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El clavo ardiendo

por Daniel Martínez Baniela 29 marzo, 2019

Voy a comenzar contando una cosita personal. Hace mucho tiempo, justo cuando iniciaba mi trayectoria laboral, me tuve que quedar un verano entero en Oviedo. Acababa de empezar en el curro y no había posibilidad de vacaciones, claro, por lo que me comí todo el verano en una ciudad que, como Lugo, se vacía con los calores estivales. Mis amigos se habían largado, como la poca familia que tengo por allí, así que me vi matando el tiempo libre entre la consola y una cervecería, la Excalibur creo que se llamaba, donde conocía al camarero, que se aburría tanto como yo. Allí venía también con cierta frecuencia un borrachín que se dedicaba a explicarnos cómo había pasado de la Legión a estar preso en el penal del Dueso, y que siempre cerraba la historia encogiéndose de hombros y señalando que “había que agarrarse a un clavo ardiendo y no quedaban clavos ardiendo”.

A la afición del Lugo le (nos) pasa algo parecido. Tenemos que agarrarnos a un clavo ardiendo en estas horas oscuras, pero casi no nos quedan clavos ardiendo. Ahora, que es cuando hay que apretar los dientes y, como decía un entrenador bastante bruto que tuve, apretar un huevo contra el otro, nos faltan referentes y nos sobra pesimismo. El partido contra el Albacete no ha ayudado precisamente, claro. Que te calcen tres en tu casa, por mucho equipo de playoff que fuese, no se digiere fácil. Pero la siguiente jornada ya está ahí y hay que buscar algún clavo, aunque nos queme la mano.

Desde luego, ese clavo no va a ser la directiva o, lo que es lo mismo, el presidente Saqués. De él nadie con dos dedos de frente espera ya nada, o al menos nada positivo. A lo que debemos aspirar con semejante dirigente es a que se este quieto y no diga, haga ni piense nada. Ya bastante ha hecho metiéndonos a todos en este quilombo. Ya no hay tiempo para golpes de timón ni para que sea él quien los de. Que se dedique a animar a los rivales del Betis o a ver partidos del Atleti, pero que nos deje en paz. No, ese no va a ser un clavo ardiendo.

Tampoco lo puede ser Alberto Monteagudo. Su idea de equipo se ha ido diluyendo como la espuma de una cerveza puesta al sol y las esperanzas de sus primeros partidos han dado paso a la dolorosa realidad de que sin entrenador empezamos la campaña y sin entrenador la vamos a terminar. Si ni siquiera ha sido capaz de mejorar los números de Javi López, cosa que ya es tremenda, no le vamos a pedir ahora que se convierta en un trasunto de Cruyff o de Bilardo. Conformémonos con que no haga cosas excesivamente raras y ponga a cada jugador en su sitio. Otro clavo descartado.


Nos queda el clavo de los jugadores, y ahí si que tenemos que agarrarnos con todas nuestras fuerzas.

Nos queda el clavo de los jugadores, y ahí si que tenemos que agarrarnos con todas nuestras fuerzas. Son ellos los que nos van a sacar de donde estamos si es que salimos de ahí. No hay más. Hay que confiar en ellos por desesperación, simple y llanamente. Con ellos llegamos hasta aquí y con ellos nos ahogaremos o flotaremos. Es difícil, obviamente, pero no tenemos otros.

Y podemos estar de acuerdo en el bajón que ha pegado Juan Carlos, o Campabadal, o Pita, o que Luis Ruiz no es Kravets, o que a nuestros delanteros les falta gol y a nuestros extremos consistencia. Que a Muñiz se le acaba la gasolina muy pronto o que la defensa es endeble, peor es, repito, lo que tenemos. Con estos bueyes hay que arar y con ellos nos iremos a la B o nos quedaremos en Segunda. Todos, salvo muy honrosas excepciones que se repiten todos los años, ha rendido por debajo de lo suyo, pero tienen que sacarnos de aquí. Tienen que sacarse a ellos mismos de aquí.

A ningún jugador le gusta tener un descenso en su curriculum, y en el equipo tenemos a varios así, así que tenemos que apelar a su profesionalidad, a sus ganas, a su santa madre, a lo que sea pero que la próxima jornada salgan a Santo Domingo y se coman la hierba. Y ganen. Ya tendrán tiempo de salir de farra, de irse a otros equipos o a hacer lo que les salga de sus muy nobles partes, pero antes tienen que sacarnos de esta mierda en la que estamos metidos. Tenéis que hacerlo. Sois nuestro último clavo ardiendo.

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