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Montilivi, una botella, Sandaza, Dalmau y Setién

por Daniel Martínez Baniela 9 junio, 2015

No señor, no podíamos cerrar la temporada de una forma corriente y normal, que diría José Tojeiro, qepd. No podíamos jugar un partido random contra un rival que, como nosotros, no se jugase nada y ganar, empatar o perder como un domingo cualquiera. Ni siquiera Setién pudo despedirse con una victoria o una honrosa derrota. No. Había que cerrar la temporada más estrambótica que se recuerda por estos lares (compraventa de acciones, Gerard, (Fri)Saqués, fractura social, hasta una camiseta cervecera tuvimos…) con un partido y unos líos propios del deslole de esta campaña. Por tercera vez, como ya nos hemos acostumbrado desde que estamos en Segunda, el Lugo era juez de algo. Primero, de la (no) clasificación para play-off de la Ponferradina; después, de la (no pero si) permanencia del Mirandés y, este año, del (no) ascenso directo del Girona. Toda la semana diciendo que el Lugo era el qeuipo ideal con el que jugarte el ascenso en tu casa, verbigracia de la nefasta racha a domicilio, y resultó que no, que si en la última jornada te juegas algo con el Lugo de por medio, estás bien jodido. Y bien está, por otra parte.


Así que llegamos a Montilivi como cuando vas a comer a casa de tu cuñado, con cara de circunstancias. Curioso campo Montilivi, más cómodo que nuestro Anxo Carro, construido aprovechando un desnivel que hace que tras las últimas filas de una grada tengan que poner malla verde para que nadie vea el fútbol sin pasar por caja. Digo que llegamos con cara de circunstancias y jugamos una primera parte a juego, es decir, mala. Marcó Sandaza (¿alguien lo dudaba?) y el público comenzó a celebrar como si ya estuviesen comprando entradas para el Bernabéu. Y oye, no. La procesión no acaba hasta que no pasa el último cura y ese cura se llamaba Caballero, y pasó en el 91, a centro de Toni. Gol. Silencio. Gol bien anulado al Girona. Bronca. Y aparece la botella.

Hablamos de la botella como sujeto pasivo, porque al cabestro activo que la lanzó no lo conocemos. El caso es que, a estas alturas de partido, mientras en el Plus nos mostraban como un fotógrafo se metía en el campo a tirarle fotos como un loco al jugador que había marcado en off-side, en el otro lado el linier se llevaba un botellazo en el cuello que le obligaba a retirarse y que hacía que el árbitro suspendiese los cuarenta segundos que quedaba de partido, aunque en ese momento no lo sabíamos y pensábamos que lo había dado por concluido. Montilivi gritaba, dejando claro lo irracional del fútbol, el clásico “manos arriba, esto es un atraco”, como si anular un gol por fuera de juego de un metro y suspender un partido por un botellazo fuese un robo a mano armada. Sandaza, de nuevo y siempre Sandaza, se encaraba con Manu, que iba más caliente que el palo de un churrero mientras se retiraba del campo (y quién sabe si del Lugo), lo que nos da a pensar que Sandaza le dijo o hizo algo gordo, porque nuestro capi es más bien calmado. Yo contento porque mi padre, sportinguista acérrimo, vería a su Gijón en Primera, y ya.

¿Y ya? No, hombre, no. Ni mucho menos. Con el Plus poniendo el inicio de una película y yo poniéndome a hacer unas lentejas para el lunes, oigo por la radio de mi cocina que no, que se van a jugar los cuarenta segundos. Que a Setién lo ha pillado en medio de la rueda de prensa y que hay jugadores del Lugo que se tienen que volver a vestir. Virgen Santa, que estrés. Salen los jugadores a un Montilivi a medio vaciar y se juegan lso cuarenta segundos más chorras que, recuerde. José Juan sacando el off-side directamente fuera, el Girona colgando un balón, el Lugo despejándolo y ya. Becerra llamando hijos de puta a no se bien quien (tal vez a los de la botella, jajajaja) y a otra cosa.

¿A otra cosa? ¡Pero si falta lo mejor! Ahí va el intrépido periodista a pie de campo del Plus a pulsar la opinión de los jugadores locales. ¿A quién elegirá? ¿A Sanchón? ¿A Mata? ¿A Juncà? Que cojones, a Sandaza, que solo se vive una vez. Y ahí va micro en mano, en busca del acero toledano, que tiene más ganas de hablar que de tomarse unos whiskies con Aída Nízar. El chaval vomita todo su odio diciendo que se le queda cara de tonto (cierto), que se siente que le han quitado algo que era suyo (falso) y que se han reído en su cara (lo desconozco, pero yo lo haría). Que el Lugo no ha sido honesto y blablablá. Aún tendrá un bis al día siguiente por Twitter, llamando mal entrenador y mentiroso a Setién. Yo no me escondo, he defendido en su día a Sandaza, pero ante todo esto solo puedo decir que de bien nacidos es ser agradecidos, que el Lugo se lo trajo de Escocia cuando estaba apartado del Rangers de no se que infradivisión escocesa y que, si no es, como se ha visto, agradecido, el silogismo nos dice que no es bien nacido. Ok.

Otro que no entendió muy bien de que iba la vaina fue nuestro bravo y gerundense lateral derecho Albert Dalmau. Fuera de la convocatoria por decisión técnica (bien Setién ahí), el rapaz se dedicó por twitter a demostrar lo triste que estaba por que su equipo, y me refiero al que le paga, no al Girona, hubiese empatado. “Estoy destrozado y con los ojos llenos de lágrimas” le tuiteó a un follower en catalán. Lo gracioso es que lo hizo mientras que las redes sociales hervían de insultos desde Girona para el CD Lugo, entrenador y jugadores gerundenses acusaban al Lugo de peseteros y de ir primados y mientras sus compañeros, esos con los que ha compartido vestuario todo el año, permanecían encerrados en el vestuario por recomendación de la Policia. Albert, majo, está de pinga que aprendas gallego para integrarte y que veas Bola de Dragón, pero el compañerismo se demuestra a veces con palabras y a veces con silencio. Si tu ayer no tenías ninguna palabra para tus compañeros, mejor haberte callado. Eso si, despedirte con un “tuiter off”, como los modernos, me llego al alma, pero machiño, lo de borrar el tuit de las lágrimas después de haberlo puesto y ver la que montaste es, como poco, cobarde, sobre todo desde que existen las capturas de pantalla.

IMG-20150608-WA0000-2Y unas líneas, las últimas, para Setién. Olé tus cojones, cántabro. Por todos estos años y por mantener la profesionalidad del plantel hasta el último día. Olé por dar una rueda de prensa que debería aparecer como de obligado visionado en todas las escuelas de entrenadores, callando bocas gerundenses y dejando, hasta el final, el pabellón lucense en todo lo alto. A veces hemos coincidido y a veces no, pero macho, eres historia viva de esto. Hasta te perdono el codazo en la boca que me diste hace dos años en As Gándaras despejando un corner en la liga de veteranos. Eres historia rojiblanca, Setién, para siempre. A tus pies.

PD: Como antiguo socio del Sporting y asturiano, no puedo por menos que alegrarme del ascenso gijonés. Aunque hace mucho que no piso El Molinón y que, como casi todo con el tiempo, mi amor por el Sporting se ha ido difuminando, permitidme cerrar este último artículo de la temporada alegrándome un poco también por ellos, que la tierrina tira lo suyo. Gracias.

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