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Patente de corso

por Daniel Martínez Baniela 17 abril, 2015
Tiempo de lectura: 4 minutos

Un poco de cultura general para empezar. Las patentes de corso, del latín cursus (carrera), además de ser una magnifica columna de opinión del maestro Pérez-Reverte, eran unos documentos que los monarcas de las naciones europeas entregaban a armadores y marinos para que, con su navío, atacasen barcos, generalmente mercantes, y poblaciones ribereñas extranjeras. El producto de aquellos pillajes se repartían entre la propia Casa Real, el dueño del barco y los marineros que lo tripulaban, de modo que aquellos armadores se convertían, de facto, en buques de guerra de cada nación. Especial trascendencia tuvieron en Inglaterra, donde sirvió para que multitud de piratas se pasasen al lado legal de la historia sin perder ni un ápice de su negocio de pillaje. Especialmente famoso fue Francis Drake, que con su flota asoló, y no poco, a la flota mercante española, hasta el punto de llegar a ser nombrado vicealmirante de la Marina Real Británica, pero que no os vendan burras, Drake nació y murió pirata, con o sin títulos. De ahí viene precisamente que en tantas películas y novelas asimilen el concepto “pirata” con el de “corsario”, cuando no eran lo mismo. Menos Drake, que si lo era. Hala, si os cae la pregunta en el Trivial, acordaos de mí.

Vamos al lío. Como gente culta que se os supone, sabréis de sobra que de tal concepto surgió el dicho “tener patente de corso” que, en corto y por derecho, viene a significar tener permiso para hacer lo que te salga de las pelotas.  O creer que se puede hacer, mejor dicho. No pocas veces, en mi díscola adolescencia, mi madre me reconvenía ante mis actos más o menos censurables con un “¡claro, tú piensas que tienes patente de corso para todo…!”, y no iba nada desencaminada la buena mujer, ya sabéis, las hormonas, la adolescencia, la mucha energía y el poco cerebro… Pues eso. Y todo esto viene a cuento del tema de moda del lucensismo de un tiempo a esta parte: ¿la posibilidad de llegar a los play-off? No. ¿El buen rendimiento de los fichajes de invierno? No. ¿El peinado de Jonathan Valle? No. Obviamente, el p**o proceso de compraventa de acciones.

Se están sacando las cosas de quicio, estimados. Entiendo las posturas encontradas, las discrepancias, que se discuta el tema y que alguno se enzarce más de la cuenta, pues así son los sentimientos, y el amor por un club de fútbol no es el menor de ellos. Entiendo, decía, que se quiera (desde la óptica de cada cual) ayudar a su “bando”, porque seguramente se hace desde el convencimiento de que es lo mejor para el CD Lugo, pero se están traspasando líneas. Si, se os está yendo (a algunos) de las manos el tema. De uno y otro bando, que aquí ni nadie es mártir ni nadie tiene la verdad absoluta.

Proliferan las pintadas. A la vergonzosa “Tino fora”, en su propia casa, se le sumó esta semana una no menos poética “Oscar Trigo fora”. Ignoro que ha hecho Oscar Trigo, al cual no conozco personalmente, además de manifestarse en Facebook a favor de Saqués y ser objeto de uno de esos dimes y diretes de pueblo con que va a ser jefe de prensa (lo cual espero que no se produzca, me precio de ser amigo de Millán), pero dudo que, cualquier cosa que presuntamente haya dicho o hecho y que yo desconozca merezca semejante pintada amedrentadora en las inmediaciones de su domicilo. Os contaré, amigos, que antes de que a Hitler se le ocurriese lo de los campos de concentración, se señalaba a los judíos de Alemania con pintadas en sus casas y sus comercios (“¡Jüdish!”, ponían).  No estoy comparando, pero espero que la imagen tenga la suficiente fuerza negativa como para que al artista del spray y a quien le apoye se le encienda alguna luz en su mermada cabeza y deje de pintar, nunca mejor dicho, la mona.

En el último partido de casa, contra el Mallorca, se realiza una manifestación pro-directiva o anti-Saqués, cosa a la que no tengo nada que oponer, pero si a lo que ocurrió posteriormente dentro del Anxo Carro. Lo que algunos llaman, supongo que eufemísticamente, ejercer la libertad de expresión, se convirtió en un intercambio de insultos, gestos y gritos entre pros de un lado y de otro. Que si los de Tribuna no se que, que si los del Fondo no se cuanto, silbatos, peinetas… Tan entretenidos estaban en lo suyo que aprovecharon hasta un penalti de Manu para apedrearse, (verbalmente, gracias al cielo) unos a otros. Penosa imagen. Y ambos bandos pidiendo unión. Hasta hay convocada (no se si en broma o en serio) una manifestación pro-Saqués para el próximo partido casero. De locos.

Los unos, defendiendo a Mouriz, Bouso y Setién. Los otros, a Saqués. Y ambos, en eso si se ponen de acuerdo, gritando a los cuatro vientos que lo hacen por el Lugo. Que su opción es la mejor para el Lugo. Que sin su Elegido (como si en lugar de Mouriz o Saqués hablasen de Moises con las tablas) el Lugo se va al carajo, cuando a lo mejor es precisamente tanto ruido lo que más puede afectar al club.

Tengo un muy buen amigo que dice que las camisetas de los equipos de futbol hay que tenerlas siempre sin nombre ni dorsal, porque así evitas decepciones (que me lo digan a mi con Xabi Alonso). No obstante, todos tenemos nuestras debilidades (yo, este año, Iriome y Kroos, por ejemplo), y no solo dentro del terreno de juego. Entiendo a los que veneran a la directiva actual, al entrenador y al presidente. Se lo han ganado con muchos años de buen hacer, pero, más allá de ismos (saquesismo, mourizismo, setienismo o bousismo) está el club, ese al que tanto se os llena la boca algunos de decir que lo seguíais en Tercera (si toda la gente que lo dice lo hubiese hecho realmente el Lugo hubiese necesitado aquellos años yn campo como Balaídos para albergarlos). El club estará siempre ahí, con Bouso o con Saqués, con Setién o sin él. Es al club al que hay que amar y apoyar. Jugadores, directivos, entrenadores, todos van y vienen, pero el Lugo, con su escudo con rayitas rojas y blancas, es el que une a todos los siareiros a su alrededor. Tenedlo claro. Siempre. Nadie, ni para bien ni para mal, por encima del club. Eso también está entre los valores del #OdioEternoAlFútbolModerno.

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