Crónica

Lugo – Córdoba: 2-1. Supervivencia entre tinieblas

por Aarón Cabado Vázquez 25 noviembre, 2018

Se percibe cierto nerviosismo en torno al Club Deportivo Lugo. Es una sensación extraña: pese a la condición de humilde que acompaña al conjunto albivermello, desde el ascenso a Segunda División nunca se había visto en una situación como la actual. El Lugo se acostumbró a empezar fantásticamente bien las temporadas y a desinflarse en las segundas vueltas, en una rutina aprehendida e integrada a lo largo de los años que garantizaba calma en el tramo final del campeonato. Pero este año, el inicio dubitativo de los lucenses ha dibujado un escenario distinto, y el miedo ante un posible descenso es más nítido que nunca, pese a que apenas acabamos de superar el primer tercio de competición.

Ese temor, esa oscura incertidumbre, contribuyó a tildar el partido ante el Córdoba de ‘final’. Quizás este apelativo era excesivo, pero sí se trataba de un partido especialmente relevante, por implicar a dos clubes con el objetivo común de la permanencia, y por la condición de local del Lugo. Los de Alberto Monteagudo recibían en el Anxo Carro al peor visitante de la categoría, como nos explicaba hace unos días Toni Cruz, por lo que era una oportunidad diáfana para intentar cosechar el primer triunfo desde la llegada del técnico manchego y alejarse un poco de las tinieblas acumuladas en la parte baja de la clasificación.

Y el Lugo ganó, pero no quiso renunciar a darle a los espectadores albivermellos —que en esta ocasión, a pesar de la conjura realizada a lo largo de la semana, ni siquiera llegaron a la habitual cifra de 3000— una nutritiva dosis de sufrimiento. La primera mitad, el Lugo salió con la voluntad de llevar la iniciativa y someter al Córdoba, un equipo al que Curro Torres pretende inocular el gusto por el fútbol asociativo. A los andaluces se le vieron algunas características de lo que pueden llegar a ser, pero también evidenciaron que son un conjunto a medio construir y que, como cabía prever tras su convulso verano, tienen varios problemas estructurales.

A sabiendas de que el punto débil de los verdiblancos reside en la zaga, Monteagudo, perspicaz, apostó por explotarlo: compuso una delantera formada por Cristian Herrera y Dani Escriche, la dupla atacante con más movilidad de todas las que tiene a disposición, y ambos se mostraron extraordinariamente acertados, tanto a la hora de conectar entre sí como en acciones individuales. La agilidad de los puntas albivermellos provocó numerosos desbarajustes en la defensa del Córdoba. En uno de estos, Escriche tiró un desmarque a la espalda de Aythami y el central tuvo que agarrar al de Burriana para evitar que se fuese solo hacia la portería. En esa misma falta, José Carlos Lazo colgó el balón al área y Álex Vallejo metió la mano de forma inexplicable para regalar un penalti a los lucenses. Cristian Herrera engañaba a Carlos Abad y anotaba el primer tanto liguero del Lugo de Monteagudo.

El gol le sentó mal al Córdoba, y apenas cinco minutos después el Lugo ampliaría su ventaja tras una buena internada por la izquierda de Luis Ruiz y el posterior remate de Iriome, que impactaba con el balón en semifallo pero conseguía colar el esférico en la portería andaluza. 2-0 y el partido encarrilado tras la primera media hora. Ni tan mal.

Además, en algunos tramos del primer tiempo, el Lugo fue lo que prometió su entrenador cuando llegó: vertical e incisivo con balón, agresivo sin él. Los albivermellos conseguían robar el balón en posiciones adelantadas y apenas sufrían atrás. Los dos laterales subían con frecuencia, Ramon Azeez y Fernando Seoane recordaron a los de la temporada pasada y la pareja de delanteros rayó el sobresaliente. También rindió a un nivel notable la pareja de centrales, con un Josete que incluso se jugó el tipo ante Piovaccari y tuvo que ser sustituido al descanso.

Sin embargo, no todo iba a ser tan bonito en un día tan gris. Así como Monteagudo le ganó la partida a Curro Torres en la disposición inicial, el técnico del Córdoba realizó varios ajustes al descanso que le dieron la vuelta al tablero. Los visitantes dieron un paso al frente, trataron de ahogar la salida del Lugo y buscaron con ahínco la portería de Juan Carlos, especialmente por los costados, filtrando balones a la espalda de Luis Ruiz y Campabadal. Así, al poco de empezar el segundo tiempo, Miguel de las Cuevas reducía distancias tras aprovechar un balón suelto en el área. Tocaba sufrir, porque pelear por la permanencia es luchar por la supervivencia y en la Segunda División todas las peleas son encarnizadas. Las victorias sencillas están al alcance de muy pocos y el Lugo no es uno de ellos.

Ante el arreón cordobés, Monteagudo movió ficha e introdujo a Aburjania por Escriche, con el objetivo de recuperar el centro del campo. Algo más tarde entraría Campillo para intentar que el Lugo no se desconectase del balón. Tras los cambios, la balanza se equilibró: la necesidad llevaba a los verdiblancos a apretar más, pero los albivermellos se defendieron relativamente bien. Sufrimos porque no hay otra forma de terminar un partido así y porque el Córdoba sobrevoló el área lucense en varias ocasiones, pero lo cierto es que no tuvo ocasiones verdaderamente claras, más allá de un remate de Piovaccari que despejó bien Juan Carlos. De todos modos, el Lugo acabó atrincherado en su área, repeliendo un par de saques de esquina que mantuvieron en tensión al rsepetable. Y aguantó, que es lo que importa, para conseguir los tres puntos y distanciarse ligeramente de los puestos de descenso. Toca mirar hacia delante, contemplar el camino que queda y recorrerlo con paso firme, con la convicción de ser capaces de convertir el triunfo de hoy en un punto de inflexión.

 

Fotografías: @CDeportivoLugo

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