Crónica

Esto es un balón

por Javier Folgueira Lozano 17 febrero, 2019

El balón o pelota es un elemento esférico que se utiliza en algunos deportes como el fútbol que, curiosamente, debe en parte de su nombre al propio balón («ball», en inglés). Nos ha parecido importante recordar este concepto, ya que tras los últimos encuentros nos da la impresión de que para los jugadores del CD Lugo esta curiosa esfera de colores ha pasado a ser un elemento extraño y amenazante que conviene alejar lo máximo posible de sus pies y que últimamente solo ven a lo lejos.

Está claro que Monteagudo ha llegado a Lugo para imponer su estilo, y su estilo es no querer la bola. Inicialmente, parecía que la vuelta al triple pivote prometía más control del juego, pero una vez más salió al campo con la firme intención de cederle la iniciativa al rival y esperar, y los baleares lo agradecieron sin duda: en 3 minutos ya habían tenido 2 clarísimas ocasiones de gol. En el primer suspiro, ya quedaba claro que tocaba sufrir y que se avecinaba otro desastre como el de Soria, y la amenaza no tardaba en confirmarse: 1-0 a los 8 minutos de juego.

El Mallorca jugaba a placer. Sin Iriome para apoyar en defensa, la banda derecha era una autopista y Valentín era incapaz de contener a Estupiñán y Lago. En el centro, Pedraza y sobre todo Salva Sevilla disponían de todo el espacio y el tiempo del mundo para repartir juego y decidir a cual de sus extremos le tocaba poner el centro a continuación. Es decir, uno de los mejores medios de la categoría enfrente y le cedemos la bola… ¿qué podía salir mal? Obviamente, todo.

Suerte tuvimos de llegar con sólo 1 de desventaja al descanso.

Todo, porque pese a errores puntuales de Menosse, Valentín o Vieira en los goles, no se puede individualizar esta derrota. No funcionó nada y con el Mallorca jugando a placer si el error no lo cometía uno lo haría otro, era cuestión de tiempo. Los extremos no conseguían sujetar a sus laterales, los medios estaban totalmente perdidos y los defensas no sabían por dónde les llovían las ocasiones. Y mientras, Manu Barreiro como un náufrago en punta rezando por que le llegara algún balón, cosa que no llegaría a suceder.

Se sucedían los centros y las ocasiones y suerte tuvimos de llegar con sólo 1 de desventaja al descanso.

En la segunda mitad, más de lo mismo. Dijo Monteagudo en rueda de prensa que «el segundo llegó cuando mejor plantados estábamos». Puede ser, si se considera «estar mejor» pasar de un partido de 0 a uno de 0,5 (sobre 10) y eso, porque el Mallorca decidió dar un paso atrás y esperar a la contra.

Porque así es como se juega a la contra en 2ª: primero te adelantas en el marcador y después das un pequeño paso atrás, pero manteniendo el control del partido, no te limitas a cerrarte en el borde de tu área y largar balonazos para ver si hay suerte y tu delantero los atrapa (lo que sería milagroso en una lucha 4 contra 1 como la de hoy). Tal vez Vicente Moreno acepte darle unas lecciones a los nuestros, ahora que ya no tenemos que enfrentarnos más este año.

tal vez sea culpa de la venta de Azeez, o de la de Kravets, o de la lesión de Iriome, o de la falta de puntería, …

En resumen, ¿cómo puede ser que un equipo que ilusionaba en partidos como el de La Rosaleda de repente se haya convertido en el peor de la categoría, con un juego mucho más ramplón que el de Nàstic, Córdoba o Extremadura, rivales directos? Pues tal vez haya que echar un vistazo a lo que tenemos enfrente, y es que jugarle a la contra a Málaga o Depor es pelear con sus propias armas, y eso les hace daño, pero regalarle la bola a equipos que están deseando tenerla en sus pies es regalar el partido.

O tal vez sea culpa de la venta de Azeez, o de la de Kravets, o de la lesión de Iriome, o de la falta de puntería, … o, lo más probable, un poco de todo.

Azeez y Kravets aportaban un «plus» de físico que Seoane o Pita no pueden (ni deben) suplir, además, jugar sin lateral izquierdo debilita ese lado y el derecho, al desplazar de allí a Campabadal. Las decisiones en la alineación, como sentar a Josete, Muñiz o Toni cuando estaban jugando a buen nivel, tampoco es que ayuden.

Pero al final, es todo un enorme castillo de naipes que, a fuerza de debilitar la base, se desmorona. Saqués se ha empeñado en desestabilizar la dirección deportiva y con ello el banquillo. La decisión de traer a Viqueira fue nefasta, y esa es una decisión de la directiva, no algo en lo que puedan lavarse las manos. El santiagués se justificó recientemente en la Radio Galega diciendo que los jugadores estaban con él. Tal vez eso sea precisamente parte del problema, que eran «sus» jugadores, y no los del club, y quién sabe si eso ha influido en su estado anímico. Desde luego, el rendimiento de sus fichajes, salvo quizás Vieira y Toni, está lejos de ser el óptimo en un equipo que solo sostienen los veteranos.

La mala elección de la dirección deportiva llevó a una mala elección de entrenadores y jugadores y esto nos lleva hasta la situación actual: un equipo en el que unos jugadores juegan a una cosa, otros a otra y el entrenador a una tercera que sus jugadores no comprenden. Es un efecto dominó que ha acabado por dejar a la última ficha del juego tambaleándose y a punto de caer. Esperemos que mantenga el equilibrio lo suficiente para no volver al pozo de la 2ªB, porque todos sabemos lo que costó salir de él en su momento.
Las malas noticias son que el Elche ofrece al entrenador la coartada perfecta para seguir con su modelo de juego, ya que es un equipo que, como el Mallorca, prefiere el balón en sus pies. Esperemos que sus debilidades defensivas se hagan notar y podamos ganarles, porque poco más se puede esperar que aprovechar el error del rival de cara al partido del próximo domingo, sin duda el más importante de la temporada.

Lo que es seguro es que en el Anxo Carro no podemos esperar tranquilidad ni buen juego

Pero en fin, quien quiera victorias puede ir a ver al Polvorín, que firmó una remontada espectacular en Porriño (3-4) con goles de Cuadrado y un Escobar que está pidiendo un sitio en el primer equipo a gritos.

O si se es de salud delicada y no se toleran emociones fuertes, tenemos al femenino, que con un holgado 5-1 tiene ya 4 puntos de ventaja sobre las quintas clasificadas y se acerca cada vez más al ascenso.

Lo que es seguro es que en el Anxo Carro no podemos esperar tranquilidad ni buen juego, eso sí, emociones fuertes las que queramos, tanto en el campo como en el palco, donde seguro que Saqués ya casi ha agotado su escasa paciencia con el entrenador. Veremos si lo destituye en otro de sus arrebatos o prefiere esperar al menos una semana y aprovechar el parón del no-partido contra el Reus para reorganizar las filas lucenses.

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