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Eficiencia vs deficiencia

por Javier Folgueira Lozano 24 marzo, 2019

Partido nefasto, más por el marcador que por el juego, el de la 31ª jornada disputado en el Anxo Carro, entre dos equipos que mostraron a la perfección las diferencias entre los que pelean por estar arriba y los que intentan no acabar abajo. El Albacete fue todo eficiencia, marcando 3 goles en 5 disparos y el Lugo por contra mostró todas sus deficiencias, en ataque (de 17 disparos, solo 5 de ellos entre palos y ninguno al fondo de la red) y en defensa, facilitando los goles rivales con una alarmante falta de presión sobre el balón.

El de ayer fue probablemente el partido más decepcionante del equipo en muchos años. La desbandada en las gradas tras el 0-3 y los gritos de «Tino vete ya» así lo demostraban. No es novedad que la afición apunte al autonombrado máximo responsable deportivo del club y de hecho, ya lo hacía Dani Baniela en su artículo previo al encuentro, pero es que ayer resultó especialmente grave para los aficionados ver dónde se centraban las carencias del equipo: el medio centro y los centros desde la banda: ¿hubo alguien que no se acordara ayer de Azeez y Kravets?. No sabemos si esa obsesión por vender todo lo vendible en invierno era un afán de Saqués por recuperar algo de su inversión antes de dejar el club, si se debía a la situación económica, a la necesidad de liquidez para afrontar obras en verano o a simpre capricho del jefe, pero es indudable que acabó de destrozar un proyecto que ya estaba muy tocado en lo deportivo.

Las carencias del equipo ayer, pese a que el juego en general fue bueno, volvieron a mostrarse en los puntos que más importan: las dos porterías. Manu Barreiro repitió la historia del partido ante el Zaragoza, errando el que habría sido el empate en una ocasión clarísima y que sin duda habría cambiado el signo del partido cuando mejor estábamos jugando. Es difícil de entender que un delantero de esta categoría (demostrada en el gol ante el Cádiz que nos valió un punto importantísimo) no anote cuando tiene todo a favor y en jugadas que deciden partidos.

El primer gol fue un perfecto ejemplo de despropósitos defensivos

Eso en el ataque, pero en la defensa la cosa no fue mejor. El primer gol fue un perfecto ejemplo de despropósitos defensivos, primero con una pérdida en banda derecha en una zona donde esos errores se castigan mucho, después con una falta de Pita que parecía más peligrosa incluso que dejar que siguiese la jugada, y en el remate de la falta, primero un jugador desvía el balón despistando a Juan carlos y después Gerard Valentín despeja al interior de la puerta en lugar de despejar el balón. Un clarísimo ejemplo de las deficiencias defensivas lucenses. Falta de claridad y de concentración en la mayoría de jugadores.

Se puede alegar en descarga de nuestra defensa que poco se pudo hacer en los dos golazos del Albacete en el segundo tiempo, pero sería faltar a la verdad. Si se observa con detalle el partido, además de los 17 disparos lucenses, hubo otros 4 desde posiciones muy similares a las de los goles albaceteños. ¿La diferencia? en los 4 intentos hubo un jugador manchego sobre el atacante lucense que bloqueó el disparo. En cambio, en los remates de gol de Febas y Tejero, ambos tuvieron tiempo de sobra para prepararse y tirar a placer. De nuevo se unían la eficiencia rematadora del Albacete y las deficiencias defensivas lucenses.

La venta de Azeez es un buen ejemplo de que la cabezonería de los directivos de los clubes nunca trae nada bueno.

Tal vez algún jugador presionando en el medio centro defensivo habría evitado esos dos goles, pero uno de los que teníamos está convaleciente y otro en Granada. No es casualidad (o no lo creemos) lo que dicen las estadísticas al respecto: con Azeez de titular, entre las jornadas 14 y 23, se consiguió una media de 1.3 puntos por partido y 1.1 goles encajados. Desde su marcha, 0.75 puntos por partido y 1.9 goles en contra. Pero a ver quién le dice a SuperTino que se equivocó con su obsesión de vender al nigeriano. La venta de Azeez es un buen ejemplo de que la cabezonería de los directivos de los clubes nunca trae nada bueno. Por muy buena que haya sido la operación en lo económico (que lo dudamos), está claro que ha hipotecado el futuro deportivo del club reduciendo a la mitad el rendimiento sobre el campo. A veces hay que escuchar al entrenador antes de tomar una decisión en lo deportivo.

Un entrenador, por cierto, del que ayer se ponía en cuestión su continuidad, pero que sinceramente no creo que sea culpable del resultado. Al contrario que en jornadas anteriores, contra Cádiz y Albacete el equipo generó juego y ocasiones, pero Monteagudo no puede anotar los goles que fallan los delanteros, ni hacer que los centros lleguen a su destino en lugar de al córner del lado contrario del campo, ni presionar al poseedor del balón en lugar de mirar desde lejos cómo tira a puerta. Sí se puede decir que con los cambios deshizo al equipo, porque de nuevo se demostró que sin un enlace en la mediapunta el ataque no funciona, pero en esos momentos el marcador ya estaba 0-2 y los jugadores habían bajado los brazos, algo que empieza a ser alarmantemente habitual en casa.

¿es la derrota de ayer un revés definitivo?

En cuanto a las opciones matemáticas de descenso, cambia poco la cosa. Si revisamos los números que publicábamos hace unas semanas sobre las opciones de salvación, estamos en los números previstos e incluso el Extremadura con un punto menos de lo esperado, pero si en cuanto a números la cosa no pinta peor que hace 15 días, en estado anímico la cosa es bien distinta. Sin Pita ni Seoane, el centro de la media que tantos quebraderos de cabeza nos da atrás va a estar aún más debilitado en Alcorcón, y otra paliza como la de ayer dejaría a afición y jugadores muy tocados moralmente para la próxima cita en casa contra el Osasuna, en la que se debe puntuar obligatoriamente para evitar la caída al pozo del descenso.

Es deprimente ver cómo la falta de continuidad en el proyecto y los caprichos de una directiva desnortada nos han llevado a este punto, pero aún quedan esperanzas de salvación para esta temporada. Eso sí, de cara a las próximas, para sobrevivir se precisan cambios, y no precisamente sobre el césped.

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