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Gozar del camino

por Denís Iglesias 28 marzo, 2016
Tiempo de lectura: 4 minutos

Desconfiado por naturaleza. Así es el lucense medio. No existe ningún estudio de la Universidad de Wisconsin que lo demuestre. Lo sabemos quienes hemos crecido en una ciudad con poca fe en lo que hace. Lo que tiene, lo minusvalora; lo que le falta, lo desea pero no lo suficiente como para luchar por él. Esta lánguida pasividad ahuyenta cualquier estado de euforia y la autoestima es más bien aleatoria [Crónica y estadísticas].

Esta era una semana para creer. Por un lado, en todos esos ídolos de madera que llevan barba y sufren penitencia. Siete días para hacerse el practicante que no come más de una hostia al año y se infla a callos del Cotá los viernes de vigilia. El mismo que entona a todo trapo: Estrella de los mares, de los mares iris y de eterna ventura, en la procesión de la Virgen de la Esperanza Por otro lado, era el momento para confiar en otras efigies, las que portan la elástica del CD Lugo y están realizando una temporada histórica.

Vencer al Albacete se había convertido en una obsesión no verbalizada. El radar marcaba la ruta hacia un rival herido al que había que dejar seco para dejar encarrilada la permanencia. La otra cara de los tres puntos mostraba un interés por hinchar el pecho y arrimarse a la promoción de ascenso, un fuego que abrasa siempre que se está cerca pero ante al que hay que poner las manos para soñar.

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Cada vez que se cae Carlos Pita tiembla el Anxo Carro | Foto: Xabi Piñeiro – LGV.

No fue el partido más brillante de la recién inaugurada Era Durán. Él mismo lo reconocía tras el partido. Había visto a un equipo demasiado estirado atrás y que se derritió al final. Aún así, la victoria estaba sobre la mesa y los defectos eran apuntes para un cuaderno de bitácora que este año se escribe con buena letra. El equipo dio dos embestidas rápidas que llevaron la firma de Pablo Caballero y de un excelso Jonathan Pereira, cuya existencia en Lugo podría convertirse en un relato hagiográfico. Tras años de devaneos ha conseguido al fin enrolarse en un club que le concede libertad y le exige protagonismo a partes iguales.

El lado más amargo del encuentro se plasmó en el rostro de Carlos Pita y en el del ariete argentino, que acabaron lesionados. Caballero acabó el partido cojeando y tirando de orgullo para entrar en juego. El timonel salió en camilla, ovacionado, con la habitual cantinela que le erige como el antimercenarios del Lugo. Fue uno de los escasos momentos en que la grada levantó la voz. El ambiente, lejos de ser opresivo, fue de una impropia inapetencia. Como si fuera un duelo cualquiera de una categoría cualquiera. Lo que iba a ser un domingo de pasión se convirtió en una tarde de condescendencia.

En otro tiempo, la calamitosa actuación del colegiado (la última de una lista que se engrosa partido a partido) hubiera sido objeto de todo tipo de improperios. Munuera Montero se fue a casa como si hubiera pitado un partido de infantiles. Otro árbitro preso de la mediatización que envuelve a este colectivo en Segunda División, a ratos triste, a otros cabreante. Sargentos de bisutería con mucho camino por andar.

Pro-emoción

“Hay que gozar del camino, no sólo de la meta. Tenemos que disfrutar cada día”, reclamaba José Durán. Un alegato sincero y propio de alguien que vive un momento único. Todos deberíamos tener su brillo en los ojos. Su brío a la hora de repartir instrucciones y motivar a los suyos como si no hubiera mañana. Nos acoge la historia y hemos de abrazarnos con ella, porque puede no repetirse. Y es que por primera vez se pueden dejar hechos los deberes fundamentales (la permanencia) en abril.

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Un minuto de silencio por Johan Cruyff, un respeto por un grande | Foto: Xabi Piñeiro-LGV.

El equipo abre la boca para intentar morder la épica de la promoción. Sin obsesión pero con ambición. Van ya 46 puntos: uno para alcanzar la promoción, 14 sobre el descenso. La correcta transición en el banquillo pone en bandeja una meta por la que muchos pelean pero a la que sólo llegan aquellos que creen hasta el final. El aliento también servirá de combustible a los menos habituales, claves para dosificar el esfuerzo en esta recta final.

Regresó esta jornada Israel Puerto a costa del sancionado Dealbert. Volvió a una realidad que se le había antojado distante esta temporada, donde ha permanecido prácticamente desaparecido. También retornó a escena Abel Molinero, otra de las decepciones de la temporada. Juntos tienen tiempo y aptitudes para enmendar la mala senda y para subirse a un carro, que comandado por los más veteranos, puede regalar un final de temporada inédito.

“Cuando salgáis al campo mirad la grada, que todo eso lo han hecho para vosotros. Así que salid y disfrutad”, dijo en su día Johan Cruyff, un flaco que cambió el fútbol tal y como lo conocemos y por el que se guardó un merecidísimo minuto de silencio. Mirémonos y disfrutemos, cuanto menos como lo hace el hijo de Manu cada vez que su padre lo lleva en hombros después de los partidos. Ilusión infantil, la más sincera, para un reto maduro, el más serio.

Fotogalería del partido, por Xabi Piñeiro (@xabi_boamaneira)

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