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Amor de gol contra los hombres de negro

por Denís Iglesias 28 enero, 2019

El amor se reproduce de tantas maneras diferentes como lo hace la inteligencia, aunque ambos conceptos puedan ser antagónicos. Está el amor entre unos padres y sus hijos, quizás el más sincero; el amor juvenil, efímero pero intenso; el amor maduro, sobre el que ya no caben más evoluciones… Y después está el amor de gol. Es un concepto que no tiene fácil descripción. La celebración de un tanto es de los pocos momentos en la vida en los que uno puede gritar como un descosido, zarandear al compañero de grada y perder cualquier tipo de compostura. Un estallido de felicidad momentáneo que se comparte entre miles de personas. Éstas entonan una banda sonora perfectamente descoordinada de gritos que nos recuerdan nuestra naturaleza salvaje.

Gol hasta la garganta profunda de nuestras bocas, hasta el mismísimo infierno del que nos ha sacado un simple balón que por orden de la física de algún jugador ha terminado en el fondo de la portería rival. El que en un campo no es capaz de desatarse con la fotografía final de un disparo certero no es que no tenga corazón, es que ni siquiera entiende las reglas esenciales emotivas de este juego. Y claro, como en el amor fou, el loco, ese que acuñan los franceses, uno quiere más y más. Como una droga muy cotizada.

Toni y la sencillez del ariete

Este año en el CD Lugo la cuestión anotadora está (¿ba?) en continua marea baja. Pero de vez en cuando, sucede un episodio extraordinario en el que se destaca toda la sequía contenida. Ocurrió contra el Rayo Majadahonda. En la misma secuencia alocada que se vivió ante el Numancia (3-2) o la UD Las Palmas (4-2). Partidos de sangre fresca que sirven para envalentonar a una afición que vive un año convulso, de cambios que, ahora, por fin, parecen ilusionantes. Porque contra el conjunto majariego se produjo una acción de las que hacen llorar por su extrañeza. Un tanto nacido en las botas del triasistente  Juan Muñiz que fue rematado en el primer palo por el recién llegado Toni Martínez, al que describíamos el otro día como un amante del gol a la inglesa. Lo demostró en media hora. Con genitivo sajón: Lugo’s killer. Por el SEO no deberíamos repetir dos veces parte o un título completo, pero no importa en un contexto como el que nos acoge. Motores de búsqueda, no traten de entenderlo.

A más de uno se le saltaron las lágrimas al ver a un ‘9’ jugando de espaldas, repartiendo arte, fijando centrales…

Sobre Toni Martínez

El delantero murciano confesó que había hablado con el medio asturiano en los entrenamientos sobre una jugada tan sencilla como difícil de conmemorar en el terreno de juego. A más de uno se le saltaron las lágrimas por ver al fin un ‘9’ armado hasta los dientes y con sentido para darse la vuelta, repartir juego, fijar centrales… Acciones propias de alguien que se gana la vida metiendo goles pero que ninguno de los hombres ofensivos del CD Lugo había conseguido realizar hasta la fecha. Los arietes tienen esa capacidad de prender la mecha del oficio de sus compañeros, como después pasó con una jugada de un Lazo explosivo, al que se le agota la gasolina en las segundas mitades, pero que tiene un toque especial que le hace diferente. Bordea muchas veces la frontera de la falta de confianza o se destruye ante una pérdida bienintencionada. Sin embargo, en los últimos partidos está recordando al cuerpo celeste que se echó encima al Recreativo de Huelva la pasada temporada.

Lazo puso al norte de la portería de Basilio un disparo valiente, justo el punto cardinal que perdió un portero que en el Wanda Metropolitano nos había parecido un flojo eslabón. Un espejismo del que nunca pudimos dar crédito después del lamentable espectáculo que allí presenciamos. No se ganó el golaveraje, pero por lo menos se ganó el prestigio de atenazar a un equipo que, aunque dueño de un buen juego, es un recién ascendido. Ya el Extremadura se había pasado por el forro de lo establecido eso de ser novato, alzándose con un punto que pudo ser peor de no ser porque el monarca Gallego falló ante el león de la Metro, encarnado en Juan Carlos. El meta de Marchamalo nunca va a tener un partido tranquilo. Y eso puede que redunde en su buen rendimiento. Rugió el primero al ver la tropelía que se cometió el el 2-1 que metió el miedo en el cuerpo de todos los que plantaron en el Anxo Carro. Hasta en los que fueron con invitación.

La mano de Satanás

Aitor Ruibal se inventó un gol con el codo y, ya puestos, decidió celebrarlo como si fuera una chilena. Nada de trampantojos. Se besó las manos. Qué maravillosa escena tragicómica que a punto estuvo de costarle al CD Lugo, una vez más, puntos. No nos gusta hablar de los árbitros porque ellos sólo vienen a poner ley. Pero en ocasiones manipulan de tal modo el devenir de un encuentro que es innegable poner el acento en ellos. Porque si un delantero falla a puerta vacía, tildarlo de paquete se nos queda cortos. Son personajes públicos y los agravios comparativos están ahí. Pues con los colegiados, igual. Sobre todo cuando el que impartía justicia es el niño prodigio del arbitraje español: Óliver de la Fuente Ramos.

No hay ninguna mano negra contra el Lugo pero los hombres de negro, por doblemente malos, se dedican a amenazar nuestra soberanía

¿Se puede hablar de la Troika en 2019?

Nos sabemos los apellidos de los trencillas no por la falta de vida social que tenemos -pudiera ser- sino porque las designaciones pueden marcar el desarrollo del relato. Claro que no hay ninguna mano negra contra el CD Lugo, que, para la mayoría, queda a las 14 horas que un día marcó Aganzo como trayecto figurado (parece mentira que jugase en el Anxo Carro un año…). Todos los hombres de negro traen malos augurios. Como aquellos emisarios de la Troika que se dedicaban a amenazar las soberanía de los estados en nombre del FMI o cualquier otro acrónimo inflamable. En todos los casos, miserables burócratas cuya verdad, por cargo, es indiscutible.

Repita Pita

No es este un año para mentes tranquilos. Tuvo que venir otro que estrenaba camiseta como Manu Moral para meternos el miedo en el cuerpo. Parecía que la profecía tantas veces denunciada por los Samuelson sobre el Negra Sombra al principio de los partidos se iba a cumplir. Luto en la previa, luto en el resultado. Menos mal que hay un ente intergaláctico, que seguramente en otra vida haya sido emperador, que siempre está ahí. Aparecerá en alguna pregunta del trivial cuando se pregunte sobre un capitán leal, generoso y, sobre todas las cosas, talentoso.

Es Pita. Carlos. Carlos Pita. Combinen las partículas como quieran porque saldrá un ser demasiado humano para ser de este planeta. El ‘5’ remató como un estilete para anotarse el sexto del año en la que es ya su mejor temporada goleadora con el CD Lugo. Encima, el cabrón cada vez parece más joven. Lo que nos hace recordar que no es que la vida nos trate mal a nosotros, sino que no hemos sabido tratarla tan bien como él, que se lleva todas nuestras miradas de calle. La admiración, en vez de ir al bolsillo del ego, va directamente al bolso de la experiencia. Arma infalible para estas lides.

Amores hay muchos, pero sólo el que profesamos a este club tiene un contrato sin condiciones. Con poco que nos den, los 3.000, los del escaño sin representación, nos plantaremos cada 15 días en el campo. Aunque los de negro nos separen y nos digan que la Segunda División no está hecha para nosotros. A pesar de que nos pidan títulos y pasados para entrar, nosotros, los López de una competición de aristócratas venidos a menos. Pese a que no entendamos la ignorancia de nuestros vecinos hacia el club de su ciudad. Si hay amores que matan, que por lo menos el nuestro nos pille con un gol entre los dientes.

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