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No es un domingo cualquiera

por Ramón Rivas 12 septiembre, 2015
Tiempo de lectura: 5 minutos

Decía José Luis Oltra en la previa del partido de este miércoles que el actual formato de la Copa del Rey perjudicaba muchísimo a los equipos de Segunda. El compañero Dani Baniela expuso el viernes su opinión al respecto y diré, para no caer en redundancias, que suscribo una por una todas sus palabras. Sin embargo, me parece que hay un aspecto (por absurdo que parezca) del que a veces nos podemos olvidar. Hablamos de viajes largos, de cansancio extra y de posibles lesiones o sanciones, pero mirando a nuestro ombligo. Ocurre que el rival, que también viene de disputar una eliminatoria copera, puede llegar más castigado. Y creo que es el caso.

Si bien es cierto que el Almería recibió al Elche en su feudo, y por contra nosotros tuvimos que cruzar la península de norte a sur, me atrevería a decir que los hombres de Sergi Barjuán pueden acusar más el esfuerzo realizado entre semana. Fue el propio técnico catalán el que declaró que sus jugadores habían llegado “muertos” al vestuario, y es que 120 minutos de juego más una larga tanda de penaltis (a estas alturas de temporada) suponen una carga física y emocional realmente notable.  Para más inri, las bajas de gente importante como Ximo Navarro, Jonathan Zongo o Chuli redujeron la profundidad de la plantilla almeriense, y Sergi tuvo que tirar de algunos habituales como Fatau, José Pozo o Cristian Herrera. Milla, en cambio, se curó un poquito más en salud y dejó en Lugo a 4 pilares básicos (Dealbert, Sergio Marcos, Iriome y Caballero no viajaron a la ciudad califal).

Una vez expuesta esta circunstancia, cuya influencia real en el partido todavía está por ver, nos centraremos un poco más en las características del Almería como conjunto. Aunque es cierto que una gran parte de jugadores y técnicos de Segunda colocan a los andaluces como la escuadra más potente de la categoría (por plantilla tiene potencial real para serlo), de momento ese punto diferencial todavía no se ha podido apreciar. El bagaje de dos victorias, una derrota y un empate dejan patente que en el Estadio de los Juegos Mediterráneos aún existe un amplio margen de mejora.

Si nos paramos a analizar la filosofía de juego que quiere implantar Sergi en el club, creo que la palabra más definitoria sería el vértigo. Velocidad, contragolpe mortal. Bastaría con mirar de qué forma se produjeron los 3 goles frente al Leganés para darse cuenta de esto. Al Almería no le interesa el ataque posicional, su centro del campo no está preparado técnicamente para hacer circular el balón en horizontal con velocidad, y por eso huye de la pausa. Dos extremos rápidos y verticales junto a un delantero que marca diferencias en el remate suelen conformar la elección del técnico catalán en ataque, y si juntamos a Iago Díaz, Quique, Chuli, Pozo y Cristian Herrera (todos ellos han formado parte del tridente ofensivo), ya suman 8 tantos en tan sólo 4 encuentros disputados. Sin embargo, existe una característica importantísima que necesita cualquier equipo que apueste por el contraataque como máxima, y de la que el Almería carece hasta el día de hoy: la fiabilidad defensiva.

Línea por línea

La marcha de Mauro dos Santos rumbo al Éibar y la de Ángel Trujillo posteriormente hacia el Ciutat de Valencia, privaron al Almería de contar con los dos centrales que fueran titulares la temporada pasada. A pesar de que tanto Fran Vélez (en Primera asaltó la titularidad en numerosas ocasiones con un resultado muy positivo) como Morcillo, que llega de la mano de Sergi tras coincidir en Huelva, parecen combinarse a la perfección y formar una pareja de garantías, lo cierto es que de momento las cosas no funcionan según lo esperado. Ni tan siquiera la incorporación de un veterano curtido en mil batallas como Cuéllar parece ser la solución a un problema que se agrava al darnos cuenta de que los dos laterales teóricamente titulares, Míchel en la diestra y Dubarbier en la siniestra, cuentan con una marcada tendencia ofensiva.

Los datos, en este caso, son incontestables. El Almería ha recibido la friolera de 9 goles en 4 partidos dejando latente una sensación de inseguridad abrumadora e incluso Casto no está rindiendo al nivel que cabía esperar de un guardameta de sus referencias. Por último, la otra vía para hacerles daño sería mediante el balón parado. En su derrota en la Romareda ante el Zaragoza se desangraron por arriba, y es complicado que el entrenador haya podido corregir por completo un problema tan complejo en un periodo tan corto de tiempo.

Si avanzamos unos metros, llegamos a un centro del campo donde las funciones están muy diferenciadas. En primer lugar, Mohammed Fatau es el recuperador. Este joven ghanés de 22 años, que está cedido por el Granada, cuenta con las características propias de los centrocampistas africanos. Su resistencia, fuerza, potencia y despliegue hacen que cada vez que lo veamos sobre el campo se nos venga a la mente su predecesor en el cargo: Thomas Teye. Corona, sin embargo, aprovecha su exquisitez técnica para ocuparse de sacar el balón jugado desde atrás cuando el equipo se ve atascado, pero al mismo tiempo es capaz de lanzar un contragolpe con un envío largo hacia los extremos, preferiblemente buscando la espalda de algún defensor para a partir de ahí generar una superioridad. Ángel Montoro, por último, acostumbra a posicionarse ligeramente por delante de Corona y Fatau. Es un mediocentro al uso, que a primera vista no destaca especialmente, pero que lleva a cabo una labor vital en la medular como es la de dar equilibrio. Además, posee la capacidad de llegar desde segunda línea con facilidad, y cuenta con un disparo desde media-larga distancia que ya nos ha regalado algún que otro golazo en su etapa en el Recreativo de Huelva.

Finalmente, en la línea ofensiva se encuentra la mayor amenaza de este Almería. La más que probable baja de Chuli dejará paso a Cristian Herrera, un delantero sublime que llega en racha después de marcar un doblete el miércoles y que sin duda querrá demostrar que está preparado para asumir la responsabilidad goleadora de un candidato al ascenso. En los extremos,  José Ángel Pozo parece un fijo. El ya ex jugador del Manchester City aterrizó con el pie derecho en la Península, y el primer balón que tocó sirvió para dejar en la lona a Osasuna con un derechazo que se coló por la escuadra de Nauzet. No hay dudas de que Pozo está llamado a dejar huella en el fútbol español durante la próxima década.

Por último, la plaza restante en el frente ofensivo almeriense deberían disputársela Iago Díaz y Quique. Será bonito ver de nuevo a uno de los canteranos más prolíficos de la historia de este humilde club, y es deseo personal de servidor que todo le vaya bonito. Por el regreso de un hijo pródigo, por recibir a un histórico en el Anxo Carro; sin duda este no es un domingo cualquiera.

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