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Los intangibles

por Xabier Piñeiro Neira 22 septiembre, 2016
Tiempo de lectura: 3 minutos

Intangible. Que no puede ser tocado.

A menudo suelo tener esa conversación que surge cuando te preguntan “¿por qué te gusta el fútbol?” y la respuesta casi siempre va por el mismo camino. Las razones son tan difíciles de explicar que es casi imposible dar argumentos convincentes. Supongo que como la mayoría de los sentimientos, hasta que uno no los experimenta y los vive en carne propia, no es capaz de entenderlos.

Decir que en el fútbol se gana por ser bueno y se pierde por ser malo es tan obvio que es mentira. Me explico. Son muchos los factores, internos o externos, que afectan al futbolista dentro de un terreno de juego. La calidad por si misma no es un arma letal.

Llevamos seis jornadas de Liga y parece que se respira un ambiente especial dentro del seno del CD Lugo. Son sensaciones, nada tangible, nada que se pueda explicar, pero que se nota. Hay algo flotando en el ambiente que está cargando de ilusión a una grada que ya empezaba a notar el rígor mortis.

El Lugo se mantiene invicto y ha dormido como líder la noche del martes al miércoles, algo anecdótico, sí, pero que quedará para la historia.

¿Pero por qué este equipo transmite tanto positivismo? ¿Dónde radica el núcleo de la energía? Profundizar en ello solo está al alcance de los que lo viven desde dentro, pero los que observamos a cierta distancia podemos notar ciertas cosas.

Personalmente me enorgullece y casi me emociona que un chico que llegó casi a cierre de mercado y que viene cedido, salga al campo antes de jugar y se tome la molestia de acercarse a cada una de las 4 gradas a saludar y a arengar. Y ese no es otro que Jordi Calavera, que aparte de ser un lateral derecho que hará carrera a primer nivel, demuestra ser una gran persona.

También me enorgullece ver a Pedraza, que de calidad va sobrado, pegarse un sprint de 20 metros para presionar al portero, forzar su nerviosismo y obligarle a tener que pegar un patadón.

Me emociona ver a Joselu sobre el campo. Un tipo que no escatima una carrera, que trabaja desde que entra hasta que sale, que se come al rival, se come el balón, se come al árbitro, se come a la grada y a lo que se le ponga por delante. Ver a Joselu celebrar cada gol te levanta del asiento y te tienta a lanzarte al campo a celebrar con el.

Y es que no todo es táctica ni estrategia. Acercarse a ver entrenar a Luis César Sampedro merece la pena. El arousano es un tipo que infunde carácter a sus jugadores y es el primero en hacer piña. La intensidad que infunde a cada ejercicio se nota sobre el campo y debe recibir méritos ahora que todo está en dulce.

Si comparamos a este equipo con el de Luis Milla vemos sangre en los colmillos. Aquel equipo era frío y fue cayendo paulatinamente en un estado de somnolencia crónica, y Durán no consiguió poner el despertador adecuado.

Sampedro mantiene a los jugadores alerta. Ha recuperado a un Carlos Hernández despistado, ha conseguido pulir errores casi con inmediatez y sobre el campo se empieza a ver un equipo que, con sus carencias y sus momentos de despiste, funciona como un bloque.

Un equipo con hambre es peligroso. Un equipo que consigue enganchar a la grada parte con ventaja en los partidos de casa. Un equipo que funciona como una familia llega lejos.

Ojo con este Lugo, tiene alma y no se va a asustar.

Foto: LFP

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