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Crónica: Numancia 3-0 Lugo. El gran cilindro

por Aarón Cabado Vázquez 2 febrero, 2019

Jacques, El Fatalista, es con toda seguridad uno de los personajes más detestables de la historia de la literatura universal. Jacques, protagonista de la obra homónima de Denis Diderot, es un pesado, un cínico y un soberbio, pero no es ninguna de estas cualidades la que lo hace odioso, sino su marcado carácter determinista.

Jacques cree que las cosas suceden como suceden porque es así como tienen que suceder. Porque está escrito en ‘el gran cilindro’ que así ha de ser. Una noche, reprende a un grupo de vándalos, y cuando estos huyen, un amigo le pregunta qué habría hecho si se hubiesen enfrentado a él, a lo que Jacques responde, tranquilamente, que aquello era imposible, ya que no había sucedido.

La vida sería mucho más sencilla si todo estuviera escrito, porque nos libraríamos de ese doloroso lastre que es la responsabilidad. Y una vida sin responsabilidad es una vida sin culpabilidad. Monteagudo podría haber justificado así la desastrosa actuación del Lugo en Soria: «¡Hemos perdido, pero estaba escrito que debíamos perder!». Es un argumento a todas luces irrebatible. ¿Qué van a hacer un grupo de muchachos en pantalón corto contra las reglas incognoscibles del universo? Pues nada, no van a hacer nada, sería ridículo pensar que pudiesen hacer algo, habría asegurado el bueno de Jacques.

El mejor resumen de la debacle albivermella en Los Pajaritos la hizo el propio  Fernando Seoane en zona mixta. El de Ames, fiel discípulo de Albert Camus, hizo un alegato en favor de la libertad humana: «Ellos empezaron a ganar el partido en los duelos individuales y en la intensidad en las disputas». El Lugo fue un equipo sumamente coherente: esperpéntico desde el minuto 1 hasta el 90, en el plano individual y en el colectivo. Fue una actuación que nos cogió desprevenidos porque en Soria el problema no fue exclusivamente futbolístico, sino también de competitividad, una faceta en la que el equipo había mejorado ostensiblemente desde la llegada de Alberto Monteagudo. De hecho, en sus últimos partidos a domicilio (Almería, A Coruña y Málaga), el Lugo fue un equipo resiliente, capaz de sacar las garras en situaciones adversas. Ante el Numancia, el cambio fue drástico.

Monteagudo insistió en repetir con el 5-4-1 que alineó ante el Rayo Majadahonda, con Sergio Gil en el medio en sustitución de Ramon Azeez. El choque se puso a contracorriente desde el principio: en el minuto 12, Fran Villalba recibió de cara, conectó con David Rodríguez y este batió a Juan Carlos, previo error de Josete, que falló al tirar la línea y habilitó al delantero talaverano. Al Lugo le costó asentarse. Por fuera faltó profundidad y por dentro escaseó la fluidez, gracias, en parte, al excelente trabajo del Numancia en la ocupación de espacios y en las coberturas. La única ocasión de los lucenses fue una internada de Lazo que despejó con problemas el portero local.

En el área contraria, al Lugo le costó contener las acometidas del Numancia. Juan Muñiz repitió como carrilero izquierdo y en fase defensiva sufrió con los cambios de ritmo de Yeboah, a Pita también se le vio algo desubicado y tanto Josete como Vieira dieron la sensación de sentirse incómodos con el nuevo esquema.

La segunda parte fue aún peor. La nieve hizo acto de presencia y López Garai entendió que era necesario minimizar errores. El Lugo regresó al 4-3-3, pero se topó con un rival muy bien plantado. Y en una posesión albivermella se desvanecieron las posibilidades de empatar: Toni Martínez le dio un pase comprometido a Josete, el central se confió y Nacho le robó la cartera, se plantó ante Juan Carlos y anotó el 2-0, en un gol de esos que duelen doblemente: por el hecho de encajarlo y por el hecho de encajarlo así.

La media hora restante fue indigna. El tiempo pasó y el Lugo se dedicó a tener el balón sin hacer nada de provecho con él. El Numancia se lo pasó bien. Escassi incluso se permitió el lujo de hacerle una entrada criminal a Escriche en el minuto 90, con el partido ya resuelto, por el simple placer del derribo, que a veces se adueña de los centrocampistas de perfil defensivo. Un par de minutos después, Guillermo, libre de marca, anotaba el 3-0 definitivo. «Los tres goles fueron evitables», aseguró Seoane. Jacques le habría tomado por loco. Sea como sea, los albivermellos realizaron en Los Pajaritos una de sus peores actuaciones de la temporada. Ahora solo queda desear que lo de Soria haya sido un accidente, que el Lugo vuelva a ser el de las últimas semanas y, por si acaso, que esté escrito en el gran cilindro que este año también nos salvamos.

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