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Ya llueve menos

por Daniel Martínez Baniela 14 septiembre, 2016
Tiempo de lectura: 4 minutos

Se ganó al Sevilla Atlético y parece que escampó en el ajetreado submundo de redes sociales, tertulias de barras de bar y corrillos para echar el cigarro en los que se analiza el día a día del Lugo. Parece que los que querían romper el carnet y los que aseguraban que, aunque no lo supiésemos todavía, el equipo ya estaba en la B, han decidido darle unos días de tregua a Luis César y  a los chavales y parece que viajarán a Elche sin el temor de que una derrota en el siempre difícil Martínez Valero suponga que el cielo se desplome sobre sus cabezas y los cuatro jinetes del Apocalipsis hagan parada y fonda en el Anxo Carro sine die, aunque esto último es más bien difícil, ya que si ni siquiera van muchos de los agoreros…

Decía que la victoria frente al filial sevillista (que no sevillano, hablemos con propiedad que por ahí ya se lee de todo) sirvió para aplacar ánimos entre los más pesimistas pero sirvió, sobre todo, para matar los nervios de los que más tranquilos tienen que estar, que son los jugadores. Al fin y al cabo, de ellos depende todo, y son los que interesa que tengan más temple, a pesar de que haya quien tenga a bien pitar un mal pase en el minuto dos (¡¡DOS!!) de partido, que lo han visto estos ojos que se han de comer los gusanos. La dinámica era aceptable en resultados en Liga, tres empates ante equipos de peso, invictos y con gol, pero las pifias atrás y el experimento fallido de Copa habían sembrado demasiadas dudas. Ahora, con seis puntos y quintos en la clasificación (eso no quiere decir nada pero prefiero estar quinto por arriba que por abajo), los jugadores pueden despejar la cabeza de fantasmas y centrarse en lo importante, que es acabar de coger los conceptos de Luis César y funcionar a pleno rendimiento.

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Porque es esto algo que se olvida con mucha facilidad, pero que debería estar presente en las cabezas de todos los aficionados, sobre todo de los que quieren romper el carnet y los que ven al equipo en la B. Olvidar que hay un entrenador nuevo con un grupo que a su vez tiene componentes también nuevos, olvidar que el entrenador nuevo trae ideas nuevas a ese grupo y, en definitiva, olvidar que esas ideas nuevas no van a calar de un día para otro, es el camino más fácil para el despecho que produce la falta de resultados inmediatos precisamente al que pide continuidad en el estilo. Ni Setién creó su “fútbol de salón” al segundo entrenamiento ni es justo pedirle que lo haga ahora a Luis César. Muy al contrario, sería mezquino negarle al nuevo el tiempo y la paciencia que se concedió a otros solo porque el recuerdo de los anteriores (del anterior, porque en este caso convendremos todos con que la afición utiliza “el Setién” como unidad de medida de la excelencia, no sin razón) impida progresar al que ahora ocupa el puente de mando.

El equipo posiblemente no sea tan bueno como esos nueve goles en cuatro partidos de Liga, ni tan malo como esos otros ocho goles, esta vez encajados, durante el mismo tiempo. Ni la plantilla está cuajada de primeras opciones, como nos quiso vender De Dios, ni son una cuadrilla de cojos como proclaman otros con una fruición que hace dudar hasta de su lucensismo. Hay una plantilla correcta, rejuvenecida (veremos si no en exceso), con una calidad aceptable y que puede estar en la zona media de la tabla, lo cual no es poco decir, habida cuenta de los auténticos plantillones que se manejan en la categoría este año. ¿Se debe aspirar a algo más? Siempre. ¿Se debe olvidar que el primer objetivo es salvarse? Nunca. Así de sencillo.

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La desmemoria del fútbol actual es sonrojante, en todos los aspectos. Ahora urge lo inmediato, el más, el mejor, lo nuevo y lo superfluo, y se arrincona la historia y los logros pasados como si ya no existiese nada más allá de antes de ayer. Hace nada al Anxo Carro acudía el Alcalá o, antes incluso, pero no mucho antes, los muy respetables Cerceda, Betanzos o Bergantiños, y ahora se quiere hacer “casus belli” por empatar con el Zaragoza. Así está montado el negocio y así lo consumimos, con o sin la nariz tapada, todos. Por eso, aunque no se lleve, sería deseable dar entre todos un mínimo margen a esta plantilla y a este entrenador, dejar que se muestren antes de juzgar si tal no tiene ni idea o cual no le da una patada a un bote. No se trata de conformismo, sino de margen. De momento, con la primera victoria, ya llueve menos Que dure.

Fotografías: Diario As / LFP

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