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CD Lugo Argentina: pasión transatlántica

por Denís Iglesias 24 noviembre, 2016

En algún rincón de Buenos Aires se esconde una camiseta atípica. Lleva la serigrafía de una marca de cerveza: Estrella Galicia. No es el del Deportivo. Tampoco del Celta. Está impregnada con un escudo renovado, de un club nacido en 1953, el CD Lugo. Esta entidad era hasta hace nada una isla en un océano futbolístico, pero poco a poco va ganando extensión, a veces, más en patria ajena que en la huerta propia. Cosas de la globalización, que es algo más que el TTIP.

Pudiera haber una botella de licor café de contrabando junto a la elástica, o un trozo de empanada desmigada, pero el complemento es una Quilmes. O un dulce de leche. Y no hay muiñeiras, puede que Radio Mitre, Cambalache o la vieja sintonía de un gol de Maradona. Suposiciones a las que da respuesta Gonzalo Bobadilla, argentino que en un país donde es tan fácil coger un taxi como ver un estadio de fútbol ha tirado por la opción difícil, a miles de kilómetros de casa. Periodista deportivo, gestiona la cuenta CD Lugo Argentina desde hace tres años, una de las más activas en cuanto a información sobre el club lucense. Compagina esta actividad con la redacción en AXEM, medio digital dedicado al seguimiento de los argentinos en el exterior, que no son pocos…

Los amantes de Cádiz

Si sus orígenes estuvieran en Chantada, este abrazo a una fe lejana se entendería como un arrebato de morriña, pero lo suyo es pura pasión. Y no, no tiene antepasados lucenses. Ni gallegos. Los venezolanos y los colombianos tienen las telenovelas, los argentinos tienen un melodrama llamado fútbol. Su filantropía es tan fácil o difícil de entender -según criterio- como la de aquellos que gestionan redes sociales sobre el CD Lugo con base en Gales, Francia o en algún país árabe. Pero nadie mejor que un argentino para entender que las relaciones sentimentales del fútbol son complejas. La suya comenzó, como la de tantos otros, un 24 de junio de 2012. En Cádiz era verano, en el hemisferio sur se debatían entre cualquier estación contraria. Allí se firmó la primera Constitución española de 1812 y el tratado que permitió a un equipo entrar en el fútbol profesional.

Algunos hicieron tambalear la Tacita de Plata. Otros balancearon la muralla y Aguas Férreas más que un ejército de godos. Y en el otro lado del charco, Gonzalo, siguiendo el partido por un infausto enlace, levantó los brazos para celebrar el gol de Manu, que dice llevar grabado en la retina. Un material fotosensible donde también se acumulan los éxitos de su equipo de cabecera, el Club Almagro, clásico de la Primera B Nacional argentina (segunda).

Y es que todo cambió aquella jornada veraniega. El CD Lugo pasó al fútbol de los mayores con todo lo que eso conlleva. Empezaron a florecer peñas como setas otoñales y las filias hacia lo rojiblanco fueron evidentes. “Me enganché tras ver la victoria del Lugo ante el Cádiz. En aquel equipo jugaban argentinos como Melli Belfortti y Carlos Monti que quedarán para siempre en la historia del CD Lugo”, recuerda Bobadilla. Y desde entonces, sólo buenos momentos: «Nunca me he sentido mal siguiendo a este equipo, sólo un descenso a Segunda B lo cambiaría y no es momento para pensar en ello». 

PC Fútbol, el cupido moderno

El seguidor lejano tuvo su primer contacto con la escuadra rojiblanca, como tantos otros, a través de los videojuegos, donde uno adquiere empatía con el Malmö, con el que gana la Champions. Yo quise comprarme una bufanda del KV Red Star Waasland-Beveren, un equipo belga con el que conquisté la UEFA cuando todavía merendaba viendo a Hattori o Ninja. En fin, un amor virtual tan propio de nuestra época, pero del que pueden nacer hasta criaturas: “Muchas personas de mi edad enloquecieron con el PC Fútbol 6.0, donde podías escoger un equipo y ascenderlo a Primera. El Lugo era uno de mis preferidos y por eso decidí seguirlo”.

El cortejo y la estima llevó al gozo pleno del Carranza, donde se abrieron tantas puertas y se creó una mitología eterna. Este seguidor tiene como objetivo que una comunidad de aficionados rojiblancos cristalice en un estado donde sobra mano de obra gallega de varias generaciones. Eso, sin tener en cuenta a los aficionados de Racing Club o Almirante que quieran seguir los pasos de Pablo Caballero o de cualquier otro argentino que recale en la disciplina gallega. Esa nación, donde todos son los extranjeros son gallegos aunque no quieran.

El PC Fútbol, un juego más instructivo que cualquier curso de la RFEF.

El PC Fútbol, un juego más instructivo que cualquier curso de la RFEF.

Porque cada hijo que sale de tu club-familia es un ejemplo a seguir. Aunque no marque un gol en Tercera. Lo suyo es puro respeto al destino, que es el que baraja las cartas. Por eso, Gonzalo Bobadilla tiene un mensaje de cabecera con el que muchos se llenan la boca, pero que pocos cumplirian: “En Preferente o en Primera, seguiré siendo toda mi vida del Lugo”. Cuando alguien que vive a miles de kilómetros enuncia esta sentencia cobra sentido por las horas sin dormir para ver al equipo y por la búsqueda furtiva de streamings que tiene que hacer.

Antes de hacerse donante rojiblanco, Gonzalo ya tenía un okupa en su corazón, el Club Almagro, equipo cnetario de Buenos Aires que en los orígenes de las publicaciones de culto como El Gráfico aparecía con los grandes como Boca Juniors o River. Incluso corre una leyenda sobre que le ganó los colores (azul, blanco y negro) al conjunto xeneize en un duelo. “Sólo hemos estado tres años en Primera, pero siempre animamos las ligas”, describe un hincha que el año pasado celebró el regreso del conjunto tricolor a Primera B Nacional como si no hubiera mañana.

La Champions del Lugo ya vendrá, como la Libertadores del Almagro. Lo importante para él y para muchos de los que seguimos a clubes modestos es que la pelota ruede. Que se jodan los focos y el campo se llene de barro pero que el cuero siga volando entre las piernas de unos muchachos a los que se les cantará si meten gol y a los que se les cantará si fallan gol. Porque por detrás de ellos están unas siglas.

«Ojalá algún día pueda ir al Anxo Carro»

Bobadilla se sabe la alineación del CD Lugo al dedillo. Comenta cada artículo que sale sobre el club y expone variantes tácticas. Se relame con las victorias y se le atragantan las derrotas. Si pudiera escoger un vecino para que guardase sus llaves, elegiría a José Juan: “Es un arquerazo, o porterazo, como dicen allí, debería quedarse a vivir en Lugo”. Para tomar un trago y avanzar entre la multitud, Iriome: “Siempre me ha caído bien, juega bien y maneja bien el balón”. Si quisiera ponerle un nombre a una calle, la mejor opción, Manu: “Es un histórico e hizo el penal del ascenso”. Y para presumir de patria, nadie mejor que Pablo Caballero, relegado a un segundo plano esta temporada a causa de la pubalgia que le mantuvo apartado la primera parte del curso.

“Esta temporada la expectativa no iba más allá de seguir intentando quedarse en Segunda”, afirma sin autoengaños, con una forma verbal que abre las puertas del sueño al que muchos aficionados quieren aferrarse. Esa tonta utopía en la que el CD Lugo coquetea con los puestos de playoffs, para, quien sabe, ser un Eibar. O un Leganés. O simplemente él mismo, como al inicio de temporada, donde encadenó una sobresaliente racha de resultados que multiplicaron la confianza de Bobadilla y todos los que alguna vez se sintieron gladiadores da eternidade, como reza el himno oficial.

“Segunda siempre ha sido una liga muy pareja, por los que llegan desde Segunda B y los que bajan de Primera. Esta temporada no va a ser la excepción”, anticipa el aficionado argentino, quien daría su alma y la de sus ancestros por poner los pies al lado del Miño: “Ojalá algún día pueda presenciar un partido en el Anxo Carro”. Ojalá pudiera teletransportarse y apropiarse de algún cuerpo de As Gándaras, Montirón o Rúa do Progreso que no late cuando ve a su ciudad, representada por un equipo de fútbol, batallando de tú a tú a urbes a las que siempre ha mirado en contrapicado.

Los mismos que tienen un motivo de orgullo a metros de su casa y que prefieren mirar de lado, como patufos desleigados, como pequenos mequetrefes sen raíces, que diría Celso Emilio. El de Bobadilla es un ejemplo sin precedentes para el club, empeñado en crear una marca que algunos han manufacturado por su cuenta con mimo y desvelo. Mientras espera el momento del viaje soñado a la tierra lucense prometida, Gonzalo Bobadilla seguirá llevando su casaca al mercado y al trabajo, como un embajador, para contestar ante las impertinencias, que él, carajo, es del CD Lugo, y que vós, tarado, sos un amargado por no entender su sentimiento. 

Foto principal: ‘Gonza’ Bobadilla, junto a su hijo; y viendo el partido frente al Cádiz | Cedidas. 

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