Crónica

Días extraños. Crónica del Lugo 4 – Las Palmas 2

por Javier Folgueira Lozano 10 diciembre, 2018
Marcador Lugo Las Palmas

Definitivamente el fútbol, como casi todos los deportes, tiene días muy extraños. Un equipo puede hacer el partido de su vida y perder una final por un resbalón de un defensa o hacer un partido desastroso y encontrarse con la victoria con un gol de rebote. Así las cosas, el Lugo ha demostrado en los últimos 8 días que con Monteguado gustará más o menos, pero desde luego sabe a qué juega y dentro de ese nuevo juego, notablemente transformado (y mejorado) respecto al inicio de temporada, probablemente los encuentros anteriores al de ayer fueron los mejores en conjunto de la temporada… y se saldaron con sendas derrotas. Sin embargo, en un partido en el que se apreciaron bastantes más carencias que en los dos anteriores se consigue por fin una victoria muy necesaria gracias a un despliegue ofensivo espectacular y a pesar de algunos errores defensivos de bulto. Sin duda, el de ayer fue un día muy extraño en el que se logró por fin conectar con el público del Anxo Carro, que disfrutó del partido más entretenido de la temporada, eso sí, no exento de sufrimiento.

Lo primero que resulta raro del partido de ayer es cómo se invirtieron los factores que vienen marcando el devenir de esta temporada para el CD Lugo. Por goles encajados, el Lugo debería ser un equipo de mitad de la tabla (somos el 11º que menos encaja) y por anotación un equipo de descenso (3º que menos marca) y sin embargo ayer brilló la delantera y padeció lo indecible la defensa. A esta rareza ayudó también el rival, por una parte facilitando el trabajo en los 3 primeros goles locales y por otra demostrando que tiene un ataque muy superior a la media de la categoría, con un Maikel Mesa capaz de armar una jugada de ataque para sus compañeros con 1 o 2 toques y especialmente un Álvaro Lemos que en su puesto original de extremo recordó más al que nos deslumbró en el 2016 que al que pasó con más pena que gloria la temporada pasada por el Anxo Carro. Me alegro por él, pero más me alegraría que hubiese estado un poco peor ayer.

Ayer el día también fue raro porque los hados parecían por fin favorecernos por una noche

Pero méritos (y deméritos) del rival aparte, lo cierto es que el espectáculo de ayer fue principalmente culpa de los albivermellos. No sabemos qué les habrá dicho Monteagudo esta semana, pero los 4 de arriba parecían otros. Menos Iriome, que era el mismo de siempre, porque Iriome prácticamente siempre da el nivel y basta con que juegue como nos tiene acostumbrados la mayoría de los días desde que está en Lugo. Y si además el icodense pone la guinda al pastel con un golazo, pues qué vamos a decir de él que no hayamos dicho ya en estas páginas. Jugando así, hasta se le perdona el fallo garrafal que casi nos cuesta el 3-3 con un tiro a la cruceta de Sergio Araújo (y aprovecho aquí para darle una mención a la afición, que ayer a pesar de ser poquitos también estuvo a la altura, entre otras cosas por animar al tinerfeño tras esa jugada), y es que ayer el día también fue raro porque los hados parecían por fin favorecernos por una noche, porque cualquier otra noche tal vez ese disparo del argentino acaba dentro y todo habría cambiado a partir de ahí, o tal vez el remate con el muslo de herrera en el 2º gol acaba en el palo y nos venimos abajo. Esos pequeños detalles son los que cambian totalmente un resultado y por eso lo importante en Pamplona y Valencia era que se había jugado bien, porque esos detalles son impredecibles y tarde o temprano tenían que favorecernos. Cuestión de estadística.

A la estadística hay que darle un empujoncito, y ayer los lucenses le dieron 4 empujones bien grandes, llamados Escriche, Lazo, Iriome y Herrera

Pero a la estadística hay que darle un empujoncito, y ayer los lucenses le dieron 4 empujones bien grandes, llamados Escriche, Lazo, Iriome y Herrera. Por destacar a 4, porque todo el equipo rindió a buen nivel. Escriche hizo lo que mejor sabe hacer: ser el típico delantero “pesado” que no para de tocar las narices a la defensa. En mi equipo, quiero uno de esos siempre. Sabe desmarcarse, sabe presionar, agobiar a los defensores y ayer definió muy bien en el 3º y algo menos en el 2º, donde su semifallo sirvió de asistencia para que rematara Herrera.

En cuanto a Herrera, no me quiero poner pesado con el “ya te lo dije”, pero todos los compañeros de Lugoslavia saben que soy muy plasta con él, porque es un jugador que me encanta (a pesar de que en las crónicas le pegue palos de vez en cuando). Se le puede criticar por definir con mejor o peor fortuna, pero en cuanto a entrega, toma de decisiones y constancia es claramente de lo mejor que tenemos. Y si añadimos a eso que sabe tirar faltas y penaltis, pues tiene que ser nuestro delantero clave, aunque sigo pensando que cargar toda la responsabilidad del ataque sobre Herrera y Escriche sería una temeridad, necesitan ayuda cuanto antes.

En resumen, el canario hizo todo bien ayer: tomar la responsabilidad de lanzar el clarísimo penalti que cometió Deivid sobre Lazo, anotar el 2º, presionar los 90 minutos y distribuir bien el juego. Incluso si vamos al frío dato, destaca su actuación de ayer. Fue el líder del equipo en remates (5), goles (2) y acierto en el pase (88%, con solo 3 pérdidas) y estuvo entre los mejores en otras muchas categorías, como podemos ver:

Lazo fue el que aportó lo que más echaba en falta el Lugo en lo que va de temporada: el pase final

Pero si de números hablamos, me he dejado para el final al que más destacó en ese aspecto: José Carlos Lazo (o José Carlos, como se empeñan en llamarle los compañeros de Baniela en Madrid para confusión de los que leen las crónicas y piensan que es el defensa sevillano). Parecía que el extremo cedido por el Getafe no acababa de encontrar su sitio en el once inicial, donde no rendía al mismo nivel que cuando salía del banquillo, hasta el punto de la frustración en partidos como el anterior en casa, pero ayer lo encontró y cuajó su mejor actuación con el CD Lugo. Además de ayudar en defensa a Kravets, que no poco trabajo tuvo con Lemos, fue el que aportó lo que más echaba en falta el Lugo en lo que va de temporada: el pase final. Curiosamente, fue el que menos pases dio del equipo, 16 en total, pero casi la mitad de ellos fueron asistencias para remates de compañeros, es decir, ese pase que dejaba al compañero en posición de remate. Solo uno, la fantástica asistencia a Escriche en el 3º, llegó a gol, pero hasta en otras 6 ocasiones asistió para que rematase otro albivermello, en esos casos con menos fortuna. Estadísticas aparte, Lazo fue un martirio constante para David García, aprovechando que Lemos ejercía más funciones de ataque que de apoyo en defensa, y demostró que su sitio es el de extremo titular a los que ya empezábamos a dudar de ello. Esperemos que lo de ayer sea el espaldarazo definitivo para ver en el Anxo Carro las maravillas que de él nos cuentan los aficionados que lo disfrutaron en Huelva.

Pero no todo fue fiesta y alegría en el partido de ayer. Aunque no me lo pasaba tan bien en un partido de casa desde el del Sporting del año pasado, tuve suerte de que fuese en horario de bocadillo, porque de otro modo me habría quedado sin uñas. En contra de lo que parece viendo el marcador, se sufrió y mucho. Aunque el Lugo fue muy superior en el global, volvieron a aparecer los despistes en defensa, que a punto estuvieron de costar un par de goles que quizás hubieran decantado la balanza en contra, como ante Osasuna o Levante. Son especialmente alarmantes las pérdidas en la zona media, que propiciaron contras que con delanteros del nivel de los del equipo canario suelen pagarse muy caras. En cuanto a los goles, poco que decir, salvo que Cala y Mesa superaron en centímetros a nuestra defensa, pese a que en ese aspecto la llegada de Vieira ha reducido el peligro aéreo, pero aún hay ocasiones en las que se paga la menor altura. De ahí probablemente el último cambio de Monteagudo ayer, metiendo a Bernardo y dejando al equipo sin delanteros, aunque ya se encargó Iriome de hacer esa función con su chicharrazo.

También hay que decir que el míster ha cambiado la actitud del equipo. Ahora el balón es más tiempo del rival, pero las salidas a la contra son fulgurantes y también ha cambiado, al menos ayer, la actitud en los momentos clave. El arranque de la 2ª parte fue espectacular y también cómo el equipo supo terminar ambas mitades en el área rival y no en la propia, además de demostrar oficio para enfriar el partido (o perder tiempo, si se prefiere) en los minutos finales. Podrá gustar o no, pero si se hace con mesura, ayuda a ganar partidos.

En resumen, por fin hay una línea a seguir claramente marcada. Se ha mejorado en juego y, sobre todo, se sabe a qué jugamos. Ahora dependerá de si la pelotita quiere entrar o no, de si el despiste de turno lo aprovecha el rival o no, de si los rivales también tienen despistes,… pero jugando con criterio, habrá más días como el de ayer en los que “los imprevistos” nos favorezcan.

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