Artículos

El hombre a seguir

por Ramón Rivas 18 septiembre, 2015
Tiempo de lectura: 4 minutos

Que el Leganés se ha reforzado de lujo lo saben aquí y en la Patagonia. 15 fichajes de nivel, que combinan a la perfección la juventud y el descaro con la experiencia en la categoría, y que llegan para reforzar de inmediato todas las líneas del equipo madrileño. Cito: Jon Ander Serantes (portería); Pablo Ínsua, Unai Albizua, Juanan, Unai Bustinza y Víctor Díaz (defensa); Gabriel Pires, Íñigo Ruiz de Galarreta, Lluis Sastre, Jorje Miramón, Bicho, Omar Ramos, Alexander Szymanowski y Toni Dovale (centro del campo); y por último Guillermo (delantera). Sin embargo, y a pesar de esta rutilante enumeración de personalidades, Asier Garitano no se está volviendo loco y, en lo que llevamos de temporada, está depositando mucha confianza en algunos de los jugadores que lo llevaron a firmar una gran campaña 2014/15. Entre ellos podríamos contar a Serantes, Martín Mantovani, César Soriano, Alain Eizmendi y, sobresaliendo por encima del resto, a Borja Lázaro.

Un culo inquieto

Resulta muy complicado seguir la pista de este jugador desde que marcara diferencias en el juvenil del Atlético de Madrid allá por el año 2007. Con tan sólo 19 años, el Rangers escocés posó sus ojos sobre el espigado ariete madrileño. Borja Lázaro puso rumbo al noroeste europeo con la mochila cargada de ilusión, soñando con gozar de la oportunidad de disputar la Scottish Premier League y la Copa de la UEFA, amén de compartir vestuario con futbolistas contrastados como Nacho Novo o Carlos Cuéllar y promesas británicas de la talla de Charlie Adam y Steven Naismith. Por desgracia, las cosas no marcharon según lo esperado, y tras pasarse todo el curso en el equipo de reservas, Lázaro cortó por lo sano y puso fin a su periplo extranjero para enrolarse en las filas del filial del Sporting de Gijón.

Lázaro, con Abelardo a su espalda.

Lázaro, con Abelardo a su espalda.

De Mareo se fue al Pontevedra, para luego jugar en el Puerta Bonita, el Noja, el Ontinyent, el Conquense, el Almería B y por último el Club Deportivo Leganés. Todo esto en un periodo de tiempo muy breve, que no le permitió asentarse nunca en un equipo sólido, con un entrenador que le aportase confianza y paciencia para ayudarle a desplegar todo el fútbol que lleva dentro, que no es poco. Hasta que llegó a Butarque.

Con Asier Garitano, la vida de Borja Lázaro ha dado un giro de 180 grados. Después de pasarse 5 o 6 temporadas dando tumbos por estadios de fútbol semi profesionales, el jugador capitalino está gozando no sólo de la oportunidad de tener minutos en la categoría de plata, sino de ser importante en un conjunto llamado a hacer cosas grandes en Segunda División.

La temporada pasada, Lázaro anotó 7 goles. Esta cifra, que no parece demasiado elevada, cobra importancia si tenemos en cuenta que sus participaciones se limitan casi exclusivamente a la primera vuelta. Tras el mercado invernal, la llegada de Chuli lo apartó de la titularidad por una simple cuestión de nivel, pero por aquel entonces el matritense ya había dejado patente su valía como delantero centro. Por eso, en el inicio de esta nueva campaña, el número 14 del Leganés está partiendo siempre como punta de lanza del cuadro pepinero. Y bien ganado que se lo tiene.

Un depredador de área

Sin duda alguna, Borja Lázaro es un 9 clásico, de los que cada vez quedan menos. Sus cifras en este primer mes de competición no hacen más que confirmar su capacidad realizadora, puesto que ya suma 3 tantos en las 4 jornadas que se han disputado hasta el momento. Por ahora se mantiene segundo en la clasificación de máximos goleadores, tan sólo por detrás de Yuri y empatando con delanteros del nivel de Linares o David Rodríguez.

La mejor cualidad del madrileño es el remate al primer toque. Por arriba, su 1’89 le permite elevarse y ganar las disputas aéreas con facilidad, gracias también a su buen control del timing de salto. Además, aquí frente a Osasuna, y aquí contra el Zaragoza, demuestra que no sólo toca los balones por arriba, sino que es de los que ven la portería grande y sabe ajustar muy bien los remates hacia las esquinas.

Finalmente, y aunque sus condiciones puedan llevar a entenderlo, Borja Lázaro no es lento ni torpe. Aunque es cierto que el virtuosismo con el balón en los pies no es su fuerte, sí que es capaz de templarse y definir con clase ante el portero, o incluso de inventarse un latigazo desde la frontal que complique mucho al guardameta. Por si fuese poco, ataca muy bien el espacio. Sabe leer cada desmarque a la perfección, y siempre está en boca de gol. Salvando las diferencias con Raúl, su estilo es semejante. De esos que te pican cuando no lo esperas, que están en el segundo palo ganando la espalda al lateral, que son los primeros en ir al rechace y que se sacan remates certeros cuando crees que el defensa tiene la situación totalmente controlada.

Por eso, y a pesar de que el Leganés tiene hombres en ¾ con calidad para desequilibrar partidos, desde mi punto de vista el hombre a seguir es Borja Lázaro. Porque Borja Lázaro es gol.

Comparte:

Deja un comentario