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Cero a la izquierda

por Denís Iglesias 18 septiembre, 2016
Tiempo de lectura: 2 minutos

Las ruedas de prensa del entrenador visitante son como sketches. Al forastero sólo falta que le pregunten por el clima. Si gana, nadie quiere escuchar sus vítores; si pierde, nadie quiere soportar sus llantos. Pero, ¿quién puede callar a un técnico después de un 0-3 a domicilio?

“Hemos sido mejores”, dijo el vilagarcián tras el partido contra el Elche. Con la boca tan grande que casi se le salía de la mandíbula. Y aún así, apostilló: “Pudo ser abultado”, con esa gota de caballerosidad que sale de la cortesía del conquistador. Del que se sabe superior pero tiene empatía con el equipo que acaba de reducir a unos rastrojos.

Nunca un cero a la izquierda tuvo tanta importancia. Después de un carrusel de goles en contra Luis César abandonó al fin el purgatorio defensivo y elaboró una perorata corta pero metafórica para acompañar el 0-3. Habló del parentesco de los goles: “Cada uno tiene un padre y una padre”, dijo, para negar la mayor de que el Lugo es “un equipo que defiende mal” (ocho tantos en contra en cinco partidos). “Hemos regalado cuatro goles. Se la dábamos contrario, que sin necesidad de asociarse la metía”, describió sin tapujos para situar en el otro lado de la familia los goles de penalti recibidos: “Tres, uno por jornada, íbamos camino del Guiness”.

El cero del Lugo fue posible gracias a la rebaja de la especulación que practicó en la salida de balón. El toque fue menos delicado pero más efectivo. Pero lo que realmente alivió la carga defensiva fue una precisa presión al Elche, que se trastabilló ante la presencia de jugadores como Joselu, con la directa puesta en todo el partido. Y ya van dos partidos consecutivos con la portería a cero, una dinámica que ha catapultado al equipo en la clasificación.

El frenazo de los goles encajados ha incrementado la salud de José Juan y sus centrales, una pareja que empieza a definirse a favor de Ignasi Miquel y Carlos Hernández. La culpa de las cargas goleadoras había recaído en los ocupantes del eje de la zaga, que son los primeros que reciben en cuerpo propio las acometidas rivales. Paz para ellos y gloria una vez más para el ataque del Lugo, el más atinado de toda la categoría con 12 dianas, algo inédito en la naturaleza de este equipo.

El 0 – 3 fue la victoria más contundente fuera de casa que recuerdan los rojiblancos en Segunda División, que no metían tantos goles en territorio enemigo desde aquel endemoniado 6-6 de Soria de hace dos temporadas. Fue un encuentro donde no hubo puntadas sin hilo gracias a la buena gestión de los cambios de Luis César, que prefirió la estrategia del hombre por hombre frente al caos programático que había generado en partidos anteriores acumulando gente atrás. Menos músculo y más cerebro para corroborar el éxito.

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