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Guerra de guerrillas

por Denís Iglesias 19 abril, 2016
Tiempo de lectura: 4 minutos

En el fútbol se puede llegar a la victoria de muchas maneras. El debate sobre esa cuestión se estableció en Lugo durante la primera vuelta. Los puntos iban llenando el depósito, pero las sensaciones que transmitía el equipo en el juego no eran buenas, por lo menos, para un sector importante de la afición. Los engranajes estaban engrasados con un juego poco efectista pero que lograba victorias, mayormente a domicilio.

El equipo de Luis Milla era un conjunto corajoso pero que terminaba el encuentro abatido, sin energía para erguir una trinchera en los minutos finales. Este poso de debilidad desembocó en una espiral de malos resultados en casa que insuflaron de intranquilidad a la grada. El Lugo de José Durán es diferente, ni mejor ni peor, distinto. 

No se puede valorar taxativamente su bondad o maldad, un maniqueísmo que restringido al apartado numérico dejaba en buen lugar al equipo que entrenaba al turolense. Pero es distinto en su modo de afrontar los partidos. Antes provocaba el error rival e intentaba sostenerse sin generar uno propio. Ahora saca a relucir el buen trato con el balón y mantiene la tensión competitiva, aunque a veces esto sea insuficiente para batir a equipos como el Elche.

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Tú, a por ellos.

Perder para ganar

La primera media hora de juego fue, sin llegar a culminar en gol, una de las mejores que se han visto durante toda la temporada. Toque rápido, apertura, verticalidad… Faltó el gol del que casi siempre marca, de un Pablo Caballero cuyo margen de error es razonable. Si su ratio fuera superior, posiblemente estaría vistiendo la camiseta de un equipo de superior categoría. Esto no impide reconocer que metió la pata con la cabeza, dirigiendo mal dos testarazos francos que un jugador de su altura y características no acostumbra a dilapidar.

Pero para llegar siquiera a rozarlas con el tupé hay que estar en el sitio, y eso es algo que hace con bastante oficio. El argentino preferiría tener otras dos cabezas en vez de pies y arrimarla siempre con la testa. Para compensar, corre con el GPS puesto para cubrir y sacar balones de donde no los hay. Vio una tarjeta amarilla de esas que hacen daño a la vista por su contenido de represión. Una cartulina que saca el árbitro para evitar que te vuelvas a regañarle, que no impone autoridad, sólo una orden de alejamiento temporal. Se perderá el próximo partido frente al Mallorca, con lo que el Lugo perderá casi la mitad de su gol, disponible desde ya en las botas de Jonathan Pereira.

Caballero, como el resto de sus compañeros perdió para ganar. Cuando un desgraciado rebote había concedido un gol a Cristaldo, sentencia a la postre, el equipo dio un paso adelante para terminar al alza un partido que había dominado. Para terminar cotizando al alza y evidenciar que esto todavía no ha terminado y que mientras haya puntos en juego habrá que lucharlos. Fue este un encuentro de entuertos donde el que mejor ojo tuvo fue Sergio León, el ariete más en forma de toda la categoría.

 

Lo que “todo el mundo” ve

“Hacía tiempo que un equipo no me gana con tan poco”, dijo José Durán tras el encuentro, consciente de que a los pequeños es fácil hacerles daño con los pitidos al aire. Pero supo gambetear las preguntas directas a encontrar su corazón quejumbroso, donde hubiera sido fácil decir que los de negro están vestidos de frac para cobrarle puntos al Lugo. “Todo el mundo vio que si el Elche es un equipo de playoffs, el Lugo también lo es”, replicó ante la prensa local, frente a la que los técnicos visitantes tienen que lidiar. Parece que lleva años bregando en estos tablaos mediáticos en los que es fácil perder la lengua o caer en la monotonía, pero en los que él, hasta la fecha, frena todas y cada una de las flechas.

La actitud de todos los polos de este continente rojiblanco mantiene vivo el ritmo cardíaco de un equipo que ha de alcanzar los 50 puntos para acabar mordiendo a quien sea, como hasta ahora ha hecho. Las jornadas que restan se convertirán en una guerra de guerrillas. Hasta ahora bastaban batallones ordenados o algún oficial con voz de mando, pero cada uno de los 24 puntos en juego se decidirán en combates aleatorios como el que se espera frente al Mallorca. Morder, huir, esperar, acechar, volver a morder y a huir, y así sucesivamente sin dar descanso al rival; para terminar, como mínimo con el techo más alto que en temporadas anteriores. Todo, sin dejar de ser el equipo humilde que aspira a abrir cada vez más sus fronteras. 

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Grabado del 2005 donde pone: Forza Lugo, Alé, no te rindas porque hay un fondo que canta por ti

Foto: Xabi Piñeiro – LGV.

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