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Con el número 12, Ángel Calles

por Denís Iglesias 18 agosto, 2015

El CD Lugo es un club pequeño, modesto y humilde. Insignificante para unos, comparable al Brasil pentacampeón para otros, entre los que me incluyo. Pero como todos los equipos posee sus propios mitos. Uno de ellos era Ángel Calles, voz irreductible de la entidad rojiblanca durante más de veinte años.

La banda de sonora del Anxo Carro no podrá entenderse sin él. Los goles no volverán a celebrarse del mismo modo. Todo por esa puta enfermedad, innombrable, despreciable, xenófoba y homófoba. Carente de cualquier justicia y plena de todos los odios. Un mal endémico que no impedirá que el comandante del coro lucense sea recordado por los siglos de los siglos, milenios y demás unidades temporales.

Ahora es fácil ser del equipo de la ciudad, aunque las desastrosas cifras de las campañas de abonados demuestren la ceguera en la que se halla este núcleo bimilenario. El brillo de plata acompaña a los neófitos en el asunto de ser del Lugo. Bienvenidos sean todos ellos. Pero hubo un tiempo en que defender las siglas del equipo era un deporte de riesgo. Recuerdo una vil anécdota en el colegio en el año 2002, cuando me recriminaron por llevar un chándal: «¿Por qué llevas la sudadera del Lugo? No juegas en él, pringado».

Yo respondí mala hostia: “Cómeme los cojones y quítate la camiseta de Raúl, que tú tampoco vas a ser nunca el 7 del Madrid”. La osadía me valió una hostia repentina y un espionaje que duró tres trimestre. Esta pequeña lucha cotidiana es la que muchos hemos tenido que vivir mientras profesionales como Calles dignificaban aquello por lo que éramos ninguneados. No pedimos una asociación de afectados ni clamamos por el victimismo pero sí reconocemos el valor de lo hecho por la persona que despedimos hace unos días. 

                             Ángel Calles, una pluma dorada al servicio del Lugo | M.Cordido.

Xelos, como le nombra Luis Ruiz en un magnífico obituario, era un tipo dedicado en cuerpo y alma al Lugo y al deporte lucense en general. Se puso la camiseta de todos los equipos de ciudad sin distinción. Los jóvenes del lugar no tenemos ningún recuerdo que no esté asociado a su grave locución, que también registró errores humanos. “Damos la bienvenida al Club Deportivo Alcorcón”, dijo el bueno de Ángel hace un par de temporadas, para disgusto del Community Manager del equipo alfarero, que se hizo eco del incidente para ocultar la falta de juego de su equipo.

Anécdotas a un lado, de la boca de Calles salieron parte de los goles del ascenso a Segunda División, una categoría de ensueño en la que nunca pensó volver a ver a su equipo. También las matrículas de los Fitipaldis que se empeñaron en poner sus autos en sitios complicados. Su melodía sirvió para frenar a los aficionados en los asaltos de un campo meditabundo, de memoria inestable y que sólo salta cuando los calambres del descenso aprietan.

Estuvo presto para anunciar los viajes de la Peña Piño Quiroga, de la que era socio. Desplazamientos que para el imborrable krooner eran “excursiones”, porque cualquier andanza del Lugo por la geografía española era una excusa para conocer parajes antes inexplorados. Pero sobre todas las cosas, Ángel Calles era un animal informativo. Sus crónicas sobre la actualidad del deporte impregnaron las páginas del Progreso o el AS. También se dejó ver por la revista Semana, el Ideal Gallego o la revista Gigantes, sin olvidar su trabajo para cualquier agencia que pisó la ciudad. Autodidacta, multidisciplinar y una voz autorizada de todo lo que sucedía alrededor de las murallas.

La dolorosa marcha de Calles deja al Lugo huérfano. Era historia viva de un club que quiso agradecerle los servicios prestados con la entrega de la insignia de honor del club. El ex presidente José Bouso le entregó la condecoración junto a otro de los testigos de las idas y venidas de la entidad, Manuel Cordido. Ambos, amigos y compañeros. Un tándem que podría relatar paso a paso la carrera de este equipo, que Ángel no dejó de seguir aún en las sendas más tortuosas. Entre sus vivencias no faltan los tiempos del mítico Xuncas o el Barcel Euro. Además de escribano, fue funcionario de Correos y auxiliar de farmacia, vivo reflejo del periodista antiguo, que acababa prestando servicio a su vocación tras experimentar con otros saberes.

En 2010 recibió el premio a la trayectoria profesional por parte de la Federación Galega de Prensa Deportiva (FGPD). Ejerció este ramo de la profesión cuando todavía no se había convertido en un salseo de dimes y diretes. Siempre se preocupó de no manchar la pelota y de alimentar al fútbol de buenas historias. Y nunca le faltó buen humor, como bien recuerdan sus allegados en los obituarios lanzados, en los que se describe a Calles como un hombre jovial y cercano, dos cualidades en fase de extinción en la época que nos acoge.

El inicio de la temporada 2015 / 2016 está al caer. La subida del telón será extraña. No estará el eco de Calles colándose en la cantina donde el socio es sableado por un vaso de líquido amargo, sabor que se asentará en la memoria del aficionado lucense con el silencio de los primeros compases. Desde los adentros saldrá un tarareo seco: «Con el número 1… , con el número 2…, con el número 12… Ángel Calles». Tus sueños de ver al Lugo en el fútbol profesional se han cumplido. Ojalá el estruendo de los goles pueda llegar a tu nuevo emplazamiento. Que el camino te sea leve.

*Tanto la foto de portada como la del cuerpo han sido tomadas del blog FútboldeLugo de Manuel Cordido, donde aparece una precisa semblanza del recién finado. Mucho más completa y cercana. Este sólo ha sido un discreto homenaje que Lugoslavia veía obligado. 

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