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Trofeo Vila de Sarria: CD Lugo – Coruxo

por Xabier Piñeiro Neira 27 julio, 2016
Tiempo de lectura: 3 minutos

Todo estaba de cara en A Ribela para que el trofeo Vila de Sarria fuera un éxito tanto dentro del campo como fuera de el. Un sol de justicia se reflejaba en los aspersores (ah, los aspersores,se están convirtiendo en icono lugoslavo) y la grada estaba llena.

Ambiente de fútbol del de un domingo cualquiera de 1993. Olor a puro, camisas abiertas sobre pechos peludos y gorras de publicidad, banda sonora de cáscaras de pipa y saludos de amigos que se encuentran cada semana durante noventa minutos. El fútbol no es más que una excusa para juntarse a arreglar el mundo.

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Pita ejerció de capitán

Esta cuarta prueba para el CD Lugo de Luis César ya tenía la cara seria. Ya no era un campamento de verano en el que pasárselo bien y cumplir. Las incorporaciones van llegando y cada vez hay menos tiempo para probaturas. Los nuevos se tienen que acoplar y, los que están, ganarse un puesto en la plantilla y memorizar los automatismos de las nuevas órdenes tácticas.

Quizás con la intención de ir perfilando los puestos vacantes de la plantilla, el entrenador arousano partió de inicio con muchas caras jóvenes con Leuko en el lateral izquierdo, esta vez desde el inicio, y Duque, Keko, Cacharrón, Asier y Pedrosa como piezas menos habituales.

El partido comenzó mal para un Lugo que salió desenchufado, lento y frio. La intensidad que puso sobre el campo el Coruxo descolocó a los de Luis César y les obligó a fallar más de lo habitual, especialmente a Pita y Campillo, que se vieron incapaces de generar fútbol, teniendo errores impropios, resbalones y fallos en pases fáciles en zonas peligrosas. Prueba de ello fue el gol del Coruxo, que pudo irse al descanso con un par de ellos más.

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Poco pudo hacer Cacharrón en el gol del Coruxo.

En la segunda parte llegó el debut de Carmona, que junto a Yelko Pino, cambiaron el color al partido. Uno aportó trabajo, presión, velocidad y peligro. El otro demostró que todo el fútbol ofensivo del equipo debe pasar por sus botas, gracias a su regate, su facilidad para ver el hueco en el último pase y su capacidad para hacer jugar al resto de compañeros.

Un disparo de Pino, desde el vértice derecho del área, fuerte y colocado en la escuadra del Coruxo, puso el empate. Un gol precioso que demuestra la calidad del vigués. Si Yelko explota este año en Lugo, puede romper en jugadorazo. Cualidades tiene de sobra para ello.

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Parece haber química entre Yelko Pino y Adrià Carmona.

En cuanto a variaciones tácticas, cabe destacar el empeño de Luis César en hacer bajar al pivote a sacar el balón desde área propia, obligando a los centrales a abrirse y haciendo el campo más ancho gracias a la libertad que ello da a los laterales para doblar a los extremos y permitirles jugar más hacia dentro. Si en la primera parte fue Pita el encargado de ello, en la segunda Seoane cumplió la función, dominando la parcela central tanto en el inicio del juego ofensivo como en el defensivo.

Solo los penaltis pudieron decidir un encuentro igualado, propio de pretemporada, pero con destellos de calidad y atisbos de lo que puede ser el Lugo de la temporada 2016/17. Manu falló el quinto lanzamiento, dándole la victoria a un Coruxo que lo mereció, por voluntarioso y porque propuso más fútbol que su rival.

Hay que destacar que en este encuentro no jugaron ni Marcelo Djaló ni Mario Barco. Posiblemente el riojano se marche cedido al Racing de Ferrol, como susurra la rumorología en este final del día 28.

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