoz y compañía empezaron a conectar con más frecuencia y el Lugo sufrió. Tras una falta lateral, David Rodríguez mandó el balón al poste, en una de las más claras para los de Parralo. Monteagudo movió el banquillo, pero sus cambios no tuvieron ningún impacto sobre el devenir del encuentro, con un Lugo que no supo o no quiso salir de su propia área.

El equipo fue zafando y es difícil explicarse cómo, porque en el tramo final hizo un esfuerzo encomiable por perder el partido. Tras una acción defensiva esperpéntica, Juan Carlos salvó un mano a mano ante Boateng, y ya al borde del final, Iriome tocó el balón con el brazo dentro del área y el árbitro indicó penalti. Esteban Burgos lo mandó arriba, para alivio albivermello. Y el tiempo se acabó con un 0-0 que permite al Lugo sumar un punto más. Monteagudo apostó por el empate, y, aunque con suerte, lo consiguió. Punto a punto, el Lugo va zafando. El problema es que sigue caminando en la cuerda floja, y lo que está en juego es demasiado importante como para dejarlo en manos de lo que hagan o dejen de hacer los rivales de los albivermellos.

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