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Larguirucho

por Denís Iglesias 8 marzo, 2017
Pablo Caballero, durante un partido de la pasada campaña | Foto: Xabi Piñeiro.

Me encantan los dibujos animados. Lo digo en presente. Transgreden la realidad para frivolizar y reflexionar sobre la conducta humana sin los límites de la carne. Incluso los infantiles. Más allá del universo Disney y Pixar, cargado de cierta melodía hollywoodiense, con sus happy end y sus épicas, me encanta el film argentino Trapito.

Tras contrastar con otros miembros de mi quinta descubrí que no era el único que se había enganchado a una película que narra la historia de un espantapájaros que tiene vida propia. Venía con una revista cuyo nombre no alcanzo a recordar, era de esas que servían como tutorial para los padres primerizos. Un compendio de saberes populares que hoy ha sido sustituido por la Wikipedia, o lo que es peor, Youtube. Trapito posee un gran vacío emocional. Comienza con una primera escena de una noche tormentosa en la que el protagonista casi fenece. Se salva gracias al gorrión Salapín. Trapito descubre tras esquivar la muerte que carece de ilusiones.

Para volver en sí, Trapito, lejos de procurar un camino cómodo, decide enrolarse en una aventura que le llevará a rivalizar con enemigos como piratas pero también a conocer a aliados como Larguirucho, un ratón antropomorfo que como bien indica su nombre, alcanza a ver donde el resto no pueden. Este era sin duda mi personaje favorito. Y también lo fue para varias generaciones de argentinos. Es el único que ha estado presente siempre en el universo de García Ferré, que equivaldría en nuestro país a, por ejemplo, a Francisco Ibáñez, creador de Mortadelo y Filemón.

Larguirucho tiene una estatua en el Paseo De La Historieta (Buenos Aires) 

Larguirucho es altote desgarbado, hincha de Boca, despistado pero con un enorme corazón. Sólo oírle hablar te lleva a esbozar una sonrisa. Cuando Pablo Caballero aterrizó en Lugo en enero de 2015 su aspecto, porte y forma de hablar me recordó de modo irremediable al bueno de Larguirucho. Frente al Almería, fue uno de los pocos jugadores que bombeó los corazones de una afición rojiblanca que olvidó, por momentos, su calendario de adviento de chocolates amargos. Ante el Mallorca, Caballero tendrá una nueva oportunidad y gozará de la cuarta titularidad de la temporada, debido a la sanción que cumplirá Joselu por acumulación de amonestaciones. La afrenta llega en uno de los peores, sino el peor momento de la temporada del equipo, que, curiosamente, coincide con el repunte del argentino.

“Yo antes era un ser triste, cabizbajo y meditabundo, hasta que un día me pregunté: ¿Para esto vine a este mundo? Reaccioné y me dije, la vida es hermosa y el asunto es no complicar las cosas. Me compré una granja y volví a la naturaleza”, le dice Larguirucho a Trapito en un momento del filme. Un mensaje semejante al que el flaco del CD Lugo ha transmitido en sus últimas apariciones, en las que se ha mostrado como uno de los pocos jugadores capaz de nadar a contracorriente. Habilidad crucial en un equipo que sólo ha ganado uno de sus seis últimos partidos.

El tanto ante el conjunto almeriense, aunque de rebote, fue la justa recompensa para un jugador ha resistido de modo estoico en la segunda fila de combate. El presente año deportivo comenzó con una pubalgia que le dejó fuera una parte importante de la pretemporada. Su hipotético sustituto, Joselu, se convirtió en titularísimo en su ausencia. Cuando al fin pudo reaparecer, en la cuarta jornada, había perdido su sitio. Y lo peor, estaba lejos de ser el decisivo delantero que la pasada campaña anotó doce goles, capitales para que el Lugo alcanzara la permanencia.

Caballero, ante el Albacete, la pasada campaña | Foto: Xabi Piñeiro.

Este buen hacer le puso en la rampa de salida del club. Fuera estaban esperando varios equipos y precisamente el Almería ya tenía pintado el cartel de bienvenida. La lesión muscular que arrastró desde el final de temporada quebró cualquier marcha. El club consiguió cerrar su renovación en septiembre hasta junio, deadline para la quedan tantos flecos sin resolver. Quién cortará o ampliará estos hilos es un misterio, tras la salida de Emilio de Dios hace apenas unas semanas. A Caballero, ahora mismo, parecen no importarle estos líos de papel mojado. Sea dentro o fuera del CD Lugo pretende recuperar el tiempo perdido. La ganancia de goles y minutos hasta el final del curso reforzaría la candidatura de un jugador de 30 años, edad complicada en la fulgurante vida de un futbolista.

Quizás esa madurez es la que le ha ayudado a gestionar la suplencia. La misma que le convirtió en el villano del Girona en junio de 2015, al frustrar el ascenso del equipo catalán. Esta aptitud para desmarcarse del guión pautado, le ha permitido aportar sin marcar. Joselu ha sido el más decisivo hasta el momento frente al marco rival (17 tantos, empatado en la cima con Roger, del Levante), pero Caballero suma en apartados donde el andaluz es más flojo, como el juego aéreo. Como todo goleador, necesitaba quitarse la espina de la cruda sequía, sin la que será más capaz de todo. La afición lo sabe, y por eso, cada vez que salta a calentar entona su nombre. Un coro que el de Totoras no quiere apagar, así que como diría Larguirucho: «Blá má fuete, que no te cucho».

Foto principal: Xabi Piñeiro – LGV. 

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