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Suso Santana, hoy te he venido a ver

por Denís Iglesias 9 septiembre, 2016

Qué dura es la vida del locutor deportivo. Te mandan a un campo inhóspito, a ver un partido infame, que se decidirá por un error. Y tú que pensabas retransmitir la SuperBowl, o algo exótico, como un partido de Karanka. Pero no, tendrás suerte si ves un gol. Aún así te preparas tus coletillas para demostrar ese entusiasmo que te enseñaron en la facultad. “El mejor oficio del mundo”, te jactabas con el título debajo del brazo, un recuerdo con el que frunces el ceño en la cabina del Anxo Carro. Has acabado retransmitiendo un Lugo-Tenerife de Copa del Rey, de segunda ronda, para un canal qatarí. Una retransmisión que verán cuatro locos en la emigración y otros tantos isleños, con el horario cambiado y la misma salud mental.

Cuando el discurso de los fallos en la salida de balón del Lugo parece agotado, surge una nota discordante, que cazas al vuelo. ¿Alguien ha dicho Suso Santana? ¿Algúnloco ha recorrido miles de kilómetros para ver un partido entre semana en LUGO? Sí, y algo así. “Suso, Suso, animan los aficionados visitantes, ahora que su equipo ha conseguido remontar”, dices en el minuto 80, cuando sale al campo coreado el medio tinerfeño, con el 1-2 en el marcador. Y qué bien habrás quedado para el televidente despistado. Qué agudez auditiva para captar el único canto del partido con un nombre como motivo. ¿Cómo gritan esos cuatro tinerfeños, no?

Nada más lejos de la realidad. El alarido coordinado proviene del Fondo Norte, donde habita la animación de un estadio más protestón que halagador. Porque los ultras también tienen corazón. Entre sus improperios se cuela un piropo para un jugador visitante, del que nunca serás consciente, como tantos otros colegas, incrustados en la calidez de la zona de prensa, ajenos a las historias de la grada. Tampoco lo entendería el del inalámbrico, que ante la duda comentaría lo dura que tiene la mandíbula Luis César de tanto darse refriegas en ella.

Dar pena

¿Por qué quieren los aficionados del Lugo a Suso Santana? Corría finales de octubre de 2015. Un Tenerife desdibujado que acumulaba cuatro jornadas sin ganar visitaba un Anxo Carro todavía en fase de aclimatarse al juego de Luis Milla. El partido se decidió rápido, con un tanto tempranero de Pereira y otro de Caballero al filo del descanso. La derrota le costó el puesto a Raúl Agné, pero si hubo un jugador que sintió toda la violencia de la derrota fue precisamente el capitán tinerfeño, Suso Santana.

El centrocampista las falló todas. Sus regates fueron una sucesión de patadas al aire. Sus pases se quedaron en agujero negro. Su cabeza estuvo a punto de explotar en varias jugadas, en las que sudó para nada. «Sólo le faltaba ya tener un aborto», como diría Joaquín Sabina en su único y lamentable rap. Y entonces, un flechazo. Entre la grada y una caricatura de jugador, que podría ser de los suyos, que no se queja del césped ni de las faltas, sino de los males que padece. Pudo la grada parafrasear a Miguel Bosé diciéndole: «Los chicos no lloran tienen que pelear», pero prefirió tirar del repertorio clásico, el que más anima en estos malos momentos: «Suso, Suso».

“Soy el primer culpable, he dado pena”, llegó a decir después de aquel partido, en el que el Anxo Carro coreó su nombre, primero con ironía, y luego en forma de ánimo empático. Raro, pero entendible desde la óptica de un seguidor que ve mucho más fútbol de lo que se cree. Desde la primera línea de batalla. Que escucha la bronca del portero a su central y el improperio del delantero al árbitro, del que este no se da cuenta.

El mismo público que vio en Suso un antihéroe al que ahora recibe con honores cada vez que viene. Ese monigote, que por un giro de guion, pasa de ser vilipendiado a ser llevado a hombros en el instituto. Pudiera ser un gracejo, pero esta temporada desde ese fondo sólo han salido cánticos para José Juan, y quizás algún verso libre para Joselu. Pero el S-U-S-O se escuchó con toda claridad en un partido depresivo, donde el humor volvió a ser el último recurso para darle sentido a un partido de Copa del Rey malo de solemnidad. A Suso debió sentarle bien la dopamina del cántico lucense. Decidió el partido de vuelta de la pasada temporada con un chicharro chicharrero que le convirtió en el mejor del partido. Pero ya se sabe: «Suso, ale; Suso, ale; sempre nas boas, sempre nas malas, véñote ver».

Insua, mujeriego

Esta es sólo una de las intrahistorias que nunca llegarán a las contracrónicas, emperradas en tratar lo mismo que la crónicas pero con metáforas de amores, guerras y demás petulancias. Tampoco recogerán esos cuadernos rutinarios el día en que Insua, central del Leganés, fue recibido por varios individuos trepando por las redes del fondo. Una cuadrilla que reclamaba la poca caballerosidad que el jugador había tenido con uno de sus compadres por levantarle una moza en Arzúa, abusando de su condición de local: «Insua, roubafrebas». Otros destacaron la falta de capacidad matemática de Antoñito durante la promoción de ascenso ante el Atlético Baleares: «Antoñito no sabe ni sumar».

Sólo los que se dejan caer por el fondo tendrán en alguna parte de su disco duro el día en que un grupo de aficionados de la Ponferradina se plantó en el Anxo Carro con el único motivo de increpar a Paulino, ex jugador de la Cultural, por aquel entonces en la Universidad de Las Palmas. Un delantero de albacete que tildó a Ponferrada de “pueblo de mierda” y deseó el descenso a Tercera de los blanquiazules. El mismo que marcó aquella tarde en Lugo, con especial dedicatoria. En definitiva, vivencias sacadas de las tripas del estadio, en las que no aparecen polémicas baratas, gomina o famosos en el palco de autoridades. Vivencias de un fútbol real que convierten a este deporte en un manifiesto singular donde Suso, a día de hoy, es el rey.

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