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El zahorí Luis Milla

por Denís Iglesias 5 diciembre, 2015

Uno siempre tiene un amigo con el quiere comprar un décimo a medias Navidad. Un tipo serio al que le confías el gato cuando estás fuera. Le circunda una atmósfera de tranquilidad, casi un budista. Ese compadre bien pudiera ser Luis Milla. El Dios del fútbol recompensa su paciencia con goles, aunque a veces tenga ganas de cambiar de canal cuando juega su discípulo.

Milla cree que la suerte influye, pero sabe que hay que buscarla. Es un zahorí del fútbol. Cada jornada aplica la radiestesia con su alineación y detecta los cambios de fuerzas y ánimos de sus jugadores para encontrar una combinación, que sin ser excelente, es la que mejor aguanta el chaparrón que acostumbran a decantar los rivales del Lugo en los primeros compases. Huye de los juegos de malabares, típicos de los entrenadores-espectáculo, con los que un equipo muerde como si no hubiera mañana al principio y acaba sollozando entre las redes al final [Alcorcón 1-1 Lugo, datos y estadísticas].

Bajas y referentes

Frente al Alcorcón el entrenador lucense partía con un cargador de balas perdidas a causa de las ausencias de jugadores como Caballero, Carlos Pita y Carlos Hernández, referentes en sus líneas.

El ritual era complicado en una plaza como Santo Domingo, donde todas las corrientes telúricas son nocivas para los clubes de toque y confección. ¡Qué desespero era hacer frente a la propuesta futbolística de José Bordalás (hoy entrenador del Alavés, al que deseamos una pronta recuperación) en temporadas anteriores! Y es que lo que antes nos parecía detestable hoy nos parece práctico y realista, aunque sea por fe a la doctrina de Milla, que es la que nos acoge en estos tiempos.

El turolense cogió su baraja y dejó en el banquillo a dos de los puntales del nuevo proyecto, si nos remitimos a las palabras de Tino Saqués, como son Jonathan Pereira y Sergio Marcos, a los que las expectativas les están pesando demasiado (sobre todo al primero).

El equipo armó una empalizada frente a un Alcorcón despierto desde el primer instante, que metió dos goles (ilegales) antes de lograr el empate en el último suspiro que supuso la pérdida de dos valiosos puntos. En el acto inicial Óscar Plano vio puerta, aunque según el juez de la contienda, lo hizo en fuera de juego. La repetición oblicua que ofrece Movistar Plus dejó dudas por doquier. Israel Puerto semejaba un espectro que facilitaba el tanto de uno de los hombres más activos del partido, que se coló por todas las líneas.

El segundo tanto lo metió Chema Rodríguez con la mano, al filo del descanso. Más clara fue esta ejecución digna de líbero de voleibol. Antes del segundo susto, que hizo que le subieran los jugos gástricos a más de uno, Iriome había adelantado al Lugo de la nada, con otro testarazo brillante en la primera ocasión de los rojiblancos. El tinerfeño sabe lo que se hace y es uno de los que mejor explota sus virtudes en la categoría, aunque a veces cometa deslices como el que originó un penalti frente al Valladolid.

El conservadurismo pasa factura

Precisamente, la contienda contra los pucelanos sentó cátedra y sentencia. La falta de empaste atrás condenó al Lugo a un empate justo. El Milla zahorí suele tener buen pulso y su varita acaba encontrando líquido, aunque sea en el sudor de sus contrincantes, incapaces de entender el embrujo de un equipo que sabe caminar sobre la cuerda floja (si esta no es muy larga).

Esta ciencia no es exacta. Está envuelta por un halo de conservadurismo que en estos dos últimos partidos ha acabado en gol en contra. El Alcorcón supo tener paciencia. Muñiz, el entrenador alfarero, hizo un doble cambio de dibujo rápido al descanso con un doble cambio. Corrió y el riesgo y vivió contra las cuerdas con la lesión de Natxo Insa en el minuto 56, que le dejaba sin recursos. Aún así, supo mover las piezas en el tablero y tumbó al zahorí en el último momento.

El Lugo tiene un dibujo con varias aristas demasiado blandas. Por las bandas, el equipo sufrió un estrés innecesario con Manu y Pau Cendrós dando palos de ciego. Todavía no existe una aplicación que permita dar calambrazos para condicionar a tus jugadores cuando se dejan la espalda atrás en cada carrera, algo que agradecería más de uno. Milla introdujo a Álvaro Lemos y De Coz en un intento por cubrir cualquier fisura que pudiera surgir en los minutos finales.

No fue suficiente. Un torniquete no sirve para cortar la hemorragia si desconoces la forma de hacerlo. A veces es mejor dejar que brote un poco la sangre y que el rival se asuste al mirar el derramamiento, véase: no encerrarse atrás. A veces. 

Con todo, la vida sigue punto a punto. Seis jornadas seguidas sumando. El invierno está más cerca. El zahorí debe saberlo y ha de afinar su capacidad para encontrar agua antes de que esta se convierta en hielo en una ciudad en la que la que el clima (de la grada) no está ayudando.

Foto: Xabi Piñeiro – LGV.

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