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Manu Barreiro, Ibrahimovic con sentidiño

por Colaboración 1 febrero, 2019

Por Álvaro Lorenzo, responsable de Deportes Cope Lugo.

Conocí a Manu Barreiro en 2010. El caprichoso destino (y unos maletines en el Celta-Alavés confirmados por algunos implicados) llevaron al Racing de Ferrol en dos temporadas de Segunda a Tercera, y uno, sufridor verde, se disponía a seguir esa categoría con la esperanza de huir rápido de ella. En esas estaba cuando descubrí en el Cerceda a un altísimo delantero, con pintas de un holandés de esos que con la Naranja Mecánica exprimieron al mundo sin lograr el premio de ganar un Mundial. El nombre y la procedencia, eso sí, no engañaban. Manu Barreiro. De Santiago. El Cerceda estaba en sus años gloriosos (ahora entre todos lo mataron y Miguel Otero lo remató) apoyado en Meirama y en esa 10/11 campeonó en Tercera. No hubo ascenso pero el tal Barreiro hizo 20 de los 58 goles del club rojiblanco. Igual era una premonición lo de los colores. El Racing fue segundo pero en Galicia nadie subió a la B.

Para definir a Manu seguiré tirando de neerlandeses. Por alto era y es una máquina. Mide 1.91.Vale. Pero se puede medir tanto y no dominar el juego aéreo como él hacía. Te bajaba un satélite si se lo enviabas. Por supuesto en una categoría en la que el césped y la calidad no son amigas del juego por el pasto, Manu proporcionaba una salida de balón que nadie tenía en la división. Y además remataba siempre bien. De cabeza, de volea, de chilena, de espuela. Hasta te despeja los córners en contra. Al más puro estilo Van Basten. Y lo que le hacía todavía más especial eran los pies. Se podría pensar que su tamaño le haría tosco a la hora de jugarla. Nada más lejos de la realidad. Siempre veía el hueco imposible. Y sus regates elegantes eliminaban rivales antes de que Vinicius naciera. En eso recordaba a Bergkamp. Van Basten y Dennis (no Iglesias no se confundan). Vale. Os puede parecer exagerado. Pero en Tercera aquello era fantasía. Pronto se le encontró la comparación perfecta. Zlatan Ibrahimovic, el loco sueco. Pero el santiagués estaba mucho más amueblado. Con sentidiño.

Más tarde supe que el tal Barreiro tenía ya 24 años y un largo recorrido por el fútbol español y sus escalones no profesionales. En 2011 llegó a Pontevedra, que como Ferrol roía el estar un peldaño o dos por debajo de lo que su historia exigía. 12 de los 54 goles granates fueron de Manu pero el Ponte fue cuarto y tampoco pudo ascender. El Racing, séptimo en su caída a los infiernos. 

En estas llegó la temporada 12/13 y la noticia que cambió a muchos el semblante en A Malata. Manu Barreiro fichaba por los verdes. Con el recién retirado Aira en el banquillo y con el cántabro Jorge Rodríguez acompañando a Barreiro en la delantera, se creó la máquina perfecta. Liderados por el capitán y ferrolano Pablo Rey, nuestro Pita particular, los departamentales lograron 97 puntos y 98 goles (en una Liga en la que Compos y Celta B también subieron y se quedaron a 20 puntos del líder). Manu hizo 22 por no abusar. Sorprendía lo sobrado que iba de fútbol en Tercera. De fútbol, que no de actitud, siempre ejemplar sobre el césped pese a la leña que recibía. Sus goles además nunca eran del montón. Solo sabía lograr golazos. Algunos nacen con estrella. En los vídeos de sus mejores momentos, Manu recuerda al mejor Ibra.

 Con él al mando llegó el playoff. Y en Llodio ante el Laudio, en la ida, Manu marcó para el Racing. Aparece en los días importantes como cuando un tanto suyo inverosímil rescató al Nástic del descenso. Pero eso es otra historia. 1-1 final. Los aficionados alaveses que vinieron a Ferrol en la vuelta solo hablaban maravillas de ese delantero tan grande.  Con A Malata a reventar, 1-0 y el Racing volvía a Segunda B.

Muchos podían pensar que en la B, nuestro protagonista no destacaría tanto. Buen jugador sí pero no estrella del Grupo I. Se equivocaban. El Racing aprovechando el viento a favor del ascenso, se convirtió en un equipo temible y solo el otro Racing, el de Santander, le quitó el liderato. La suerte emparejó a Barreiro con el Nástic en la fase de ascenso. Casualidades de la vida. Los verdes no tuvieron opción pero Manu dejó 21 goles en su cuenta. Solo un tal Joselu (otra casualidad),su sustituto al irse del Racing, metió más en el Grupo del Norte.

Y tras el ascenso fallido llegaron los cantos de sirena a las oficinas de A Malata. Ante la oferta del Alavés, Racing y Manu separaron sus caminos. En Vitoria, Manu dejó pinceladas de su clase y goles en Segunda. Pero al subir los babazorros a Primera algún iluminado debió de pensar que Barreiro no valía para cotas tan altas. Ellos sabrán. El Nástic que le cerró el paso a Segunda se hizo con él y se convirtió en capitán, emblema y alma de los tarraconenses. Los salvó de bajar como decíamos antes y les dio las pocas alegrías de sus últimos años.

Y después de esta historia que espero no os hayas aburrido, llegamos a hoy. Barreiro presentado en el Anxo Carro. Viejo sueño lucense. Aunque ha reconocido que nunca hubo oferta formal. Es decir, clásico caso de Suena Míchel. Pero esta vez es cierto. Algo tarde porque llega con 32 años pero aún hay mucho fútbol en ese espigado cuerpo.

Manu puede aportar muchas cosas al Lugo. Juego aéreo, remate, combinación, alma. Mucho y bueno aunque no vaya tan sobrado como en aquel Racing. Da igual. Nada malo puede salir de este fichaje si vemos al Barreiro que conocemos. Cesaría al entrenador que ose no darle el puesto de titular indiscutible. De hombre que condiciona al rival y cambia partidos como hizo en el Lugo-Nástic de hace unos meses. De faro ofensivo del equipo. De hombre que con sus 10-15 goles permita al Lugo soñar con unos playoffs. De jugador que no dará un problema. La única pena es que llegará el día que se vaya a otros lares o se retire de rojiblanco. Entonces tiraremos de Youtube o de memoria con una sonrisa acompañando a una lágrima (en Ferrol se le sigue echando de menos). Porque seguro que va a ser un jugador para recordar en el campo del Miño. No me cabe duda. Ya está aquí. Gallego desde que nació como dijo en sala de prensa. Ibrahimovic con sentidiño.

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